Navidad en Polonia

Por Anna Koziel

Mesa de NavidadEl lugar principal del ritual de Nochebuena era la mesa en la cual se servía una cena solemne. Sobre la mesa se colocaba una serie de objetos simbólicos de la fertilidad, de la abundancia y del bienestar, como el heno, la paja, las semillas de cereales, el pan y las monedas para que prestaran su poder y sus valores a los vegetales añadidos a los platos de Nochebuena, así como a los comensales. Se comían los platos preparados con los productos del campo, de la huerta, del bosque y del agua, con excepción de la carne, porque el día de Nochebuena era obligatorio guardar la abstinencia.

Decoración de navidadEl menú de Nochebuena constaba de platos hechos a base de pescado, granos de cereales (pan, pirogies, tallarines, fideos, sémola, una sopa llamada zur hecha de harina de centeno mezclada con agua y fermentada, pasteles), hortalizas (col, guisantes, habas y remolacha), productos lácteos (leche, manteca y queso blanco), semillas de amapola (en pastas, pasteles y kutia, dulce muy popular en las zonas rurales de Polonia oriental, preparado con granos de trigo cocido, miel, leche, miel y nueces), miel (ingrediente de pasteles y kutia, en algunas regiones se untaban con miel los trozos de obleas), nueces y manzanas que se comían al final de la cena. Se bebía la compota, hecha de frutas cultivadas disecadas y alcohol. La abundancia de platos en la mesa de Nochebuena era una manifestación de abundancia paradisíaca que se debía transmitir a la cosecha del año venidero.

El ritual de la Nochebuena (toda la familia reunida en torno a la mesa, un cubierto más y una hoja de oblea que los comensales parten entre sí en señal de reconciliación) se ha conservado vivo hasta hoy en toda Polonia. También se ha conservado la costumbre de colocar sobre la mesa un puñado de heno interpretado actualmente como conmemoración del nacimiento de Cristo en un pesebre. En las aldeas de Polonia meridional los árboles de Navidad se adornan hasta hoy con “mundos” de oblea para conmemorar el nacimiento de Cristo, Señor del Mundo.

Decoración de navidadPara aumentar la eficacia de las prácticas rituales navideñas se traía a casa una gavilla de trigo y paja, símbolos de la vida, de la abundancia, de la fertilidad y del bienestar. Se colocaba la gavilla en el rincón sagrado de la habitación, mientras que de la paja se hacían cuerdas que el amo ataba alrededor de los árboles frutales en el huerto para que dieran mucha fruta. También se metían ramitas de paja entre las vigas del techo y detrás de los cuadros sagrados, creyendo que cuantas más ramas de paja hubiese en la casa, más abundante sería la próxima cosecha. Para garantizarse la buena cosecha también se colocaban en el techo y en las paredes de las casas “cruces” y “estrellas” hechas de paja o paja y papel pintado. Un atributo importante de ritual navideño es el árbol de abeto que, en la cultura popular, es el símbolo de la vida que se renueva constantemente, del sol, de la juventud, de la fertilidad, de la salud y del bienestar. La costumbre de llevar un abeto a la casa llegó a Polonia desde Europa Occidental en las postrimerías del siglo XVII. Esta moda se propagó primero en las ciudades y no se extendió a las zonas rurales sino a fines del siglo XIX y principios del XX. Antes se colgaba en el techo de la casa o encima de la puerta de las construcciones de las granjas una cima de abeto o pino (llamada en polaco “podlazniczka que viene del verbo podlazic que quiere decir traer suerte).

Según algunas fuentes históricas, los árboles de Navidad tanto colgantes como de pie, se adornaban con manzanas, nueces, panes en miniatura, pastelitos de jengibre y muchas velas de cera de color. Las crónicas de fines del siglo XIX nos hablan de los adornos hechos con el cascarón del huevo, cintas de color y oblea (mundos y calados).

Las velas del árbol de Navidad se encendían en memoria de los parientes difuntos.

La presencia de obleas y masitas de jengibre iba a garantizar la abundancia de pan y buenas cosechas, así como la fecundidad del ganado, o sea el bienestar y la riqueza. El huevo, símbolo de la vida que siempre renace y de la fecundidad, iba a reforzar las fuerzas vitales del hombre y de la naturaleza.

Las manzanas y las nueces simbolizaban el crecimiento y la abundancia, siendo a la vez, eficaces atributos de la magia amorosa, que tenían el poder de despertar simpatía y afecto en las personas del sexo opuesto.

En la segunda mitad del siglo XIX, debido a un rápido desarrollo de la industria juguetera y de adornos navideños en Alemania, Europa quedó inundada de adornos de producción industrial, baratos pero de mala calidad. En Polonia los círculos más cultos de la sociedad comenzaron a protestar contra la importación de grandes cantidades de adornos alemanes. Entonces la Sociedad de Fomento de la Industria Folclórica comenzó a producir adornos navideños que tuvieron una gran demanda en todo el país.

En la actualidad los árboles de Navidad, tanto en la ciudad como en el campo se adornan sobre todo con bolas de vidrio de color fabricadas en serie. Sin embargo, en muchas casas se pueden ver también árboles adornados con objetos hechos a mano con papeles de colores, trozos de paja, cáscaras de huevo y obleas.

Araña de NavidadEn cierta época, el árbol de Navidad coexistía en la casa campesina con la cima del abeto colgada del techo. Con el paso del tiempo. La cima del abeto vivo fue sustituida por una estructura de paja, adornada con ramitas de abeto y pino, que dio origen a la “araña de Navidad” que se hacía con trozos de paja y papeles de colores. Otros accesorios rituales de las fiestas navideñas eran las coronas y ramitos de flores de papel con los que se adornaban los cuadros sagrados, los calados de papel (wycinanki), cuyas formas simbolizaban las fuerzas vitales, y cadenas de paja y papel que colgaban del techo en forma de guirnaldas. Los colores vivos de estos objetos evocaban el florecimiento primaveral de la naturaleza, y su presencia en la casa durante la Navidad fortalecería a las fuerzas vitales del mundo en el nuevo año.

Las noches desde la Nochebuena hasta la Epifanía se llamaban “noches santas”. En todo este período, considerado festivo, la población tenía la obligación de abstenerse de realizar trabajos pesados. Los momentos culminantes del ritual navideño, además de la Nochebuena eran la fiesta de San Esteban (26 e diciembre), el último día del año viejo y el primero del año nuevo, y la fiesta de Epifanía.

El día de San Esteban todos se felicitaban y se deseaban mutuamente suerte y prosperidad para el año nuevo. Además, ese día se bendecía la avena y se la desparramaba sobre los campos y casas. También se hacían prácticas mágicas con el objetivo de que los solteros de la aldea encontraran pronto su pareja y se casaran.

Año Nuevo


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