Polonia y su modelo de revolución

El Servicio Federal de Seguridad (FSB, antiguo KGB) anunció hoy la entrega a Polonia de copias de todos los documentos relativos a las ejecuciones de varios miles de oficiales polacos por el Ejército Rojo en 1940.

Imagen de la matanza de Katyn“Todas las copias de los documentos en nuestro poder las hemos entregado a Polonia. Estos son sólo una parte de los documentos ya que el resto fueron destruidos en los años 50”, aseguró el general Vasili Jristofórov, jefe del Archivo del FSB, a la agencia Interfax. El funcionario subrayó que la matanza “fue sancionada por los líderes del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y los dirigentes políticos con la connivencia del NKVD”, precursor del KGB. “Varios miles de soldados y oficiales polacos fueron asesinados. Ya nos hemos disculpado ante los polacos al más alto nivel. El caso Katyn es muy sensible para ambos pueblos. Los documentos, que ya han sido publicados, deben ser revisados”, apuntó. Jristofórov considera que “hallar la verdad hoy en día es difícil. Los que ordenaron la ejecución de los oficiales polacos murieron hace mucho tiempo. Los archivos sobre los ejecutados han sido destruidos, decisión que se tomó al más alto nivel”. “El jefe del KGB envió un informe al Politburó del comité central del PCUS en el que propuso que esos documentos fueran destruidos”, indicó.

En 1940, el Ejército Rojo trasladó a unos 22.000 militares polacos a los campos de concentración de Kozielsko, Starobielsk y Ostaszkov, conocidos genéricamente como Katyn, cerca de la ciudad rusa de Smolensk, donde fueron ejecutados de un tiro en la nuca. La matanza de Katyn fue negada durante medio siglo por la URSS, que acusó de ella a las tropas nazis, que en su avance hacia el Este descubrieron en 1943 las fosas comunes con los restos de los militares polacos asesinados tres años antes.

Sólo en 1989 el último dirigente soviético, Mijaíl Gorbachov, reconoció la responsabilidad de la URSS por aquella matanza, y en 1992 el primer presidente ruso, Borís Yeltsin, entregó al entonces jefe de Estado polaco, Lech Walesa, documentos que probaban la matanza de 22.000 militares y civiles polacos. En marzo de 2005, la Fiscalía Militar de Rusia negó que la matanza de Katyn fuera un acto de “genocidio del pueblo polaco” como sostiene el Instituto de Memoria Nacional de Polonia.

En los últimos meses la Justicia rusa ha rechazado una y otra vez las demandas y los recursos presentados por los familiares de los oficiales polacos ejecutados, que buscan su rehabilitación. En mayo pasado, la Fiscalía Militar de Rusia rechazó facilitar el material relacionado con el “caso Katyn” aduciendo que se trataba de documentos “considerados secreto de Estado”. El tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo pidió en octubre a Rusia que atienda las demandas de dos de los familiares, en lo que podría ser el primer paso para la revisión de la matanza por instancias internacionales.

Varsovia mantiene que los polacos fueron asesinados por orden de Stalin, con el objetivo de asegurar la completa sumisión de Polonia, ya que la mayoría de esos militares eran también intelectuales y profesionales cualificados. El cineasta polaco Andrzej Wajda, cuyo padre murió en Katyn, llevó al cine este acontecimiento histórico, cinta que fue nominada al galardón a la mejor película extranjera en la última edición de los Oscar.

EFE, 1812,2008


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