20º aniversario del levantamiento en Gdansk
Líderes europeos agradecen a Polonia su aportación para vencer al comunismo

Líderes de toda Europa, entre ellos la canciller alemana, Angela Merkel, celebraron hoy en Cracovia el vigésimo aniversario de las primeras elecciones parcialmente libres que se celebraron el Polonia desde la II Guerra Mundial, unos comicios que significaron el principio del fin del Telón de Acero.

Hace dos décadas, el cuatro de junio de 1989, el ya legendario sindicato Solidaridad puso al comunismo contra las cuerdas, obligándole a abrir la puerta a la democracia por primera vez en más de cuarenta años.

Esos comicios resquebrajaron el dominio comunista en Europa del Este, un dominio que finalizaría meses después con la caída del Muro de Berlín y la elección del líder de Solidaridad, Lech Walesa, como primer presidente de la Polonia postcomunista.

“Polonia nos ayudó a poner fin a la división de Alemania”, dijo Merkel, quien subrayó que este aniversario no sólo debe de ser una fiesta para el pueblo polaco, sino “para toda Europa”.

El resto de líderes presentes en Cracovia, entre ellos los jefes de estado o gobierno de Ucrania, la República Checa, Rumanía, Ucrania y Hungría y Lituania, se sumaron a este reconocimiento a Polonia, donde el comunismo europeo acabó encontrando su talón de Aquiles.

El primer ministro polaco, Donald Tusk, tuvo palabras de recuerdo para el Papa Juan Pablo II, una figura fundamental en la llegada de la democracia a Polonia y aliento para los millones de personas que lucharon para lograr la libertad en este país centroeuropeo.

“Hoy apelo a aquella solidaridad para superar la crisis”, subrayó Tusk, que habló de la importancia del sacrificio para afrontar las dificultades que aquejan al continente.“El otro día unos obreros me dijeron que están dispuestos a rebajar su sueldo para salvar su fundición. Eso es solidaridad”, defendió Tusk.

El acto de Cracovia también sirvió de homenaje a dos viejos iconos de la lucha contra el comunismo, el ex presidente de Checoslovaquia Vaclav Havel y el mítico líder del sindicato Solidaridad Lech Walesa. “¿Podría alguien haber deseado algo mejor que acabar el segundo milenio en paz?”, se preguntó Walesa, personaje del día y hoy héroe indiscutible en la Polonia democrática, a pesar de que su imagen casi divina se ha ensombrecido en los últimos meses tras ser acusado de haber espiado para los comunistas.

“No me arrepiento de nada”, dijo a Efe, rechazando con rotundidad esas acusaciones, mientras la sociedad polaca se niega creer que el premio Nobel de la Paz en 1983 fuese capaz de colaborar con el “enemigo”.

Lech Walesa hace un balance “positivo” del cambio que Polonia ha experimentado en estos veinte años, aunque no todos sus compatriotas comparten esta opinión y algunos afirman sentirse decepcionados.

Las reformas económicas cambiaron aquella Polonia donde la constitución comunista garantizaba un puesto de trabajo para todos e imponía la paz social, algo que algunos polacos añoran abiertamente, como demostraron varios grupos de manifestantes que hoy protestaron en Cracovia para pedir un cambio de rumbo en Polonia.

Más allá de la figura mítica de Walesa y de los nostálgicos de los viejos tiempos, todo el país recuerda hoy que hace veinte años tuvieron lugar las primeras elecciones parcialmente libres, en las que el régimen comunista permitió al pueblo votar para elegir a un tercio de los parlamentarios y a la totalidad de los senadores.

Los resultados de los comicios dieron una rotunda victoria a Solidaridad, que se hizo con el 99 por ciento del Senado y con la tercera parte de la cámara baja, el máximo permitido. Cuarenta y cinco días más tarde, el Parlamento elegía por la mínima a Wojciech Jaruzelski presidente de la República de Polonia, quien seria el último dirigente del régimen comunista.

Desde ese momento, Solidaridad abortó todos los intentos del POUP para formar gobierno hasta que, el 24 de agosto, Jaruzelski designó a Tadeusz Mazowiecki, colaborador de Walesa, como primer ministro.

El POUP, cada vez más débil frente a la oposición e incapaz de frenar el clamor popular por la democracia, cayó de rodillas hasta recibir la puntilla final, en diciembre de 1990, cuando los polacos eligieron a Walesa presidente del país.

Y mientras los líderes europeos se reunían en Cracovia, el jefe del estado polaco, el conservador Lech Kaczynski, elegía Gdansk, donde nació Solidaridad, para celebrar por separado el aniversario, protagonizando un nuevo capítulo de la compleja cohabitación que se vive en la política polaca.

ADN, España
04.06.2009



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