La lealtad de don Estanislao

Lealtad, discreción absoluta, dedicación plena y sentido del humor. Durante casi 40 años, el padre Estanislao Dziwisz cumplió esas premisas al pie de la letra, al servicio de la misión pastoral del cardenal Karol Wojtyla, su arzobispo de Cracovia y luego pastor universal de la Iglesia.

Nacido en 1939 en Raba Wyzna, en el sur de Polonia, don Estanislao, como todos llamaron posteriormente a quien fue el principal hombre de confianza de Juan Pablo II, fue ordenado sacerdote en 1963 por el propio Wojtyla, en la catedral de Cracovia, y tres años después se convirtió en su secretario. La historia le asignó el papel de ser el fiel seguidor y custodio de una de las personalidades contemporáneas más brillantes. Tal vez por eso se tomó el atrevimiento de preservar para los tiempos los manuscritos y documentos personales que su superior, en el testamento, le había indicado incinerar tras su muerte, el 2 de abril último.

"Todo será estrictamente examinado y ordenado. Nada se presta para ser quemado. Es una gran herencia, una gran riqueza, grandes textos de carácter diverso. Hay que conservar todo para la posteridad", declaró don Estanislao, al explicar su decisión. El eficiente secretario polaco reveló que durante todo el tiempo en que sirvió al papa llevó un diario que llegó a tener 27 tomos. Hoy guarda la esperanza de que esos documentos, al igual que los textos personales que dejó el papa polaco, sean de utilidad para los historiadores de la Iglesia. A nadie escapa, además, que esos valiosos testimonios se revalorizarán y podrán sumar aportes a la causa de beatificación de Juan Pablo II, cuya apertura ya anunció su sucesor, Benedicto XVI.

Monseñor Dziwisz anticipó que una vez clasificadas y ordenadas, las notas manuscritas de Juan Pablo II serán dadas a conocer públicamente. El nombre del papa polaco se sumaría, así, a la de otros intelectuales que no pudieron ver cumplidos la voluntad testamentaria de incinerar sus escritos.

Don Estanislao tenía 39 años cuando dejó Cracovia, en octubre de 1978, para acompañar a su jefe y amigo a Roma, que había sido elegido papa. Ahora tiene 66 y volverá a esa tierra polaca como arzobispo -la función que ejerció Wojtyla entre 1958 y 1978- para ocupar una sede episcopal que tiene tradición cardenalicia. No sería extraño que su nombre fuera tenido en cuenta por Benedicto XVI a la hora de pensar en sus primeras designaciones de purpurados.

Cuando recibió la notificación de su nuevo destino como arzobispo de Cracovia, monseñor Dziwisz fue a rezar a la tumba de Juan Pablo II, en las Grutas Vaticanas. Tras su nuevo destino, le espera para sus momentos de oración la tumba de San Estanislao, patrono de Polonia y cuyas reliquias se conservan en la catedral de Cracovia, la misma a la que el cardenal Wojtyla le dedicó sus últimas oraciones antes de emprender viaje a Roma para iniciar uno de los pontificados más ricos en la historia de la Iglesia.

Por Mariano de Vedia
La Nación , Buenos Aires 06.06.2005


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