Jornada: A 30 años de la mediación en el diferendo austral entre Argentina y Chile

Jornada: A 30 años de la mediación en el diferendo austral entre Argentina y Chile

“A treinta años de aquellos hechos, la mediación del Beagle sigue siendo un ejemplo que se puede poner para llamar la atención de la comunidad internacional, que demuestra, junto a la paciencia y a la responsabilidad de las partes implicadas, cómo en todas las controversias el diálogo no perjudica los derechos, sino que amplía el campo de las posibilidades razonables para resolver las divergencias”, destacó el papa Benedicto XVI en un mensaje leído por el nuncio apostólico, monseñor Adriano Bernardini, a los participantes de las jornadas sobre los frutos de la paz de aquella intervención de Juan Pablo II, organizadas por la Universidad Católica Argentina (UCA).

El Pontífice consideró necesario “seguir recurriendo a la diplomacia y a sus métodos de negociación, para garantizar la paz, la seguridad y el bienestar”, y teniendo presente las lecciones de la historia, antigua y reciente, llamó a las nuevas generaciones “a mirar el futuro con ojos de esperanza y a comprometerse en la realización de la civilización del amor, de la cual Juan Pablo II fue profeta, aunque no siempre fuera escuchado”.

Tras desear que la iniciativa académica de la UCA “contribuya a reforzar los vínculos de paz y amistad entre los pueblos hermanos de la región”, el Santo Padre invocó sobre todos los participantes “abundantes gracias divinas” e impartió la bendición apostólica a “las queridas poblaciones argentina y chilena, como signo de su paterna solicitud”.

Benedicto XVI sostuvo que las celebraciones programadas “quieren recordar la mediación pontificia que contribuyó a resolver una controversia, que corría el riesgo de convertirse en un conflicto, y reflexionar sobre los frutos de paz que de ella han derivado hasta nuestros días”, e insistió en que “el recuerdo de los acontecimientos de hace treinta años está indisolublemente unido a la amada figura del Papa Juan Pablo II y a la destacada obra de su Delegado especial, el Cardenal Antonio Samoré, ambos muy comprometidos en la búsqueda de la paz y de la concordia entre los pueblos argentino y chileno, unidos desde siglos por sólidos vínculos de fe y solidaridad”.

“Es obligado mencionar también al cardenal Agostino Casaroli y a sus colaboradores que, tras la muerte del llorado cardenal Samoré, finalizaron los trabajos de mediación, hasta conseguir la firma de un Tratado de Paz y Amistad, que tuvo lugar en el Vaticano el 29 de noviembre de 1984. Fue un ejemplo admirable de construcción de la paz a través de la vía maestra y siempre actual del diálogo, que tiene como finalidad no la supremacía de la fuerza y del interés, sino la afirmación de una justicia ecuánime y solidaria, fundamento seguro y estable de la convivencia entre los pueblos”, subrayó.

Carta del ex presidente Raúl Alfonsín
El ex presidente Raúl AlfonsínEl ex presidente Raúl Alfonsín renovó su reconocimiento a Juan Pablo II, quien al comienzo de su pontificado "no vaciló" en ofrecer su misión de paz para impedir "lo que hubiera sido un absurdo y dramático conflicto entre países hermanos". El ex jefe de Estado destacó el desafío "mayúsculo" de la Santa Sede, que entonces "debía moderar la naturaleza violenta e intransigente de las dictaduras militares que gobernaban brutalmente ambos países y, al mismo tiempo, preservar la figura de Juan Pablo II, que había tomado el enorme riesgo de aceptar la tarea de mediación". "Debemos mirar con orgullo y esperanza lo mucho que han progresado las relaciones entre la Argentina y Chile a lo largo de más de dos décadas, alcanzando niveles insospechados de confianza mutua y cooperación. La inmensa cordillera se ha transformado en un nudo de unión, desde donde podemos mirar ilusionados al horizonte, que nos anuncia un futuro mejor", concluyó el ex mandatario.

Autoridades
A lo largo de la jornada, académicos y diplomáticos destacaron la figura del cardenal Samoré, sobre todo el actual Nuncio Apostólico en Gran Bretaña, arzobispo Faustino Sainz Muñoz, quien integró aquel recordado equipo de mediación.

Al acto asistieron el nuncio apostólico, monseñor Adriano Bernardini; el secretario de Culto, embajador Guillermo Oliveri; el designado embajador argentino ante la Santa Sede, Juan Pablo Cafiero; el ex embajador en esa sede, Vicente Espeche Gil; el ex canciller Adalberto Rodríguez Giavarini. También los obispos Jorge Casaretto, de San Isidro; Fernando Bargalló, de Merlo-Moreno, Eduardo Taussig, de San Rafael; Carlos Malfa, de Chascomús, y Justo Laguna, emérito de Morón; el rector de la Universidad Católica de Chile, doctor Pedro Pablo Rosso; y el rector de la UCA, monseñor Alfredo Zecca, entre otras autoridades.

La gran causa de la paz
Monseñor Zecca consideró que “debemos celebrar la paz, ‘la gran causa de la paz’ como repetía siempre el Papa. Aunque para muchos hoy resulte una posibilidad impensable, en diciembre de 1978 la Argentina y Chile se preparaban para batirse en una guerra cuyas consecuencias hubieran sido terribles para el presente y el futuro de ambos pueblos”.

“La paz constituye uno de los fines principales de la existencia temporal y sobrenatural de la Iglesia Católica. La paz no puede surgir de la guerra porque ella no es sólo ausencia de conflicto sino voluntad consciente y efectiva de buscar el bien de todos los pueblos. Precisamente, la enseñanza que nos deja la intervención de Su Santidad en aquellas horas aciagas es que la paz es producto del diálogo y la negociación. La paz auténtica requiere de la mutua comprensión a fin de que las aspiraciones de las partes se vean reflejadas con justicia. Porque la paz, en efecto, debe ser también obra de la justicia”, aseveró.

17.10.2008


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