El valor de una foto

Finalizada la Segunda Guerra Mundial se inició un nuevo conflicto denominado Guerra Fría, en el cual los Estados Unidos y sus aliados se enfrentaron con la Unión Soviética y sus partidarios. Fue un conflicto a nivel planetario en el cual se jugaba la supremacía de las dos grandes potencias y resultaron vencedores los estadounidenses.

Tanto el Estado Vaticano como, en líneas generales, la Iglesia Católica se alinearon en el bando de los Estados Unidos y enfrentaron al comunismo sobre todo en el campo ideológico y a veces en el político, aunque respetando siempre los marcos de legalidad y rechazando el uso de la violencia.

Es así que el Vaticano apoyó firmemente a la Democracia Cristiana , partido político que por décadas tuvo el poder en Italia. En los países comunistas donde había poblaciones católicas se apoyó una postura crítica frente a las autoridades aún dentro de los limitados márgenes de libertad que este tipo de estados ofrecía a sus habitantes.

El caso paradigmático fue Polonia, donde la mayoría de la población era fervientemente católica. Allí la Iglesia siempre fue crítica a las autoridades comunistas que a diario cometían cien y un errores. Muy pronto, los servicios secretos polacos ficharon a un joven sacerdote llamado Karol Wojtyla, que ya en 1946 había participado en una manifestación patriótica en defensa de los derechos ciudadanos. En 1963 estaba clasificado en la categoría de "opositor ideológico muy peligroso", su delito más grave era luchar por las libertades públicas, como la de prensa y el derecho de reunión, además de denunciar las persecuciones que los comunistas llevaban a cabo sobre todo contra los líderes católicos laicos.

En 1979 Karol Wojtyla fue elegido Sumo Pontífice y se convirtió en Juan Pablo II, el primer Papa polaco. El terremoto en Polonia fue inmediato y la influencia de la Iglesia creció a pasos agigantados. Muy poco después de su elección Juan Pablo II visitó su país natal y el recibimiento de la población fue multitudinario y caluroso. Los servicios secretos polacos entraron en pánico y movilizaron 60.000 milicianos en uniforme y 20.000 en civil para espiar al Santo Padre y a los millones de personas que tan amistosamente lo recibían. Decenas de falsos periodistas y falsos guardias grababan todas las conversaciones que se producían en los automóviles y en las viviendas. Semejante dispositivo no hizo más que confirmar lo que todos los polacos sabían: el miedo que las autoridades le tenían a Juan Pablo II.

Los opositores comenzaron a adquirir más confianza y los obreros de los gigantescos astilleros polacos terminaron por organizarse en un sindicato llamado Solidarnosc, solidaridad en castellano, y encontraron un líder natural en el obrero católico Lech Walesa. Por cientos de miles los proletarios adhirieron a Solidarnosc que comenzó a amenazar seriamente a las autoridades comunistas que vieron tambalear su poder.

En este marco, el 13 de mayo de 1981 un joven de 23 años de nacionalidad turca llamado Ali Agca disparó contra el Papa mientras saludaba a peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro. Wojtyla resultó gravemente herido y salvó su vida gracias a su enorme fortaleza física y a los auxilios que se le brindaron en forma inmediata además de su fuerte sentimiento mariano y la advocación a la virgen, como él siempre sostuvo.

Ali Agca fue inmediatamente detenido y resultó ser un joven descarriado de ideas políticas confusas que nunca pudo justificar por qué había realizado el atentado. Siempre se sospechó que Agca no había actuado solo. Alguien detrás de él lo había incitado a cometer el crimen. Los servicios secretos de Bulgaria, un país comunista aliado de la Unión Soviética resultaron ser los principales sospechosos.

En el juicio al joven turco nada se pudo probar y solamente él fue condenado a un largo periodo de prisión que comenzó a cumplir en Italia y luego en Turquía. El mes pasado un tribunal turco ordenó su libertad por buena conducta y otros detalles, por lo que Agca gozó de unos días al aire libre hasta que un tribunal de segunda instancia revocó el primer fallo y ordenó su vuelta a prisión donde deberá permanecer por lo menos hasta el 2012. Juan Pablo II mucho antes de morir ya lo había perdonado.

La noticia que estalló el viernes es que una comisión investigadora del Parlamente italiano integrada por el Senador Paolo Guzzanti encontró una prueba reveladora, cual es la foto tomada por un turista en el momento mismo del atentado y que muestra a un señor que se llama Serguei Antonov presenciando el intento de asesinato.

Precisamente Antonov es de nacionalidad búlgara y trabajaba en las oficinas de una compañía de aviación de su país en Roma. Todos sabían que este personaje era miembro de los servicios secretos búlgaros y que el trabajo como aeronáutico que hacía en Italia sólo servía como disfraz para ocultar el verdadero, que era de espía.

Prueba más concluyente, imposible que sea lograda. El jefe de Agca controlando el operativo y dada la dependencia de todo tipo que en 1981 Bulgaria tenía de la Unión Soviética , es lícito pensar que desde allí vino la orden. Además quién otro podía tener más interés en asesinar al Papa que, con su enorme carisma y prestigio, amenazaba seriamente toda la estructura comunista.

Inmediatamente después que los diarios publicaron la foto de Antonov presenciando el atentado, las autoridades búlgaras y las rusas, herederas de los soviéticos, declararon que la prueba era absurda. El que aparece en la foto es alguien que se parece "mucho" a Antonov pero no es él, dicen ellos, y han dado por cerrado el asunto.

Ahora bien, la actitud de los parlamentarios italianos tampoco es inocente, la prueba de la foto apareció justo cuando Italia está en medio de un proceso electoral en el cual, según las encuestas, Silvio Berlusconi, que representa una coalición de partidos de derecha, sería ampliamente derrotado por una coalición de partidos de izquierda que entre otros integran los ex comunistas italianos. Con lo que la fotografía donde aparece Antonov beneficiaría a los partidarios de Berlusconi.

Claro que esto es no contar con la madurez de los pueblos. Algo que los comunistas de la ex Unión Soviética y sus aliados nunca comprendieron, por lo que terminaron desalojados del poder en forma vergonzosa, y que Silvio Berlusconi y sus amigos tampoco han comprendido.

Edgardo Mendoza
Diario de Cuyo, San Juan
05.03.2006


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