Wladyslaw Szpilman: El pianista del gueto de Varsovia

“El pianista del gueto de Varsovia” es relato de la supervivencia del pianista Wladyslaw Szpilman durante la ocupación nazi. Szpilman escribió su trágica experiencia inmediatamente después de la liberación de Polonia por los rusos y fue publicada en 1946, con el título La muerte en la ciudad. El libro fue secuestrado por razones políticas ya que las nuevas autoridades polacas consideraron que no era políticamente correcto. Había situaciones del libro que no cuadraban con la hagiografía oficial del comunismo. A pesar de los intentos de reimprimirlo, no fue permitido por las autoridades polacas. La versión presentada es una traducción de la reimpresión realizada en 1998 en alemán.

Wladyslaw Szpilman nació en 1911 estudió música en Varsovia y Berlín y trabajó como pianista en Radio Varsovia. Estaba ejecutando el Nocturno en Do Menor de Chopin que se transmitía por Radio Varsovia, cuando los alemanes invadieron Polonia. Al terminar la guerra retomó su trabajo en Radio Varsovia y volvió a interpretar el mismo nocturno de Chopin, como si estuviera reanudando la vida donde la había dejado seis años antes. Sus memorias dan cuenta del tiempo transcurrido entre ambas interpretaciones.

Szpilman refiere en primera persona, con un lenguaje directo, no exento de un tono poético, lo que vio con sus propios ojos. La abyección humana y el dolor, el hambre, la enfermedad, la humillación y la muerte. Pero no hay en el relato una sombra de acusación ni de venganza. Es simple descripción que, por su llaneza y por su inmediatez, adquiere una fuerza enorme.

No se trata de un relato de buenos y malos; ni un libro más sobre la “shoah” ni sobre el gueto de Varsovia. Es un documento recuperado recientemente, publicado en alemán en 1998, en inglés en 1999 y en español en el 2000, en el que aparecen las atrocidades cometidas por alemanes, lituanos y ucranianos, pero también por policías judíos y polacos hace poco más de 55 años en Varsovia.

Tapa de El pianista del gueto de VarsoviaCon lenguaje directo impregnado de una muda desolación, Szpilman describe la entrada de los alemanes en Varsovia y cómo decide junto con su familia quedarse en su casa, dado que confían en la inmediata intervención de Francia, Gran Bretaña y los Estados Unidos de América, poniendo fin a la pesadilla en breve tiempo. Pero esto no ocurre y la situación obliga a cada uno a ganarse la vida como pueda. Durante un tiempo Szpilman toca el piano en los cafés de los diferentes guetos hasta que se les reduce el espacio vital, empiezan las redadas de judío, y pierde a su familia, enviada a un campo de concentración (los padres, dos hermanas y un hermano). Durante un tiempo vive en el gueto, donde se había traslado forzosamente a medio millón de judíos en el año 1940.
La muerte, el sadismo, la degradación de los individuos son narrados sin juzgar, sin dramatismo, con simplicidad aterradora. Describiendo el lento deterioro de su mundo, unido a la pérdida de su familia, de su casa, a las humillaciones sufridas en manos de los oficiales de las SS y de la policía del gueto judío, a la búsqueda desesperada de alimentos, consigue una narración desapasionada que acerca al lector de forma inquietante a la guerra, recogiendo con crudeza y concreción los horrores sufridos y presenciados. El autor relata cómo fueron levantados los muros, cómo en 1942 empezaron los “reasentamientos” hacia Treblinka, adonde iba ser trasladado el músico junto con su familia, sus padres, dos hermanas y un hermano, de lo que se salvó él casualmente, aunque nunca más volvió a ver a los suyos. Szpilman describe de forma fría escenas muy impactantes. Como el niño que intenta hacer contrabando a través del muro y es asesinado a patadas por un soldado alemán; el inválido que es lanzado por la ventana de un tercer piso con su butaca; los asesinatos en masa e indiscriminados en las calles o cómo se divertían los soldados obligando a los judíos ancianos o niños, a punta de metralleta, a bailar valses en la intersección entre el gueto grande y el pequeño. Corría la primavera de 1942 “y los alemanes -cuenta Szpilman- se habían aficionado a hacer películas.(...) Un día agruparon a un cierto número de hombres y mujeres en los baños públicos, les dijeron que se desnudaran y se bañaran en la misma sala, y filmaron la curiosa escena con todo detalle.(...) Los alemanes hacían las películas antes de acabar con el gueto, para desmentir posibles rumores(...) o para mostrar lo bien que vivían los judíos de Varsovia, y también lo inmorales y despreciables que eran”. Arriesgando la vida, los amigos polacos de Szpilman consiguen sacarlo del gueto. Oculto durante mucho tiempo, con la permanente amenaza de morir de hambre, observa a través de una ventana de la buhardilla-refugio los resplandores del fuego y el humo proveniente del gueto, debidos a la sublevación de los judíos en 1943, en la que seguramente hubiera muerto de encontrarse allí puesto que los nazis lo destruyeron totalmente.Un año después la resistencia organizó su levantamiento en Varsovia, y desde otro escondite vivió en directo la sublevación de agosto de 1944, que también fue aplastada. Szpilman no sólo había sido testigo de todo, sino que había participado en la resistencia al proveyéndola de municiones. Finalmente, vivió solo, en condiciones infrahumanas en las buhardillas de una fantasmagórica Varsovia reducida a escombros por los alemanes.

Finalmente un oficial alemán de la Wehrmacht que estaba a cargo de las instalaciones deportivas de la ciudad (para que los soldados alemanes se mantuvieran en forma), lo encuentra en una de sus salidas para buscar comida y Szpilman le narra su historia. El oficial, que le había pedido que tocara algo en un piano desafinado de su mobiliario, le confiesa su sentimiento de vergüenza por ser alemán, lo ayuda a esconderse, le presta ayuda con víveres, una manta y un abrigo. Szpilman sobrevive al último invierno y recupera la libertad con la entrada de los rusos, que casi lo matan al confundirlo con un alemán por el abrigo militar que llevaba puesto.

En esta edición se incluyen extractos del diario de su salvador, el capitán Wilm Hosenfeld, en el que recoge las impresiones de la ocupación desde el punto de vista de un alemán que no comprende “cómo ha sido posible cometer tantos crímenes contra civiles indefensos, contra los judíos... carecía de sentido una guerra que había degenerado en una carnicería masiva e inhumana que niega todos los valores culturales y no se puede justificar ante el pueblo alemán”. Wilm Hosenfeld, que murió siete años más tarde en un campo de concentración soviético, sin que Szpilman pudiera hacer nada por salvarlo Un epílogo del disidente de Alemania Oriental Wolf Biermann, escrito cincuenta años después del libro, ofrece datos adicionales sobre algunos cabos sueltos.

Incómodo y doloroso para quienes deseaban cerrar los ojos ante los aspectos más oscuros del régimen político soviético, como para los que veían en él una crítica a todo sistema dictatorial que fuera infractor de los más elementales derechos políticos, no interesó a ninguna editorial española, y fue recuperado por la colección Memoria, la cual deseaba combatir la amnesia del pasado impuesta a los lectores de habla hispana.

Primera edición polaca
Curiosamente, en la primera edición de las memorias de Szpilman, las autoridades polacas transformaron la nacionalidad del salvador del pianista haciéndolo pasar por un oficial austríaco. La historia que se encadena dramáticamente, quiso que el nombre del capitán Hosenfeld no se borrara: murió de prisioneros soviético, pero poco a poco se fueron conociendo otros nombres de personas salvadas por este oficial.

El artista uruguayo, Jorge Drexler compuso hace dos años una canción basándose en Szpilman.

El pianista del gueto de Varsovia
(Letra y música: Jorge Drexler)

Dos generaciones menos
dos generaciones más.
Fechas, tan sólo fechas.
Yo estoy aquí, tu estabas allá.

El pico y la pala, el hielo en los dedos
te estás jugando las manos...
El mundo se muere y tu sigues vivo
porque recuerdas tu piano.
Compás por compás, en el frío del gueto
vas repasando el nocturno en
Do Sostenido Menor de Chopin, en tu memoria.
Si fueras tu nieto y yo fuera mi abuelo
quizás, tú contarías mi historia.

Yo tengo tus mismas manso.
Yo tengo tu misma historia.
Yo pude haber sido el pianista del gueto de Varsovia.

Dos generaciones menos
dos generaciones más.
Fechas, tan sólo fechas.
Yo estoy aquí, tu estabas allá.

Y el mundo no aprende nada, es analfabeto
y hoy suena tu piano, solo que en otros guetos.
Si yo estoy afuera y tu estabas adentro
fue sólo cuestión de lugar y de momento.

Yo tengo tus mismas manso.
Yo tengo tu misma historia.
Yo pude haber sido el pianista del gueto de Varsovia.

Dos generaciones menos
dos generaciones más.
Fechas, tan sólo fechas.
Yo estoy aquí, tu estabas allá.


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