Capítulo 6: Fin de la expansión y la crisis del sistema

Ya a fines del siglo XVI aparecieron los síntomas de amenazas que fueron creciendo a lo largo de todo el siglo XVII.
La correlación de las fuerzas internacionales no era favorable para Polonia y Lituania. Suecia, cuya poderío crecía constantemente, luchaba por el dominio del Báltico y sus costas, lo cual condujo a una guerra con Polonia.
Rusia realizaba su plan de dominar todas las tierras y las naciones ortodoxas, lo cual la situaba en un conflicto con Lituania y la Corona. Turquía, después de someter a Hungría, dirigió su expansión hacia los territorios que eran también blanco de agresiones de los tártaros. Los Habsburgo que rivalizaban con Polonia por el dominio de Europa central, debilitados por la guerra de los 30 años, no eran un aliado seguro. A fines del siglo XVI y comienzos del XVII, Polonia era todavía lo suficientemente fuerte como para oponerse a estas amenazas e incluso intentar la expansión.

Durante el largo reinado de Segismundo III (1587-1632), de la dinastía sueca de los Vasa, paulatinamente se fueron extinguiendo las tendencias al desarrollo económico y las aspiraciones reformadoras de la nobleza y, en cambio, sí crecía el temor de ésta al absolutismo del poder real.
La política del monarca, encaminada hacia el absolutismo, fue frenada por una rebelión armada de la nobleza dirigida por Zebrzydowski.

Un grupo de magnates interesados por la expansión hacia el Este, trató de aprovechar el caos que se había producido en el Gran Ducado de Moscú después de la extinción de la dinastía de los Rurik. Esto enredó a Polonia en una guerra con Rusia. Después de la victoria decisiva del hetman Stanislaw Zólkiewski en Kluszyn (1610), las tropas polacas entraron en Moscú. Pero no fue un éxito duradero, en Rusia crecía la resistencia contra el dominio extranjero. Mijail Romanoff, elegido zar, dio comienzo a una nueva dinastía rusa.
El armisticio de 1619 dejó Smolensk dentro de las fronteras de Polonia lo cual fue confirmado por la paz de Polanów de 1634.

En la guerra con Turquía (1620-1621) del lado polaco se distinguieron las tropas de los cosacos. Así se llamaba a la gente que en el curso bajo del Dnieper, en Zaporozhe, creó una especie de república de guerreros. Los territorios fronterizos de Ucrania, los llamados Campos Salvajes, atraían a campesinos que huían de la servidumbre y a la nobleza empobrecida. Eran personas valientes, de carácter independiente, con frecuencia aventureros. Se mantenían del botín de guerra. Las autoridades estatales no estaban en condiciones de controlar a los cosacos. En 1648 estalló una rebelión de cosacos cuyo líder fue Bohdan Chmielnicki.
Se unieron a ellos los campesinos de Ucrania, y la rebelión se transformó en una insurrección social y nacional contra Polonia. Esta insurrección hizo tambalear los fundamentos de la República cuyos gobernantes no supieron solucionar el problema de los cosacos y los ucranianos en el espíritu del arreglo polaco-lituano. No se decidieron a conceder a Ucrania derechos como tercer miembro integrante de la República.
Lo imposibilitaban los intereses de los magnates cuyos latifundios se encontraban precisamente en Ucrania, así como conflictos religiosos y étnicos.

El rey Juan Casimiro (1648-1688) trató de negociar con Bohdan Chmielnicki cuyo ejército llegó hasta Lwow asolando las tierras conquistadas, matando a la nobleza y en las ciudades, pasando a cuchillo a los judíos. Los cosacos vacilaban en cuanto a los rumbos de su política, concluían alianzas con Turquía, Polonia, Rusia, según la coyuntura.
En 1654, en el llamado Consejo de Pereiéslav, se sometieron a la tutela de Moscú. Dos ejércitos rusos entraron en el territorio de la muy debilitaba Polonia. En esta situación extremadamente peligrosa, sobre Polonia se abatió la agresión sueca (1655). Durante algunos pocos meses las tropas suecas ocuparon la mayoría de las tierras polacas (excepto las ocupadas por los ejércitos rusos). Cayeron Varsovia y Cracovia, defendida por Stefan Czarniecki, el comandante que se ganó la mayor fama durante la guerra polaco-sueca. Solamente Gdansk se opuso a los suecos.
El rey Juan Casimiro huyó de Polonia a Silesia.

Continuación


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