Introducción

Una de las clasificaciones de grupos migratorios más usadas establece dos categorías básicas: las de élite y las populares, distinción válida a grandes rasgos pero que simplifica en parte la gran heterogeneidad interna que caracteriza a esos movimientos.

El caso polaco es particularmente difícil de encasillar en esa clasificación ya que se observan en él una gran cantidad de situaciones históricas, religiosas, políticas y económicas.

En el siglo XIX hubo emigración de profesionales calificados, de misioneros, de maestros y de exiliados políticos que se escapaban de las reacciones producidas por los distintos levantamientos. El último grupo organizado que llegó al país estuvo compuesto por los “dipis”, hombres y mujeres que luego de luchar por su Patria en la Segunda Guerra Mundial no tuvieron lugar en la Polonia comunista.
La emigración polaca también fue popular, de agricultores pobres y de pequeños propietarios con una formación laboral precaria. Muchas mujeres fueron engañadas por falsos agentes y poblaron los burdeles de Buenos Aires y de Rosario.
El éxito económico estuvo lejos de ser la regla de quienes un día dejaron su tierra natal y cruzaron el océano. Algunos, unos pocos, hicieron realidad su sueño de “hacer la América”. Todos en algún momento de sus vidas reconocieron que sí habían logrado vivir en libertad y educaron a sus hijos en el agradecimiento al país que los cobijó en tiempos difíciles.

La historia de la comunidad polaca en la República Argentina se originó a fines del período colonial, a principios del siglo XIX, con la llegada de hombres ligados a los ejércitos de Napoleón Bonaparte que combatirán por la Independencia. Luego vinieron hombres que huían de los fracasos de las distintas sublevaciones contra las potencias que ocupaban Polonia. Muchos de ellos fueron contratados para luchar en la Guerra del Paraguay, para realizar tareas de cartografía o para que se dedicaran a la enseñanza y a la medicina.
Hacia fines del siglo XIX también llegaron al país etnógrafos y geólogos, quienes tras llevar a cabo sus investigaciones regresaron a Polonia. Algunos documentos traslucen la presencia de distintos grupos de polacos procedentes de la zona ocupada por el Imperio Austro–Húngaro, en particular en Córdoba y en la provincia de Buenos Aires. Pero el inicio de la inmigración organizada lo debemos situar en el invierno de 1897 con la llegada de unas 14 familias polacas y ucranianas procedentes de la región de Galitzia. Arribaron al puerto de Buenos Aires, fueron recibidos en La Plata y desde allí fueron enviados a Apóstoles, Misiones. Así comenzó el primer proyecto de colonización agrícola efectivo desde la expulsión de los jesuitas
Luego se sumaron otros grupos de colonos y se establecieron en distintas localidades: San José, Azara, Cerro Corá, Bonpland, Yerbal Viejo, Gobernador Roca y más tarde llegarán a fundar Colonia Wanda al norte de la provincia.

A principios del siglo XX algunos trabajadores polacos fueron a probar suerte a la Patagonia. Con el descubrimiento del petróleo en Comodoro Rivadavia aumentó la presencia de los polacos que encontraron empleo en esta nueva industria

En los primeros años del siglo XX un grupo de campesinos se instaló en Berisso, provincia de Buenos Aires, para dedicarse al trabajo en los frigoríficos. En esta ciudad se fundó la Sociedad Polaca de Berisso en el año 1913 y hasta hoy es un centro polaco de gran importancia, el más antiguo en actividad ininterrumpida.

En el período de entreguerras llegaron más inmigrantes, generalmente campesinos y se dispersaron por gran parte del país: Buenos Aires, Mendoza, Misiones, Neuquén, Córdoba, Tucumán, y Rosario. Algunos llegaron desde Brasil, luego de tener experiencias no muy satisfactorias en aquel país.
En este mismo período hizo su aparición un gran número de ciudadanos polacos de origen judío, quienes en general llegaban a través de organizaciones distintas de las que traían a los polacos católicos y una vez aquí se nuclearon en asociaciones diferentes. En este período se fundaron muchas organizaciones para agrupar a los polacos: Lavallol, Dock Sud, Quilmes, Mendoza, Rosario.

Entre los años 1946 y 1950 hicieron su aparición los refugiados de guerra, los dipis. Este fue el último gran grupo polaco que arribó al país.

Volviendo al punto inicial: ¿La inmigración polaca fue de élite o popular? En Argentina se crearon distintos tipos de colectividades polacas de acuerdo a los ditintos tipos de inmigración en que se las clasifique:

  1. Migración Popular

    a- Urbanas, originariamente se trataba de empleados y obreros. Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Comodoro Rivadavia.
    b- Rurales, establecidas principalmente en Misiones y en Mendoza, en pequeños grupos.

  2. Migración de élite

    Con la llegada de los dipis las diferencias al interior de la colectividad urbana se multiplicaron y aparecieron nuevas agrupaciones. Esta inmigración es diferente a todas las anteriores, sólo la podríamos encuadrar dentro de la categoría de “urbana” porque en general eligió vivir en ciudades, pero no tiene muchos rasgos en común con los grupos anteriores. Estuvo compuesta mayormente por intelectuales que rechazaban los cambios que se llevaron a cabo en Polonia.
    Se establecieron sobre todo en Buenos Aires donde se incorporaron activamente en la labor organizativa y cultural de la colectividad, creando varias organizaciones de profesionales y de ex combatientes según las diferentes tropas del ejército polaco que combatió junto a los Aliados.
    Unos pocos inmigrantes sí estaban conformes con los cambios políticos que se producían en Polonia y regresaron.

¿Cuántos son los polacos en la Argentina? Muy pocos si se es estricto en la definición de “polaco” y una inmensidad si contamos a todos los descendientes de los miles de polacos que desde hace dos siglos comenzaron a llegar a nuestro país.


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