La Unión Europea se abre a los países más pobres de la región y vive "los problemas de sumar socios"

Diez Estados, entre los que se cuentan ocho ex socialistas, integrarán la comunidad desde el 1° de mayo próximo. Hay una gran puja por el reparto de los subsidios. Si el presupuesto comunitario no crece, España perderá ayudas a manos de los nuevos integrantes del bloque

Londres. La familia europea se agrandará el 1° de mayo próximo. Sus problemas, al parecer, también. Más allá de la retórica de la solidaridad y del sueño de reabrir las puertas a países del centro y del Este del Viejo Continente, los problemas económicos que acarreará la ampliación se cuentan en euros. Así lo admitieron a La Nación calificados especialistas del Reino Unido, Francia, Alemania y España, cuatro de los países que vivirán las consecuencias en carne propia.

El principal conflicto por resolver para los quince actuales países miembros es el presupuesto para el período 2007 a 2013, que financiará la puesta al día de países que necesitan empezar de cero en más de un aspecto, como, por ejemplo, aprender a legislar pensando como continente y no ya como Estado nacional.

Ese tipo de aprendizajes han costado y seguirán costando entre el 4 y el 5% del presupuesto total de la Unión, sin contar los fondos de preadhesión que la Comisión Europea -órgano conciliador y legal de la UE- ya ha destinado a los diez futuros comunitarios: Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania, Hungría, Polonia, República Checa, Malta y Chipre.

Para alimentar la "convergencia" de los nuevos miembros, la Comisión pidió que se aumentara el próximo presupuesto, que actualmente fija aportes de hasta un 1,27% del PBI. Pero los grandes, como el Reino Unido, Alemania y Francia, no quieren destinar más del 1% de su riqueza bruta para dar la bienvenida a nadie. Algunos, como Alemania, tienen sus buenas razones. "Alemania ya no es un país poderoso; ahora es pobre", afirma rotundo, desde París, Stepan Collignon, del European Institute de la London School of Economics (LSE). Collignon, que es alemán, está convencido de que su país ya invierte un 4% de su PBI en balancear los desequilibrios internos, tras la incorporación de Alemania del Este.

Aportantes y subsidiados
El país también aporta entre un 22 y un 33% del total del presupuesto de la Comisión Europea, lo que lo convierte en el principal contribuyente neto de la Unión. Sólo el Reino Unido destina más dinero que Alemania al fondo común, pero las islas reciben subsidios agrícolas. "Lo que Alemania destinó para la Unión Europea ya es suficiente, hay que entender que económicamente ya no es el país que era", insiste Collignon, que se especializó en la macroeconomía de la comunidad ampliada. El alto valor del euro frente al dólar ha complicado aún más el panorama, ya que sus exportaciones han perdido competitividad.

La puja por el presupuesto ocupará al bloque actual (formado por Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, España, Grecia, Holanda, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Portugal, Gran Bretaña y Suecia) durante los próximos doce meses y debería estar resuelta para 2005. Pero el asunto es complicado: básicamente, los gastos aumentaron enormemente con la ampliación -nadie, ni siquiera la Unión Europea en su página web, se anima a dar cifras definitivas- pero el presupuesto para cubrirlos sigue congelado. A esto se agrega que la incorporación de los vecinos del Este aumentará el producto en un 4%. Pero el PBI per cápita disminuirá un 13%, porque los nuevos son pobres, explica Leopoldo Abad, secretario general del Instituto de Estudios Europeos de Madrid. Un dato lo deja en claro: España tiene alrededor del 90% del PBI promedio de la Unión, mientras que los nuevos miembros apenas arañan el 40.

La suerte cambiará drásticamente para los países que recibían ayuda en forma de subsidios agrícolas y fondos estructurales para adaptarlos a las exigencias de la moneda única, y que ahora deberán pasar a pagar. Se lo llama "efecto estadístico" y afectará a España, Irlanda, Portugal y Grecia, que pasarán a superar el promedio de ingreso per cápita de la Unión.

El caso de España es más que ilustrativo: varias de sus regiones más pobres, como Asturias y Murcia, recibieron durante años subsidios agrícolas vitales para su desarrollo, y ahora, de la noche a la mañana, se quedarán sin nada por un simple "efecto estadístico". Claro que, como dice Abad, no hay que generalizar: si bien Asturias y Murcia aún no están desarrolladas, otras regiones que recibieron ayuda comunitaria ya tienen vuelo propio y se defenderán ante la nueva realidad. Es el caso de Castilla y León, Galicia y Canarias, que ya se recuperaron.

Pero España no se quedará sin subsidios tan fácilmente: piensa negociar una prórroga hasta 2006, explica Amparo Lozano Maneiro, especialista en derecho comunitario y de la unión económica y monetaria de la Universidad de San Pablo-CEU. Pese al final de los subsidios para sí, el país no ha puesto trabas a la ampliación de la Unión Europea.

"Era justo abrir las puertas de la Unión a estos países, que tradicionalmente son europeos y habían quedado fuera, en muchas ocasiones por decisiones que no fueron propias. Es una demostración de solidaridad", explica Lozano Maneiro.

"España siempre ha sido un gran defensor de la ampliación, pese al costo que tendrá para ella. Este país ha puesto el interés comunitario por encima de sus intereses", reflexiona a su turno Abad, aun cuando dice que le llama la atención la catarata de críticas que ha recibido ese país por su bloqueo a las negociaciones por la Constitución europea. Ese es otro debate: la Carta Magna, que podría firmarse en junio en Irlanda, pero que tardaría por lo menos dos años en ser ratificada por todos los miembros, también divide posiciones.
España ha criticado fuertemente a Francia y Alemania, autores de los pactos de estabilidad -que limitan el déficit para garantizar la solidez del euro- y que hace poco rompieron las reglas.

Las críticas, lideradas por José María Aznar y su ministro de Economía, Rodrigo Rato, le estarían por costar a éste su candidatura a la dirección del FMI. Para el presidente del Banco de Inglaterra y ex presidente del Banco Central argentino, Mario Blejer, las reticencias de Francia y de Alemania a subir el presupuesto de la Unión son parte de la presión política que aplican para pasar por alto los pactos de estabilidad. "Sería como decir: si no me dejan aumentar el déficit para reactivar, no podré aumentar el presupuesto comunitario ", reflexiona.

Más allá de esas discusiones, España sabe que en el largo plazo saldrá ganando con la incorporación de sus vecinos, porque sus mercados serán ampliados. "Hay países del Este que crecen en un nivel mucho más rápido que la media de la Unión, que es de tan sólo del 1,3% anual", explica Abad. Lituania crece al 6,5% por año, y Eslovaquia cuya región oriental será desde mayo la más pobre de la UE lo hace al 4 por ciento.

Blejer, sin embargo, relativiza: "No son economías tan grandes, con la excepción de Polonia (el más vasto de los ocho países ex socialistas, con 38 millones de habitantes y un índice de desempleo del 22,4%) y Hungría, con 10 millones de habitantes y un ingreso per cápita quizá menor que el argentino", explica.

El verdadero problema radica, en opinión de Blejer, en el tema de la inmigración de los ciudadanos de los nuevos países comunitarios hacia las naciones más desarrolladas: "Va a haber muchísima inmigración desde el Este. Inglaterra casi no puso limitaciones, salvo algunas en el acceso a los servicios sociales".

El costado político
Para Blejer, no hay que olvidar que "todo el asunto de la Unión se rige más por un principio político que por uno económico", lo que explicaría que el bloque abra sus puertas aunque no ganará mucho en un plazo más o menos razonable. Los que saldrán favorecidos con la ampliación, aunque en el largo plazo, son los exportadores de América latina, y en especial del Mercosur, agrega Víctor Bulmer-Thomas desde su despacho en Chattam House, en Londres, el director del Royal Institute of International Affairs, Victor Bulmer-Thomas. "Los exportadores latinoamericanos que han sabido ser competitivos también lo serán con los nuevos mercados", agrega.
Dice Bulmer-Thomas: "Para la Comisión Europea, el presupuesto no es suficiente para enfrentar los problemas de investigación científica, de educación, etc., que son las metas propuestas para que la Unión sea igual y más competitiva que los EE.UU. en 2010".
Los argumentos de la Comisión no convencen a Collignon, para quien el tema de qué pasará si no se aumenta el presupuesto es "una pregunta abierta". Incrementar las partidas no garantiza que se las administre bien. "A veces, los fondos destinados a esos países pueden ir a lugares no deseados, como a financiar la corrupción", dice convencido de que no hay precaución que alcance para combatir ese tipo de problemas.
¿Qué opciones existen? Básicamente, coinciden los entrevistados, aceptar que la integración será mucho más lenta y gradual y que los poderosos ya no sacarán dinero de sus bolsillos para contribuir a la gesta. Hay quienes hablan de crear impuestos a la producción de cobre, o al tabaco, o a los combustibles, que financien lo que pocos quieren financiar. Otra idea, dice Lozano, sería renacionalizar políticas comunitarias, como las del estímulo a la producción agrícola.

Por Gabriela Litre
La Nación, Buenos Aires
11.04.2004


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