Capítulo 8: La era napoleónica

Napoleón y PoniatowskiEn el capítulo anterior vimos cómo Polonia había desaparecido del mapa europeo luego tras la abdicación de su rey S. Poniatowski, en 1795. De allí en más, un solo pensamiento dominó la mente de los polacos: cómo volver a conquistar la independencia que tan habían perdido a causa de la negligencia y el desgobierno. Los polacos cultos siempre habían considerado a Francia como su hogar cultural y espiritual. El francés era el idioma de la corte (las clases cultas también dominaban el latín) y en los salones de Varsovia se destacaban la filosofía y las modas francesas. A partir de la desintegración del país, los polacos vieron en Napoleón una esperanza y creyeron que luchando en sus ejércitos por la “libertad, la igualdad y la fraternidad” lograrían expulsar a sus enemigos: Rusia, Prusia y Austria.. veinte mil hombres se alistaron en el ejército francés, constituyendo legiones polacas separadas del resto. Su lema era: “Dios está con Napoleón y Napoleón con nosotros”. Famosos por ser hábiles jinetes y valientes soldados, los legionarios polacos eran muy valorados por su comandantes en jefe.

El célebre estadista francés Talleyrand siempre se había resistido a la partición de Polonia. Francia no había ganado nada con su desmembramiento, que había producido un cambio en el equilibrio de poder europeo. Según Talleyrand, una Polonia fuerte serviría de amortiguador entre Austria y la expansión rusa hacia el oeste. Aunque la partición de Polonia había sido reconocida por el Antiguo Régimen, instaron a Napoleón para que reunificase el país. El conquistador de Europa nunca estuvo muy convencido de esta estrategia, pero tampoco podía vencer a Rusia sin la ayuda de Polonia.
Sabía que tenía que hacer promesas, no importaba que fuesen muy vagas.

“En interés de Francia y en interés de Europa, Polonia existe”. Eso había dicho Napoleón al marchar hacia el este, desde Berlín hacia Varsovia. Sin embargo, pese a toda esta retórica, la política del Emperador respecto al futuro de Polonia era ambigua. Aunque derrotado, el zar Alejandro se había rehusado a hacer las paces con Francia y, hacia fines de 1806, Napoleón sabía que podía verse obligado a llevar adelante una campaña en invierno. Sabía también que para abastecer a sus 300.000 hombres con comida, caballos, alojamiento y refuerzos, necesitaría una ayuda sustancial por parte de los polacos, pero para eso tenía que hacer promesas.

Hacia 1806 no quedaba nada de Polonia que pudiese ser reconocido como un Estado soberano. Después de su completa victoria en Jena, napoleón podría haber insistido en que Prusia regresase sus territorios a Polonia. Pero ponerse en ese momento contra Austria con una demanda similar podía poner en riesgo su neutralidad en el futuro conflicto. Tampoco deseaba que los polacos, alentados por las promesas francesas de liberación hiciesen levantamientos en territorios ocupados por Rusia y forzaran así a Francia a entrar en guerra prematuramente.
Sin embargo, sin la ayuda de los polacos, no tenía ninguna esperanza de vencer a los rusos. Cuando envió a sus mariscales Davout y Murat a que le adelantasen en Polonia, les instruyó para que no llegasen allí como conquistadores sino como libertadores. Cuanto más se acercaba Napoleón a Varsovia, más vagas se tornaban sus promesas y reclamaba más y más hombres y víveres. De todas maneras los polacos seguían pensando que él volvería a crear una Polonia autónoma bajo su protección.

Cuando se supo que los franceses estaban llegando, Varsovia se vio envuelta en un frenesí de entusiasmo y preparativos.
El gobernador militar prusiano de la capital preparó abruptamente valijas y se fue con sus tropas, atacado por una andanada de piedras y agresiones por parte de los ciudadanos. Algunos destacamentos rusos corrieron la misma suerte. Se formó un consejo de ciudadanos polacos prominentes que debían entregar las llaves de una Varsovia libre al representante de Napoleón,
su cuñado y mariscal de Francia, el príncipe Joaquín Murat. Los varsovianos esperaron en masa bajo la lluvia helada para darle la bienvenida. El comité de recepción estaba encabezado por el príncipe José Poniatowski, un sobrino de cuarenta años del último rey polaco, un hombre culto y encantador, poseedor de grandes condiciones, que sería descrito por Napoleón como “el rey natural” de Polonia.
Si la llegada de Murat causó gran entusiasmo en la gente, la de Napoleón sería una sensación. Pero la guerra ya se vislumbraba y Napoleón no tuvo tiempo para grandes recibimientos. Napoleón llegó a Varsovia inesperadamente en la noche del 18 de diciembre de 1806. durante los siguientes cuatro días pasó revista a las tropas y no quiso ver a nadie, excepto a sus comandantes.. tan abruptamente como llegó partió hacia el este junto a la Guardia Imperial y un regimiento de lanceros polacos.

El estado de ánimo cambió repentinamente en Varsovia.
De la noche a la mañana pasó de ser una ciudad de fiesta a ser una ciudad en el frente de batalla. Hacia el año nuevo Napoleón ordenó a sus tropas retirarse a cuarteles de invierno y él regresó a Varsovia para pasar allí todo el mes de enero. Así se pudo finalmente dar comienzo a una serie interminable de bailes y recepciones. El emperador debía conocer a los notables de Polonia.

No todos los polacos creyeron en Napoleón. Tadeusz Kosciuszko lo reconoció por lo que realmente era: un hombre políticamente realista, para quien Francia estaba ante todo.
Es muy poco probable que Napoleón tuviera otros planes más allá del uso de las tropas polacas. La perspectiva de intimidación a sus enemigos por la posibilidad de una Polonia reconstruida y las implicaciones de una alianza franco-polaca fueron usadas por Napoleón para manipular a todos los sujetos en juego y capitalizar las anexiones de Prusia, Rusia y Austria. Después de la derrota de Rusia de 1807, Napoleón creó el Gran Ducado de Varsovia, en las tierras del sector que estaba dominado por Prusia en los dos primeros repartos.
El rey de Sajonia fue designado al frente del Ducado.
Muchos polacos creyeron que este era el inicio de la liberación de Polonia.

Cuando Napoleón le declaró la guerra a Rusia en 1812, aproximadamente unos 100.000 polacos fueron parte del medio millón de hombres que marchó hacia el este. Los polacos esperaban una derrota rusa que posibilitara la unión de Lituania al Gran Ducado de Varsovia. Pero la derrota napoleónica fue el fin del sueño unificador. En 1815 el Congreso de Viena estableció una nueva entidad política que sería controlada por Prusia y Austria bajo el gobierno del Zar y su sucesor, quien llevaría el título de rey de Polonia.

Durante su estancia en Polonia, Napoleón conoció a una joven condesa polaca con quien tuvo un hijo que estuvo en Buenos Aires en tiempos de Rosas. Conoceremos la vida de María Walewska en cinco capítulos.

Capítulo 9: Polonia dividida


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