“El nazismo puso a una categoría de víctimas en contra de la otra”

Vecinos no fue el único libro de Jan T. Gross (Varsovia, 1947) en provocar una polémica en su país natal. En 2006, su investigación Miedo. Antisemitismo en Polonia después de Auschwitz había contribuido al debate. Focalizado en los pogromos contra judíos una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, Gross estima que, de los más de 200 mil que regresaron a Polonia, unos 3000 fueron asesinados. En 2008, las autoridades judiciales polacas leyeron Miedo a la luz del artículo 132 de su Código Penal, que castigaba hasta con tres años de prisión a quienes “públicamente calumniaran a la nación polaca como partícipe, organizadora o responsable de los crímenes nazis o comunistas”. Un artículo que incluso fue llamado en broma “Ley Gross”, ya que se creó después de la polémica por Vecinos. Los fiscales se rehusaron a iniciar una investigación y más tarde el artículo fue vetado como anticonstitucional. Gross acaba de publicar otro libro irritante para el statu quo polaco: Cosecha Dorada, sobre el enriquecimiento a expensas de los judíos asesinados durante el Holocausto.

Jan Gross, autor del libro Vecinos que desnudó la verdad de los hechos

¿Por qué cree que en Polonia no hay un sentido de responsabilidad colectiva por estos crímenes, sin perjuicio de que sea innegable que los polacos también fueron víctimas del nazismo?
En Polonia, la narrativa principal sobre las experiencias de la Guerra es la victimización, y es correcta, porque la ocupación nazi fue extraordinariamente brutal, especialmente en los países eslavos. Los trataron como a esclavos, para la escala racial nazi eran Untermensch, subhumanos. Y los judíos estaban en el escalón más bajo. El nazismo logró poner a una categoría de víctimas en contra de la otra, apoyado en un antisemitismo tradicional en Polonia, y por eso su incentivo a cometer actos como los de Jedwabne funcionó. Esto evidentemente no cuadra con la narrativa heroica de los polacos, que es también cierta: la resistencia fue más elaborada y compleja que cualquier otra en la Europa bajo la ocupación. ¿Cómo compatibilizar esta narración de la resistencia con el hecho de que, cuando los nazis de alguna manera “invitaron” a la población a sumarse a la expoliación de los judíos, la población se sumó, incluso hasta ocasionalmente asesinándolos? Es muy difícil de admitir. Por otro lado, hay que reconocer que Polonia es el único país de Europa del Este en aceptar esta discusión. La población de otros países del Este se comportó con sus judíos de manera parecida o incluso peor, y allí no hay una intervención historiográfica para discutir esta cuestión.

¿Qué reflexión le inspira el 70° aniversario de la masacre de Jedwabne?
Polonia es muy diferente ahora que hace diez años, creo que hay mayor conciencia entre los historiadores, pero también en otros segmentos de la sociedad, de que las relaciones entre polacos y judíos durante la Segunda Guerra no fueron lo que deberían haber sido. No hay mucho más que hacer, excepto reflexionar y guardar algún tipo de luto por la muerte de tantos compatriotas que nunca tuvieron un duelo apropiado. Y espero que, a medida que historias como ésta salgan a la luz y sean mejor entendidas, sean reconocidas como parte central de la historia polaca: no como algo que les pasó “a los judíos”, sino a toda la población.

La Nación, Buenos Aires
17.07.2011


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