Capítulo 1: Primeros tiempos de Polonia

El nombre de Polonia proviene del nombre de la tribu de los polanos, es decir, gente que cultivaba los campos (pule).
Esta tribu habitaba la cuenca del Varta, territorio que luego se llamaría Gran Polonia.
El centro del poder se encontraba en Gniezno. La población concentrada en los claros, cultivaba cereales y desconocía la escritura. Los descendientes de un mismo antepasado varón formaban un clan, y varios clanes agrupados constituían una tribu.

El primer duque de la dinastía de los Piast del que escribieron sus contemporáneos fue Mieszko I (960-992). Por la tradición oral conocemos los nombres de sus tres antecesores, pero precisamente Mieszko I es reconocido como fundador del Estado polaco, ya que en el período de su reinado terminó el proceso de conquista y unificación de las tribus afines por su idioma y su cultura. El duque reorganizó los territorios conquistados transformándolos en un sistema estatal uniforme. En 966 Mieszko I recibió el bautismo con lo cual introdujo el Estado polaco en el sistema político de Europa Central y trazó un camino europeo y cristiano del desarrollo del Estado y de la nación polacos.

La Polonia de Ios siglos X - XII, igual que muchos otros Estados de la temprana Edad Media, fue una monarquía tratada por sus gobernantes como propiedad y patrimonio dinásticos. El duque y un grupo no muy numeroso de nobles que lo rodeaban (antiguos jefes tribales o personas elevadas al poder por la voluntad del duque) tenían un fuerte poder centralizado. El ejército estuvo integrado por una tropa de élite de varios miles de hombres, mantenida y equipada por el duque, así como por campesinos libres movilizados en caso de necesidad.

El Estado estaba dividido en provincias, con arreglo a los antiguos territorios tribales. Las provincias, por su parte, se dividían en territorios que rodeaban los burgos, en total un centenar. En cada uno de los burgos residía el representante del duque que ejercía en su nombre el poder militar, jurídico, fiscal y administrativo, y disponía de una pequeña tropa. A los campesinos libres - que constituían el estamento más numeroso se les impuso, en nombre del duque, el deber de pagar el tributo. En los tiempos de esa monarquía temprana, una posición social alta se aseguraba no tanto por los bienes personales o de la familia, sino por la participación en el ejercicio del poder y el derecho, otorgado por el duque.

Cuando aproximadamente en el año 960 Mieszko I asumió el poder, apareció el dilema político fundamental también en siglos posteriores: ¿Cómo debía ser la actitud del Estado fundado por los Piast ante el Imperio y el Papado? La expansión del los germanos hacia las tierras del medio y bajo Elba, la conquista de las tribus eslavas de aquel territorio, colocaron al Estado polaco ante un vecino poderoso y peligroso pero al mismo tiempo atractivo desde el punto de vista de su cultura. Las aspiraciones universalistas del Imperio Germano se materializaron en 962, fecha de la coronación del emperador Otón I.
El duque polaco pudo elegir: mantener el paganismo y luchar por la plena independencia política o aceptar el bautismo y de esta manera introducir a Polonia en el ámbito de la civilización europea cristiana y, al mismo tiempo conformar las relaciones con el Imperio a base del reconocimiento limitado de su soberanía. Mieszko I eligió esta segunda posibilidad con lo cual le garantizó a Polonia las bases de su desarrollo y de la participación en la comunidad de los pueblos de Europa.
En 965 Mieszko se casó con la princesa bohemia Dobrawa. En su séquito llegaron a Polonia sacerdotes que se dedicaron al trabajo misionero. El propio duque se bautizó en 966.
Dos años más tarde fue fundado en Poznan el primer obispado, con el obispo Jordan, probablemente italiano.
La alianza con Bohemia, el bautismo, la persona del obispo Jordan, muestran la aspiración de Polonia a crear un contrapeso para la dependencia del Imperio. Aún más nítidamente esta política se vio puesta de relieve por el acto de someter a Polonia a la protección del Papado, hecho por Mieszko I alrededor del año 990.

Hijo y sucesor de Mieszko I, Boleslao I el Bravo (992-1025) siguió en los comienzos de su reinado la misma vía para fortalecer la independencia de Polonia. En 997 organizó la expedición misionera del obispo Adalberto de Praga a las tribus boruscias, pero el sacerdote fue asesinado y finalmente debió comprar sus restos mortales. Originalmente el sacerdote fue sepultado en la catedral de Gniezno y aprovechó la canonización del mártir para elevar el rango de Polonia.
La coyuntura política internacional, aunque de corta duración, propició este plan. En el año 1000 Otón III y Boleslao se reunieron al pie de la tumba de San Adalberto en Gniezno.
El emperador llamó allí a Boleslao patricio del Imperio, le entregó una copia de la lanza de San Mauricio, le ciñó en las sienes la corona imperial y, lo que fue lo más importante: de acuerdo con Roma, expresó su consentimiento para fundar en Gniezno la metrópoli eclesiástica polaca. La organización de la Iglesia, completada con los primeros claustros de los benedictinos, se convirtió en un elemento importante de la estructura política del Estado.

De cara a la política del Imperio cambiada por los sucesores de Otón III, Polonia se vio obligada a defender la conseguida independencia. Boleslao el Bravo triunfó en una larga guerra polaco-germana de los años 1002-1018. Consolidó su predominio en la Europa Centro-oriental gracias a la expedición a Kiev en 1018. Una manifestación de la independencia de Polonia fueron los actos de coronación de sus gobernantes: de Boleslao I el Bravo en 1025 y de Mieszko II también en 1025. Sin embargo, Mieszko II perdió la corona en 1031, después de una guerra perdida con Alemania, Rutenia y Bohemia.
Una consecuencia de estas derrotas fue el estallido de las luchas por el trono, la muerte de Mieszko II, la rebelión de los magnates y luego la rebelión de los súbditos paganos, la destrucción de la organización eclesiástica y la huida de Polonia del joven sucesor del trono, Casimiro. Casimiro regresó a Polonia con la ayuda germana, reconstruyó eI Estado recibiendo el apodo de Renovador, pero no pudo independizarse del Imperio. Su hijo, Boleslao II el Atrevido (1054-1079), después de numerosas guerras exitosas y la reconstrucción de la metrópoli eclesiástica, se coronó en 1076. Aprovechó para ello el conflicto del Imperio con el Papado, pronunciándose de lado de Gregorio VII en su lucha contra Enrique IV. Sin embargo cayó en un conflicto con los magnates polacos inquietos por la excesiva centralización del poder. Luchando contra la oposición, el rey mató al obispo cracoviano Estanislao quien la encabezaba (futuro santo y patrono de Polonia) con lo cual despertó en el país un tumulto tan enorme que lo costó el trono. Su hermano y sucesor, Ladislao se contentó con el título de duque y reconoció la soberanía del Imperio.
El hijo de Ladislao, Boleslao III Boca Torcida, tampoco se coronó a pesar de haber triunfado en muchas guerras, rechazado la agresión germana en 1109 unido a los magnates y a los caballeros bajo el lema de lucha por la Pomerania perdida por Polonia, dominando esta provincia y organizado la misión de Otón de Bamberg quien cristianizó a los pomeranios. El cronista Galo nos transmitió el programa político del duque y del campo gobernante. En la crónica, Boleslao III es presentado como duque, pero el Estado gobernado por él es un reino (regnum).
El deber supremo del duque es la defensa de “la antigua libertad de Polonia”. “Prefiero perder el reino de Polonia defendiendo su libertad que conservarlo tranquilamente para siempre en la infamia del vasallaje” – debió decir el duque a los enviados del emperador.¿Por qué los duques polacos siempre retornaban a la idea de la independencia, a pesar de los fracasos? Parece que una de las causas fue el carácter militar del Estado de los primeros Piast. El Estado surgió por vía de conquistas, el duque disponía de un ejército fuerte y bien armado. El potencial territorial y demográfico del Estado también impulsaba a emprender la lucha por la independencia. La superficie de Polonia era de unos 250 mil kilómetros cuadrados, y su población de un millón de personas.

Capítulo 2: El desmembramiento del Estado


The International Raoul Wallenberg Foundation
Godzina Polska - La Hora de Polonia

El Águila Blanca es parte del proyecto “Las huellas polacas en la República Argentina”


Museo Roca, Ministerio de Cultura, Presidencia de la Nación. © 2003 - 2016
El Águila Blanca Museo Roca - Insitituto de Investigaciones Históricas Condecoración otorgada a Claudia Stefanetti Kojrowicz