Navidad en Polonia

Por Anna Koziel

El último día del año viejo y el primero del nuevo se festejaban con gran solemnidad y alegría. El ritual de estos días, o sea las prácticas mágicas y la predicción del futuro, era muy parecido al ritual de Nochebuena. A este tiempo el pueblo le atribuía, como a cualquier momento de transición, un poder sobrenatural que favorecía a la realización de los objetivos que se querían alcanzar con artes mágicas. Era el momento de hacer travesuras y bromas. En la madrugada del Año Nuevo los muchachos embadurnaban con alquitrán los cristales de las ventanas haciendo del día la noche, cerraban las puertas de las casas con clavos obligando a sus moradores a salir por las ventanas o subían las herramientas de labranza y hasta los carros enteros a los tejados. El sentido de estos juegos y bromas era destruir el viejo orden a través de la creación del caos y de la situación “al revés”, condición sine qua non de la renovación del mundo para el año nuevo.

La Nochevieja se la pasaba en reuniones entre familiares y amigos. En esta ocasión se servía una cena cuyo menú era muy parecido al de Nochebuena pero menos solemne y con platos de carne. Al igual que la Nochebuena y la fiesta de San Esteban, el fin del año viejo y el principio del nuevo era el momento de felicitarse y desearse suerte y prosperidad.

La Epifanía cerraba el ciclo de las fiestas de Navidad. Como fiesta situada en el límite entre el tiempo sagrado y el profano, le correspondía un ritual que simbolizaba “la clausura”, la retención del estado logrado gracias al ritual, así como las prácticas vegetativas que aprovechaban las propiedades singulares del momento de transición.

En los siglos pasados, estaba muy extendida en Polonia la costumbre de hacer rondas para pedir el “aguinaldo” de Navidad. Grupos de muchachos disfrazados, llamados kolednicy (de koleda, que significa villancico), yendo de puerta en puerta, recorrían la aldea cantando villancicos y deseando a todos suerte y prosperidad, por lo cual recibían una propina en dinero o en especie. Con frecuencia, con ocasión de estas visitas ofrecían un corto espectáculo de carácter cómico o grotesco. Esta costumbre se ha conservado hasta hoy en algunas regiones de Polonia, sobre todo del sur y del este del país. En la cultura popular tradicional estas rondas tenían el carácter de práctica mágica que, mediante el comportamiento ritual de los kolednicy y el simbolismo de sus disfraces y accesorios que llevaban consigo, iba a garantizar el cumplimiento de los buenos deseos. En tiempos actuales se ha dejado de atribuir un significado ritual a esta costumbre que se ha convertido en una especie de teatro folclórico.

Niños cantando villacincosLa forma más antigua de cultivar esta costumbre es la ronda de máscaras de animales: cabra, turón (animal parecido al bisonte), yegua, caballo, cigüeña o gallo que simbolizan el sol, la nueva vida, la fertilidad y las fuerzas vitales. Para tener mayor poder mágico, las máscaras iban acompañadas de personajes que mediaban entre el hombre y el mundo sobrenatural. En la cultura popular el papel de intermediarios se atribuía a seres y personajes que funcionaban en las zonas limítrofes, por ejemplo, el Diablo y la Muerte (límite entre el mundo real y trascendente), al novio y a la novia (límite entre los solteros y los casados), al Viejo y a la Vieja (límite entre la vida y la muerte) y a toda una pléyade de “extraños” por su origen étnico, su cultura y su profesión como el judío, el gitano, el vendedor ambulante o el policía (límite entre la sociedad local y el mundo exterior).

Ronda de máscarasEl tema principal de estos espectáculos fue el acto de morir y de resucitar, representado por las máscaras que personificaban las fuerzas vitales y la fertilidad, o sea por el caballo, la cabra, el macho cabrío y el turoñ. Las cabezas de las máscaras, talladas en madera, cubiertas de piel o pintadas y provistas de cuernos, estaban clavadas en palos largos que los muchachos llevaban cubiertos por pieles de corderos o lonas. Para los disfraces se utilizaban, sobre todo, paja, piel y cuernos de ganado, símbolos de la abundancia y el renacimiento de la vida. Predominaban entre ellos los símbolos fálicos como palos, látigos, bastones, martillos, escobas y objetos punzantes, así como símbolos del renacimiento de la vida como las muñecas y monigotes de paja que representan a niños pequeños.

Muchas formas, cronológicamente posteriores, de las representaciones navideñas tuvieron su origen en los misterios religiosos medievales relacionados con el episodio evangélico del Nacimiento de Cristo. El más popular, que se puede ver hasta hoy en algunas regiones de Polonia, es el espectáculo titulado “Herodes”, así como las rondas con el pesebre y la Estrella de Belén. Estas formas son un interesante ejemplo de un espectáculo uniforme, compuesto de fragmentos de dramas litúrgicos antiguos, moralidades provenientes del teatro eclesiástico y el ritual popular de visitar las casas cantando villancicos.

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