"El comunismo fracasó en forma irreversible", dice Bronislaw Geremek

Reflexiones del ex asesor de Lech Walesa

Bruselas – Rara vez los historiadores tienen la posibilidad de cambiar el curso de la Historia. El polaco Bronislaw Geremek es uno de los pocos que tuvo ese privilegio. Distinguido medievalista y profesor universitario, excepcional estratego del movimiento Solidaridad, Geremek fue uno de los actores esenciales en la caída del comunismo en Europa Central. Como canciller de su país, el ex asesor de Lech Walesa hizo realidad uno de los sueños de su pueblo en 1999, cuando firmó la adhesión a la OTAN. También fue protagonista, en 2004, del otro gran sueño de Polonia: ingresar en la Unión Europea.
- Hijo de maestros judíos y sobreviviente del Gueto de Varsovia, pero educado en una escuela católica, Geremek renunció al Partido Comunista en 1968, después de la invasión soviética a Checoslovaquia. El general Wojciech Jaruzelski lo detuvo en 1981, pero años más tarde tuvo que entrar en contacto con él para iniciar negociaciones secretas. En 1989, el proceso terminó con la caída del régimen comunista en Polonia.
Hoy, a los 73 años, como miembro del Parlamento Europeo, sigue poniendo su energía al servicio de la integración del ex bloque comunista a la Unión Europea. Pero eso no le impide ignorar los egoísmos de los países más ricos: “La política debe obedecer a cierta moral. Cuando nos dan lecciones por apoyar la guerra en Irak deberían recordar que, durante la Guerra Fría , éramos nosotros las víctimas de la tiranía, de la violencia y del imperialismo. Y que Occidente nunca movió un dedo”, señala.

¿Qué queda hoy del comunismo en Europa Central?
El fracaso del comunismo fue tan espectacular que ese capítulo se cerró para siempre. Se habló de restauración con el regreso de los ex comunistas al poder en Polonia, Hungría, Lituania, Eslovaquia y Rumania. Restauración de equipos y de clanes, sí, pero en ningún caso restauración política o económica. El Estado democrático ha echado raíces. Naturalmente, estoy hablando de Estado de Derecho, instituciones democráticas, funcionamiento de la Justicia , pero no de cultura política. En toda esa parte de Europa, la cultura democrática fue destruida por 45 años de comunismo. Así, vemos la reaparición en la vida pública de nuestros países de una tendencia a administrar el poder de la misma forma que antes. Antes era el sistema de la nomenklatura. Ahora, en lugar del PC hay formaciones con otro nombre que explotan la nostalgia social del papel del Estado. Pero tengo razones para ser optimista: la joven generación se lanzó a la economía de mercado en forma extraordinariamente rápida. Es una inmensa victoria, no diría del capitalismo, sino de la economía de mercado. Esta victoria torna irreversible el fracaso del comunismo. Aun con gobiernos neocomunistas, ya es imposible cambiar el derrotero.

En la época de los totalitarismos, la cultura y la religión servían de refugio, pero sobre todo de escudo.
En el caso de Polonia, la cultura conservó cierta autonomía. Aunque limitada por la censura, había cierta libertad de expresión. La situación de Polonia fue muy particular. Fuimos el único país en Europa comunista en el que se preservó la propiedad privada campesina. Esto tuvo consecuencias ideológicas, ya que con la propiedad privada había cierto espacio de libertad.

¿Y la religión?
Polonia es un país profundamente católico. Durante el régimen comunista, la Iglesia Católica era el límite ante el cual se detenía el poder.

Usted y el ex presidente Lech Walesa fueron los artesanos de esa salida de Polonia del totalitarismo. ¿Qué pasó después con Walesa? ¿Por qué decepcionó tanto a los polacos, al punto de llegar a obtener apenas el uno por ciento de los votos en las últimas elecciones presidenciales?
Creo que Walesa fue el artesano de la victoria polaca. Esa transición no se hubiera realizado jamás sin su participación y su liderazgo en la lucha contra el régimen y por la sobrevivencia de Solidaridad de 1981 a 1989. Walesa tenía el papel clave. Nadie podrá nunca disminuirlo. Los problemas comenzaron cuando se transformó en presidente. Entonces, los polacos, felices con su líder popular y gran tribuno, dejaron de reconocerlo y perdió su popularidad.

Al salir de los totalitarismos, Europa Central se dirigió sin titubeos hacia Europa occidental, hacia los Estados Unidos y la OTAN. ¿Por qué?
La adhesión a la OTAN le dio a Polonia un sentimiento de seguridad. La adhesión a la OTAN es la entrada a una familia que le garantizará la seguridad y la independencia.

¿Por eso Polonia estuvo en favor de Washington en la guerra contra Irak?
Exactamente. También hay una especie de afinidad entre Polonia y los Estados Unidos debido a la enorme inmigración polaca en ese país. Hay unos diez millones de norteamericanos de origen polaco.

¿Apoyó el ingreso en la Unión Europea?
Todos nuestros intereses nos unen a Europa. En el primer año de presencia en la UE se produjo un aumento del 25% en nuestros intercambios comerciales. Y cada año de cooperación suplementario hace progresar la economía polaca. Pero nosotros quisiéramos que la UE no fuera sólo un mercado común, sino una unidad política. Nosotros no aprendimos la existencia de dos regímenes totalitarios en los manuales de historia, sino por experiencia. Las dos guerras mundiales, sobre todo la segunda, son para nosotros algo extremadamente fresco. Nosotros estamos mucho más interesados que los españoles, los portugueses o los franceses en que Rusia se transforme en un país democrático. Nuestra mirada es más realista, va más lejos, y esto hace que, a veces, seamos considerados en la UE como los aguafiestas.

¿Y por eso a veces les llaman la atención?
Sí, tratan. Pero es inútil. Nunca abandonaremos. Entre los países poscomunistas y los países occidentales hay una diferencia enorme: nuestro nivel representa la mitad de la prosperidad material media de los viejos países de la UE. Pero no es nuestra culpa. Después de la Segunda Guerra Mundial nos negaron el Plan Marshall, que hizo desarrollar el occidente europeo. Stalin no permitió que los países de Europa Central participaran. Agreguemos los regímenes impuestos a los checos, los húngaros, los polacos. Ellos nunca eligieron esos regímenes comunistas: fue Occidente, en la Conferencia de Yalta, el que los impuso. En consecuencia, Occidente también es responsable por la precaria situación de la Europa poscomunista. En realidad, fuimos nosotros los que terminamos con la Guerra Fría , los que abatimos el Muro de Berlín. Nosotros, y no Europa occidental. Es curioso que esa Europa ahora nos dé lecciones de moral política y considere que somos responsables de nuestro atraso económico.

¿Y cuál es la solución?
Es necesario que recuperemos en Europa un sentimiento de unidad en la solidaridad. Por el momento, no es así. Que Letonia sea un país que alcanza apenas el 35% de la prosperidad económica de la Unión Europea es considerado como su problema. Pues no: es toda Europa la que tiene el problema. De lo contrario, tendremos en medio de Europa una línea divisoria entre miseria y riqueza, que es peligrosa para todos. Los pueblos de Europa Central tenemos el sentimiento de que a veces en la UE , de parte de los países ricos, hay cierto egoísmo. Y, sin embargo, la entrada de nuestros países en la UE es un éxito maravilloso. Gracias a nuestro aporte, en países viejos, como Francia o Alemania, se crearon decenas de miles de nuevos puestos de trabajo. Porque somos un mercado en desarrollo.

Pero eso asusta a los ricos. La prueba ha sido el no francés y holandés a la Constitución europea...
Sí. Las elites a veces lo comprenden, pero asusta, sobre todo, a las grandes masas.

¿Qué hacer, entonces?
¡Me provoca tanta pena que Francia, país de todos mis sueños, pueda tener semejantes miedos sobre el futuro! Creo que hay un malestar francés, que los franceses no se reconocen más a sí mismos.

Esos mismos miedos surgieron cuando España y Portugal se incorporaron a la Unión Europea.. .
Ese ejemplo es muy bueno. Cuando fui por primera vez a Francia, hace 50 años, había obreros portugueses y españoles en pequeños trabajos, mal pagos. Cuando entraron en la UE , la mayoría se volvió a sus países.

¿Qué posibilidades hay de un ingreso de Rusia a la UE ?
Hasta el momento, Rusia no ha expresado su voluntad de adherir a la UE. Rusia es un país euroasiático. Para ella, el teatro europeo es relativamente marginal. Está orientada tanto hacia el Pacífico como hacia el Oeste. En realidad, en el plano de la política interior, Rusia jamás conoció un verdadero desarrollo de su sociedad civil. Es una de las características permanentes de su historia. Pero, dentro de la UE o fuera de ella, también Rusia, inevitablemente, terminará siendo democrática.

Por Luisa Corradini
La Nación , Buenos Aires
06.07.2005


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