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La gran victoria de Solidaridad: 20 de los comicios “semi-libres” en Polonia

Este 4 de junio se cumplen 20 años de las elecciones “semi-libres” polacas. Los comicios, arrancados a la cúpula comunista en una mesa redonda, anunciaban la imposibilidad de ponerle freno al cambio político en el país.

La oposición en torno al sindicato Solidaridad había logrado forzar al Partido Comunista a la negociación: nacía la famosa “mesa redonda” polaca, que fijó el 4 de junio de 1989 como fecha para la celebración de elecciones libres en un 35 por ciento. Ésa era la cantidad de diputados no oficialistas que los polacos podrían elegir. El 65 por ciento del Parlamento quedaba reservado para los miembros del Partido.

Evidentemente, los comunistas esperaban lograr algún asiento más de los que les correspondían por derecho autoritario, pero los comicios no transcurrieron de acuerdo a los planes trazados en el politburó. Solidaridad obtuvo, en el margen de votos posibles, una victoria que ni siquiera la propaganda podía maquillar. Pronto, el conservador Tadeusz Mazowiecki se convertiría en primer ministro y el camino hacia el cambio de régimen político en Polonia quedó definitivamente allanado.

La peor pesadilla del Partido
“Queremos vivir con dignidad en un Estado de derecho soberano, democrático. Queremos una Polonia abierta a Europa y al mundo, que haga su aportación al bienestar material y cultural. Polonia tiene que empezar a escribir un nuevo capítulo de su historia”, dijo Mazowiecki el 12 de septiembre de 1989. Las palabras las leía de una declaración gubernamental que ese día presentaba al Parlamento: un acto que pocos meses antes hubiera sido impensable.

En la primavera de 1989 la cúpula comunista y Solidaridad libraban una dura batalla dialéctica en torno a una mesa de negociaciones. El proceso fue difícil, más de una vez estuvo al borde del fracaso. Pero la presión de la calle ejercía de quinta columna a la oposición. Los acontecimientos se desarrollaban más rápido de lo que los expertos en control ideológico estaban en condiciones de dominar. Los ciudadanos percibían que la libertad estaba cerca, y el Partido tuvo que claudicar y consentir la celebración de unos comicios.

“Mi tarea consistía en asegurarle al Partido el 65 por ciento de los escaños. Nuestra esperanza era que Solidaridad no consiguiera todos los asientos restantes. Pero la realidad superó nuestras peores pesadillas: ya en la primera vuelta, Solidaridad habían logrado colocar a todos sus candidatos en el Parlamento”, recuerda Czeslaw Kiszczak, por aquel entonces ministro del Interior polaco.

Solidaridad se hizo con el completo de los 161 escaños libres y en la segunda Cámara, el Senado, disponía incluso de una mayoría de asientos de 99 a uno.

Pacífica retirada comunista
Pero más que de júbilo, aquella primavera de 1989 fue una etapa de tensión. La sospecha de que quienes habían gobernado Polonia con mano firme desde el final de la II Guerra Mundial no renunciarían tan fácilmente se extendía como un manto por encima de los acontecimientos. “El Gobierno disponía del ejército y de la policía, en total, unos 500.000 hombres armados. Y también esos hombres podían perderlo todo”, asegura Zbigniew Bujak, uno de los activistas de Solidaridad.

Sin embargo, lo peor pudo evitarse. Wojciech Jaruzelski, secretario general del Partido y a la vez jefe de las fuerzas armadas polacas, reconoció la derrota de los comunistas y ordenó iniciar la retirada. De Moscú tampoco había nada que temer, desde que un tal Mijail Gorbachov había escalado hasta la jefatura del Estado.

“Las elecciones tenían como objetivo demostrar de qué lado estaba la población”, dice el ex líder de la oposición polaca, Wladyslaw Frasyniuk, “Jaruzelski no quiso ir en contra de la voluntad del pueblo y permitió que el país iniciara pacíficamente el paso hacia la democracia y la sociedad civil”.

Autor: Thomas Rautenberg
Editora: Claudia Herrera Pahl
Deutsche Welle, Berlín
03.06.2009



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