La trágica historia de la hermosa reina Wanda

El rey Krakus gobernó Polonia con mucha felicidad durante años y años hasta que envejeció y finalmente murió. Su pueblo lo lloró amargamente, pues iba a ser muy difícil volver a tener un rey tan valiente, sabio y justo como él. La leyenda dice que este rey era tan amado que, cuando murió, sus súbditos llevaron para su entierro toneladas de tierra de todo el reino. Y así, acercando más y más tierra, imprevistamente construyeron una montaña en su honor. Aún hoy se puede ver esta colina en las afueras de Cracovia.

El trono fue ocupado por su hijo mayor, también llamado Krakus. Pero su hermano en un ataque de celos e ira lo asesinó para poder ocupar su lugar. Pronto fue descubierto y debió abandonar el trono y huir hacia el interior de los bosques polacos, donde pasó el resto de su miserable vida. La nobleza se reunió en Wawel para poder determinar quién los gobernaría. El pueblo les recordó que el rey también les había dado una hija valiente y buena, amada por su gente. La corte, dejando de lado las viejas costumbres, le pidió a la joven princesa Wanda que los gobernase.

En un primer momento, la joven princesa trató de rechazar la corona pero el pueblo finalmente la convenció con muestras de afecto y de apoyo. La reina Wanda entonces gobernó sobre toda Polonia con respeto y justicia.

Como se dijo, ella era sabia y hermosa. La verdad es que era mucho más que eso. Ella era todo eso y mucho más, su pueblo estaba orgulloso de su reina, durante su gobierno la paz y la prosperidad prevalecieron sobre todo el territorio.

Como es de imaginar muchos príncipes quisieron casarse con ella, pero la bella reina no aceptaba a ninguno. No había aparecido pretendiente alguno que le asegurara que gobernaría a su gente con el mismo amor y entrega que ella.

Polonia era lo más amado por Wanda y su único deseo era hacer feliz a todo su pueblo. Defendió su tierra de todos los agresores que quisieron invadirla. Ella misma marchaba al frente de su ejército en el campo de batalla.

Wanda gobernó por años pacíficamente en el Castillo de Cracovia, pero en el oeste, sobre los límites de Polonia vivían los pueblos germanos que lentamente habían comenzado a agredir a las aldeas polacas con una alarmante frecuencia. Los polacos que allí vivían fueron ultrajados y gritaron pidiendo auxilio a la reina. Wanda escuchó sus lamentos y llamó a las armas a los valientes caballeros de todo el reino. Por amor a su tierra y a su reina, el pueblo también tomó las armas para ayudar en esta campaña.

Por entonces, las tierras del Castillo de Cracovia y sus alrededores estaban muy bien fortificados para poder defenderse de cualquier ataque. Por eso, con solo cien bravos caballeros dejó las seguras defensas de Wawel y se dirigió hacia el oeste para expulsar a los germanos. “Nuestros ancestros dieron batalla al enemigo en los bosques y salieron victoriosos”, les dijo a sus soldados.“¡Nosotros ganaremos esta guerra!”

Por la noche, acamparon en el bosque, cerca de las líneas enemigas. De pronto la reina escuchó a los caballos relinchar en la noche. Rápidamente despertó a sus hombres y los alistó para la batalla. El factor sorpresa jugó de su lado y sus fuerzas salieron victoriosas.

La fama de Wanda llegó a oídos de todos los reyes y el príncipe germano, Rytigier, escuchó sobre su belleza y su valor, pero lo que más lo atrajo fue saber de la riqueza de las tierras polacas. Envió a sus hombres con una carta para la reina. Los mensajeros fueron recibidos por Wanda con cortesía y originalidad, como siempre se acostumbró en Polonia. Ellos quedaron sorprendidos por el lujo y confort de la corte de Cracovia. La reina los recibió y ellos aparentaron respeto y cordialidad cuando en realidad solo observaban todo a su alrededor pensando que pronto todo sería de su propiedad.

Wanda leyó la carta y empalideció. Rytigier no le daba opciones. O se casaba con él y le cedía sus tierras, o bien él invadiría Polonia y la destruiría. La reina jamás entregaría a su amado reino a los germanos...

Rytigier tenía un ejército muy poderoso y Wanda se había quedado con un ejército muy desgastado después de las últimas guerras en que habían participado. Aceptar la propuesta del príncipe era impensable. Ella no podía dejar a su país bajo el gobierno de los germanos, quienes seguramente los destruirían cruelmente. Con una voz firme les dio su respuesta. Se negó a rendirse a sí misma y a su pueblo a los vecinos. Wanda había tomado su decisión. Se sacrificaría por Polonia. Se retiró a sus aposentos y rezó por la libertad de su gente. Luego salió y caminó hasta un acantilado, desde el que se arrojó al Vístula. A la mañana siguiente los pescadores arrojaron sus redes como de costumbre y luego encontraron su cuerpo en ellas. Fue enterrada con todos los honores.

Una vez más los polacos perdían a un amadísimo gobernante y formaron otra montaña sobre su tumba.

Y hasta hoy en Cracovia se canta una canción que dice: “Valiente Wanda, quien rechazó casarse por la fuerza con un príncipe germano y traicionar a Polonia, yace aquí, enterrada en nuestro suelo.”


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