Florencia prohíbe trabajar en sus calles a los limpiavidrios de autos

En su mayoría son extranjeros. Pueden ser penados a tres meses de cárcel o a pagar 206 euros.

La ciudad de Florencia, gobernada por la alianza gubernamental de centroizquierda declaró ayer la guerra a los "limpiavidrios" de automóviles que todos los días copan medio centenar de semáforos de la capital del Renacimiento. Patrullas de agentes municipales recorren calles y avenidas para quitarles los instrumentos de trabajo a los lavavidrios -todos extranjeros- y llevarlos a identificar. Se supone que los acusados deberán comparecer ante un juez que podrá sentenciarlos a una multa de 203 euros o a cumplir 3 meses de cárcel. Pero será difícil encontrarlos: ayer fueron 19 los castigados y al anochecer no quedaba ni uno en los semáforos florentinos.

El caso conmueve a Italia porque se trata de un episodio emblemático de la degradación urbana y del florecimiento de nuevos pobres llegados por vía clandestina, o de rumanos que ahora son socios de la Unión Europea y tienen derecho a moverse por el vasto territorio comunitario, pero respetando las normas de trabajo y vivienda.
Los limpiavidrios son un fenómeno que en Italia comenzó a fines de los años 70 con el pontificado de Juan Pablo II. Miles de sus compatriotas polacos vinieron a Italia a buscar una vida mejor e "inven taron" la profesión de lavavidrios. Pero los polacos eran muy educados: saludaban y se alejaban si el automovilista les hacía una señal negativa.
Hoy hay mafias gitanas y de otras etnias que dominan el "racket" de los limpiavidrios y luchan incluso a cuchillazos por el predominio en los semáforos, como ocurre en Roma.

El "ministro" de la Seguridad de Florencia, Graziano Cioni, dijo que los limpiavidrios han cambiado mucho en los últimos tiempos. "Se multiplican los episodios agresivos contra los automovilistas que les dicen que no o les dan poco dinero, arrojándoles objetos contra los coches. Se la agarran especialmente con los ancianos y las mujeres solas".

Cioni es un Democrático de Izquierda, ex comunista, y como recibió el aplauso irónico de los alcaldes-sherifs de la derechista Liga Norte de Umberto Bossi, acusada de xenofobia y racismo, el "ministro" florentino aclaró que "la seguridad es un bien común de los ciudadanos, ni de izquierda ni de derecha".

La medida desató una gran polvareda de polémicas en la alianza gobernante de centroizquierda. La concejal florentina Ornella De Zordo clamó para que la ordenanza antilimpiavidrios sea retirada "de inmediato". "Se trata de una iniciativa con una clara raíz en la cultura de derecha", afirmó.

El ministro de Solidaridad Social Paolo Ferrero, de Refundación Comunista, condenó la decisión de los aliados de Florencia, "que va en la dirección opuesta a lo que sirve para resolver cuestiones sociales de este tipo".

Pero la medida es muy popular entre los italianos, que son los que votan. Varios municipios anunciaron que adoptarán medidas iguales, mientras crece en la ciudadanía el reclamo de mayor seguridad y de represión de los inmigrantes clandestinos, que tratan de sobrevivir como pueden.

En Italia, como en los otros países muy ricos de la Unión Europea donde vivir es muy caro, se agravan los problemas sociales, con la multiplicación de los marginados y los llamados "nuevos pobres" de la globalización.

Julio Algañaraz
Clarín, Buenos Aires, 28.08.2007


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