Vuelve Kieslowski, el hombre que le leyó la mano al cine

El próximo 13 de marzo se cumplen diez años de la muerte de Krzysztof Kieslowski. Con este motivo se estrena por primera vez en el cine en España "No matarás"
Texto: E. Rodríguez Marchante

Diez años después de su muerte, se puede decir que se aprecia en la desaparición del gran cineasta polaco Krzysztof Kieslowski la misma sustancia que en el meollo moral de una de sus obras maestras, "No matarás", que verá la luz de nuestras pantallas esta semana. En esa pequeña proeza cinematográfica que es esta película se venía a trazar una línea de absoluta trascendencia entre quitar la vida y dar la muerte con mucho mayor sentido filosófico que la tan renombrada de "Sin perdón" ("Cuando matas a alguien no sólo le quitas lo que es, sino también lo que pudiera haber sido..."), y que consistía en la iniquidad de creerse poderoso hasta el punto de provocar en el orden natural un vacío (el hueco de la vida de una persona) sin ser capaz, en cambio, de proponer un sustituto.

Bien, pues la muerte mató a Kieslowski y su vacante no ha encontrado el consuelo siquiera de un interino: nadie, ningún cineasta, ha llenado el hueco enorme y sustancial que quedó en el cine europeo. Con la desaparición de Kieslowski se rompió la pata que le ofrecía equilibrio al taburete del cine; a principios de los noventa irrumpió con fuerza un cine potente, brillante, de fuerza, inventiva y flexión (que podría encabezar el talento de Tarantino), y que retaba en interés y calidad al cine, digamos, clásico de los santones y barandas de Hollywood (los scorseses, los coppolas y spielbergs...) Frente a esta lucha estaba la mirada de Kieslowski: frente a la potencia, la duda; frente a la inventiva, el peso del sentimiento; frente a la fuerza, la moral; frente a la flexión, la reflexión... Desde que estalló contra el Festival de Cannes "No matarás", ese insondable tratado sobre lo trabajoso que es el asesinato frío (la escena en que el personaje mata al taxista es en realidad la escena de un hilo de vida que se niega a desaparecer), la figura de Kieslowski manejó el único rumbo posible del cine europeo, mediante una concepción incomparable de la narrativa visual.

Esa manera de narrar de Kieslowski le permitía poner en escena sensaciones y sentimientos: los arrojaba sobre la pantalla como unos dados, invitando siempre al azar a que hiciera su trabajo, a que hurgara en el guión, y todo anudado a la garganta como un pañuelo por la música de Preisner. "No matarás" es algo más que el preludio de "No amarás"", un filme corto sobre el amor que pelaba la soledad como si fuera un plátano y descubría la fascinación en ese terreno que separa al que mira de la mujer observada. Y ambas son algo más que el "Decálogo", una batería de propuestas y reflexiones morales resueltas con la lucidez de un sabio y la distancia de un "voyeur"; en ese manojo de diez películas hechas para televisión se encuentran algunos de los momentos de cine más intenso y de ética más clara de la historia de este arte. Pero todo ello no fue sólo el preludio de "La doble vida de Verónica", cuyo enigma más irresoluble es encontrarte a ti mismo el lugar por el que se cuela esa enigmática película dentro, y sospechar ya entonces que luego te contaría el secreto en "Azul"; y el de "Azul" te lo contaría en "Blanco", y el de "Blanco", en "Rojo"... en una especie de daltonismo narrativo y nudo emocional que te deja ante su filmografía tan pasmado y asombrado como un hombre ante un hallazgo.

Desafortunadamente, ya sólo podemos volver a ver el cine de Kieslowski. Afortunadamente, está tan lleno de pasillos y de momentos y fulgores, que te permite husmear rincones como si fueran nuevos, intercambiar momentos y buscar entre los rescoldos nuevos fulgores. Por lo pronto, ahora puede uno entretenerse en contar los nudos que se podrían hacer con "No matarás" y "Truman Capote".

ABC España
10.03.2006


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