La Iglesia polaca no fue la única infectada de colaboracionistas

Católicos de otros países del Este, protestantes ortodoxos e incluso musulmanes se pusieron al servicio del KGB

El reciente escándalo surgido en Polonia con la dimisión del arzobispo de Varsovia, Stanislaw Wielgus, y las drásticas medidas de "lustración" o depuración que preparan los gobernantes hermanos Kaczynski han reabierto la polémica sobre la conveniencia de actuar contra quienes colaboraron con el régimen comunista. Benedicto XVI nombró ayer a Kazimierz Nycz, de 57 años, nuevo titular de la sede polaca en un intento de zanjar el conflicto provocado por la renuncia de su predecesor.

El fenómeno se dio, no solamente en Polonia, sino en todos los demás países del llamado bloque socialista. Pero en cada uno se ha afrontado el problema de forma diferente. Desde la caza de brujas que los Kaczynski se proponen desencadenar hasta la política que se practica en Rusia de total connivencia y permisividad con quienes ayudaron a los órganos represivos del comunismo. Historiadores, periodistas y otros estudiosos de la materia sitúan entre el 10% y el 15% el porcentaje de prelados polacos que cooperaron con la temible Sluzba Bezpieczenstwa (SB), Servicio de Seguridad. Entonces, en Polonia había unos 25.000 sacerdotes.

Las cifras de colaboracionistas en las iglesias de países como Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria y Rumania fueron algo inferiores.

Y es que, debido a la combatividad anticomunista de los católicos polacos fue precisamente en ese país en donde Moscú ordenó hacer un mayor esfuerzo para atraer confidentes. El mecanismo de reclutamiento consistía en ofrecer todo tipo de prebendas: viajes al extranjero, viviendas de mayor tamaño, acceso a economatos mejor abastecidos y, sobre todo, promoción dentro del propio escalafón eclesiástico. "La policías políticas sabían manipular muy bien las ambiciones personales", asegura el historiador polaco Marek Lasota.

La información que se esperaba de los colaboradores concernía al funcionamiento interno de la Iglesia, incluido el Vaticano, actividades, nombres de sacerdotes más comprometidos, su nivel de aceptación entre los feligreses y hasta el contenido de las homilías. Debían dar cuenta además de las disciplinas que se impartían en los seminarios y de las personas que se interesaban más de lo normal por la política.

Según el historiador Krisztian Ungvari, el cardenal Laszlo Paskai, primado de Hungría entre 1987 y 2003 y uno de los participantes en el Cónclave que eligió al Papa Benedicto XVI en 2005, colaboró con el régimen comunista. Su concurso fue decisivo para lograr que el Vaticano aceptara, en 1964, que cualquier nombramiento en el seno de la Iglesia fuera consensuado con los servicios secretos. Esa práctica se hizo extensiva a todos los demás países del Este.

Junto a Paskai, los nombres de varios obispos húngaros han salido a la luz en los últimos años como presuntos 'topos' de la policía secreta, pero todos ellos niegan que las informaciones facilitadas hayan podido ser empleadas en contra de alguien. En la actual República Checa, el número de colaboradores eclesiásticos con la STB se estima en cerca de 200. Dos obispos fueron identificados como confidentes y uno de ellos fue destituido hace dos años. En la vecina Eslovaquia, el Instituto de la Memoria Nacional, dependiente del Gobierno, elaboró una lista que incluye sacerdotes católicos, ortodoxos y protestantes, pero ninguno de ellos reconoció su culpabilidad. Las pruebas presentadas no fueron demasiado consistentes.

En donde el comunismo halló más aliados fue entre los ortodoxos. Teoctist, Maxim, Iliá y Alexis II, patriarcas respectivos de las iglesias ortodoxas de Rumania, Bulgaria, Georgia y Rusia cooperaron estrechamente con los servicios secretos. Iliá y Alexis II tenían incluso códigos de agente, 'Iverieli' el primero y 'Drozdov' el segundo. La 'fidelidad' de los ortodoxos era tal que sus clérigos en Estonia, país mayoritariamente luterano, fueron empleados por el KGB como 'quinta columna'. El Gobierno estonio teme hoy día que la Iglesia ortodoxa rusa siga siendo un nido de espías al servicio de Moscú. Hasta los ulemas de las mezquitas de Asia Central se vieron obligados a obedecer las directivas de la cúpula comunista, si querían mantener sus templos abiertos al culto.

Pero parece que va a ser en Polonia, bajo la dirección de los hermanos Lech y Jaroslaw Kaczynski (presidente y primer ministro, respectivamente), en donde se realice la persecución más dura contra quienes no se resistieron a los cantos de sirena del ateísmo oficial. Las polémicas leyes de 'lustración', adoptadas durante los 90 en los países que salieron del comunismo, causaron no pocas arbitrariedades y excesos. Parecían olvidadas, pero regresan de nuevo, ya en el siglo XXI, con virulencia renovada.

Ideal Digital, Almería
04.03.2007


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