La insoportable levedad del Este

El martes pasado, dos jóvenes protagonistas del culebrón de moda en Polonia, M jak milosc (A de amor), encontraron propaganda electoral en su buzón y se pusieron a comentar si deberían o no votar en los comicios europeos. Entre sus dichas y desdichas, la conclusión fue que sí deberían participar por el futuro de su hijo.

Visto por 6,5 millones de polacos o el 54% de los televidentes en prime time, éste fue el primero de los dos episodios donde se han colado las elecciones europeas como parte de una agresiva campaña para fomentar la participación en Polonia, donde, como en otros vecinos del Este, la Eurocámara se ha esmerado especialmente.

En 2004, los nuevos, recién entrados en la UE, dispararon la media de la abstención. El caso más extremo fue el de Eslovaquia, donde sólo el 16% de los electores acudieron a las urnas, entre otras cosas porque el Gobierno no informó de la cita comunitaria. Este año, los vecinos del antiguo bloque soviético siguen renqueando ante la perspectiva de escoger a sus eurodiputados: su intención de voto no llega ni al 40%, unos 10 puntos menos que la de sus socios del Oeste.

Si bien la mayoría de los recursos los mueven los Estados miembros, la Eurocámara ha reforzado su propaganda en países como Polonia, donde, además de los provocadores anuncios y carteles de la campaña común para los Veintisiete, también ha difundido cuñas de radio y más anuncios de televisión para movilizar a los ciudadanos mientras sus expertos nacionales se infiltran en la cultura popular. Aún así, según la última encuesta del Parlamento, sólo el 16% de los eslovacos, el 24% de los checos o el 30% de los rumanos asegura con certeza que votarán; antes de haber visto el culebrón, el 34% de los polacos decía que lo haría.

“No vamos en el vagón de cola, porque habrá otros países que registrarán tasas más bajas que nosotros, como Eslovaquia o República Checa, pero aquí la participación electoral suele ser baja, y más en el caso de las europeas. La gente tiene la sensación de que su voto no va a cambiar nada. Este sentimiento es común en toda Europa del Este”, afirma Piotr Stasinski, vicedirector de Gazeta Wyborcza, el diario polaco cuya historia de éxito corre paralela a la democratización del país.

Para el primer ministro liberal, Donald Tusk, que puede presumir de ser uno de los pocos jefes de gobierno cuyo partido, Plataforma Cívica, no será castigado en las urnas el 7 de junio, la explicación de esta falta de entusiasmo hay que buscarla en el pasado comunista. “Sólo dos de cada 10 polacos están convencidos de que irán a las urnas el día 7. Hay que recordar que en el régimen comunista el voto era obligatorio y era un acto humillante. Muchos ciudadanos en Polonia no van a votar en plena conciencia de su libertad. Se sienten ciudadanos libres de elegir entre votar o no votar. Si bien es cierto que en las presidenciales, cuando sienten que su participación puede ser decisiva, acuden con más entusiasmo”, señala Tusk.

Precisamente las próximas presidenciales serán cruciales para Tusk, que está sufriendo las consecuencias de la cohabitación con el presidente Lech Kaczynski, del Partido Ley y Justicia, quien un día reclama su derecho a ir a las cumbres europeas en representación de su país, y en detrimento del primer ministro, y al día siguiente interviene en el Parlamento para poner en duda las esperanzadoras tesis del Gobierno sobre la crisis económica.
Para contrarrestar esta apatía, además del culebrón de moda, la televisión emite anuncios en los que se anima al voto para demostrar dónde está el verdadero centro de Europa. Ty decydujesz! (Tú decides) es el lema de la campaña, algo que casi se ha convertido en un artículo de fe. En la Plaza del Castillo de Varsovia una desangelada caja informativa donde pueden grabarse vídeos apenas recibe visitantes. Los universitarios tampoco están por la labor, pese a que se declaran abiertamente europeístas. “Me hace gracia el ingenio de algunas propuestas para promover el voto. Todavía no he decidido por quién me decantaré, pero tiene que ser un partido que se preocupe por la ecología”, afirma Martyna, estudiante de filosofía, a quien le gustaría que su país adoptase el euro cuanto antes.

Pendientes de un alto cargo institucional
Pero más allá de las campañas lo que sí animaría a los polacos a ser más entusiastas en las urnas sería que uno de sus candidatos ocupara un puesto relevante en las instituciones europeas. “Representaría una señal para dejar de sentirnos ciudadanos de segunda. También supondría un mensaje de apoyo a otros países del Este”, comenta el periodista Lukasz Lipinski, de Gazeta. Después de las elecciones europeas se decidirán dos puestos importantes a los que aspiran candidatos polacos.

El ex primer ministro Jerzy Buzek pretende convertirse en el primer presidente del Parlamento Europeo procedente de un país del Este, en la primera parte del próximo mandato, si los resultados en la Cámara son similares a los actuales. Es decir, si el partido más votado vuelve a ser el Partido Popular Europeo. Sin embargo, el jefe del Gobierno italiano, Silvio Berlusconi, cuya formación es la de mayor peso en el PPE, prefiere que sea un italiano, Mario Mauro, el sucesor del alemán Pöttering.

Como sucesores del británico Terry Davis en el puesto de secretario general del Consejo de Europa, institución relevante pero fuera de la UE, figuran los ex primeros ministros Thorbjorn Jagland, de Noruega, y el polaco Wlodzimierz Cimoszewicz. Sería muy frustrante para los polacos quedarse de nuevo con la miel en los labios, como en abril pasado, cuando Radek Sikorski, jefe de su diplomacia, se quedó fuera de las quinielas para la secretaría general de la OTAN. “Hemos hecho bien los deberes en las misiones en el exterior, en las instituciones europeas. Nos lo merecemos”, afirman en el Ministerio de Exteriores.

M. Ramírez, A. Alonso
El Mundo, España
30.05.2009


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