Aplausos y abucheos en el aniversario del sindicato Solidaridad

A 25 años de la victoria de los trabajadores polacos sobre el régimen comunista, los obreros siguen postergados

Varsovia / Gdansk. -Las campanas de las iglesias repicaron cuando el presidente polaco, Aleksander Kwasniewski, su predecesor Lech Walesa y decenas de invitados de honor se concentraron en la Plaza de la Solidaridad de Gdansk. Pero antes de que comenzara de la misa por el 25º aniversario de la fundación del sindicato Solidarnosc (Solidaridad), unos silbidos rompieron la armonía. "¡Ladrones, ladrones!", gritaron trabajadores del astillero.

Ante los invitados vestidos de fiesta, los trabajadores dieron rienda suelta a su ira, porque 25 años después de la histórica victoria de los trabajadores del astillero de Gdansk sobre el sistema comunista, ellos no tienen motivos de celebración.

Si bien Polonia está actualmente orgullosa de su libertad y democracia, así como de pertenecer a la Unión Europea y la O TAN , precisamente aquellos que lucharon hace 25 años están hoy en su mayoría desempleados. El simbólico astillero se declaró en bancarrota en los años 90, y hoy en día sólo trabajan allí unos pocos cientos de trabajadores, en vez de los miles que solían hacerlo.

La Plaza de la Solidaridad fue saneada semanas antes de la celebración del aniversario, para que ningún agujero en el suelo hiciera tropezar a presidentes, jefes de gobierno, obispos o líderes sindicales durante las celebraciones. Sin embargo, un vistazo hacia las dejadas casas y personas con caras cansadas deja claro que las esperanzas de un futuro mejor no se han cumplido para todos.

"Si hubiéramos sabido cuántas personas no iban a participar en la victoria no habríamos tenido la fuerza para luchar", admitió el ex jefe de gobierno Jerzy Buzek. En los discursos, sin embargo, se habló del éxito, de la histórica victoria de los trabajadores sobre un sistema hasta entonces inflexible que se vio obligado a aceptar reformas y un sindicato libre.

"Solidaridad inició una nueva época, sin bloques y divisiones", dijo Lech Walesa, quien en 1980 dirigió la histórica huelga en el Astillero Lenin. Vaclav Havel, el ex disidente y antiguo presidente checo, recordó en medio de fuertes aplausos las esperanzas que despertó la lucha de los trabajadores polacos. "La policía nos decía: no tengan esperanzas, esto no es Polonia. Pero nosotros ya sabíamos que ese era el principio del fin", aseguró. (DPA)

Eva Krafczyk
La Capital
1.09.2005


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