La invención del pasaporte: vigilancia, ciudadanía y el Estado, de John Torpey

Por Richard M. Ebeling

Uno de los logros más estupendos del liberalismo clásico decimonónico fue el derecho a la libertad de movimiento. Como referencia, entre 1840 y las primeras décadas del siglo XX cerca de 60 millones de personas emigraron desde Europa hacia otras partes del mundo. Dieciocho millones partieron de Gran Bretaña e Irlanda; 10 millones de Italia; 9,2 millones de la Rusia europea; 5,2 millones de Austria-Hungría; 4,9 millones de Alemania; 4,7 millones de España; 1,8 millones de Portugal; 1,2 de Suecia; 850.000 de Noruega; 640.000 de Polonia; 520.000 de Francia y 390.000 de Dinamarca.
El derecho a abandonar libremente el país de origen requería del derecho a establecerse libremente en el país de elección. Así, en combinación con el derecho a la emigración estaba el de inmigración. Durante el mismo período, entre 1840 y 1914, unos 34 millones de europeos se establecieron en los Estados Unidos de Norteamérica; 6,4 millones fueron a Argentina; 5,2 se mudaron a Canadá; 4,4 a Brasil; 2,9 hicieron de Australia su nuevo hogar; 1,6 millones fueron a las Indias Occidentales; 860.000 eligieron vivir en Cuba; 852.000 viajaron a Sudáfrica, 713.000 se decidieron por Uruguay y 594.000 por Nueva Zelanda.
El historiador R. R. Palmer subrayó: "Quizá aún más fundamental en todo el éxodo europeo fue el liberalismo subyacente de la época. Nunca antes (ni después) la gente había tenido semejante libertad legal para emigrar. Las viejas leyes que requerían que los trabajadores calificados permaneciesen en sus países fueron derogadas, como en Inglaterra en 1824. Los viejos villorrios agrícolas semicomunales, con obligaciones y derechos colectivos, que ligaban al individuo a su grupo de nacimiento, cayeron en desuso excepto en Rusia...Los gobiernos permitieron a sus súbditos emigrar y llevarse con ellos sus ahorros de chelines, marcos, coronas o liras y cambiar de nacionalidad mediante la naturalización en sus nuevos hogares. El auge de la libertad individual en Europa, como así también la esperanza de disfrutarla en América, hicieron posible la gran emigración. Para un movimiento de masas de semejante magnitud el hecho más destacable es que se llevó a cabo por iniciativa y a costo de cada individuo".
A principios de 1950, el economista alemán de libre mercado Wilhem Roepke señaló la paradoja de que a medida que se han desarrollado medios de transporte globales más baratos y rápidos, facilitando y abaratando el moverse de un lugar a otro del mundo, "las fronteras nacionales han sido cambiadas por cercas de alambre de púas"; y explicó, "No hay duda que el cierre de las compuertas de inmigración ... es parte de una tendencia mayor de nuestro tiempo hacia una creciente nacionalización y colectivización de la vida política, cultural, económica y social".
El reciente libro de John Torpey, La Invención del Pasaporte, es un intento de explicar cómo y por qué los gobiernos usaron el poder de emitir documentos oficiales de viaje como un medio de restringir el libre movimiento de las personas durante los últimos 200 años. A lo largo de los siglos los gobiernos intentaron controlar los movimientos de las personas bajo su control.

El origen de los pasaportes
Con la Revolución Francesa, según explica Torpey, por primera vez se argumentó que los hombres deberían tener libertad de movimiento tanto dentro como entre los países. Pero a medida que la Revolución Francesa se tornaba en una guerra civil entre facciones dentro de Francia y una guerra internacional entre Francia y los países vecinos, las asambleas que gobernaban el país reinstauraron los controles de pasaportes y las restricciones de movimiento entre el campo y las ciudades. La paranoia y el miedo a los espías, desestabilizadores, bandoleros armados, desertores y "enemigos del pueblo" resultaron más importantes que el principio de la libertad de movimiento.

Tan solo luego de las guerras entre Francia y el resto de Europa se relajaron las restricciones de pasaporte y viaje a lo largo del continente, a medida que el espíritu liberal clásico de libertad y empresa comenzó su predominio. En los 1820 y 1830 se redujeron las restricciones a la migración en Gran Bretaña, Francia y los estados alemanes, incluyendo Prusia. Hacia mediados y fin del siglo XIX la libertad de movimiento era considerada complementaria e inseparable de la libertad de comercio. Justo antes de la Primer Guerra Mundial, un erudito alemán pudo escribir que: "la mayoría de los estados modernos, con tan sólo algunas excepciones, han abolido sus leyes de pasaporte o al menos las han neutralizado mediante el no-cumplimiento...[los extranjeros[ no son vistos por los estados con sospecha y desconfianza sino, en reconocimiento al tremendo valor que se puede derivar del comercio y el intercambio, bienvenidos con los brazos abiertos, y por esta razón, los obstáculos se remueven de su camino tanto como sea posible"

Pero, como Torpey destaca, ya en 1880 comenzaron a reimponerse en Francia y Alemania restricciones a la migración, residencia y trabajo de extranjeros. Los sindicatos en ambos países presionaron a sus gobiernos para "proteger" puestos de trabajo de la competencia de trabajadores extranjeros dispuestos a ofrecer sus servicios a salarios más atractivos. El surgimiento de los programas del estado de bienestar fortaleció esta tendencia, ya que los gobiernos se adscribieron el derecho a determinar quién se esperaba que pagase impuestos y quién podía reclamar beneficios redistributivos dentro de sus respectivas jurisdicciones.

El rol de los Estados Unidos
El gran ímpetu por una nueva era de barreras a la libertad de movimiento provino de los Estados Unidos. En 1880 el gobierno estadounidense impuso restricciones a la inmigración china. En 1882 éstas se extendieron a varios tipos socialmente "indeseables".
Cuando estas leyes fueron cuestionadas, la Corte Suprema declaró que el gobierno federal tenía la autoridad para controlar la entrada y residencia en los Estados Unidos. Una reacción fue la de gobiernos extranjeros (por ejemplo Italia en 1901) que comenzaron a emitir pasaportes a fin de proveer documentos legales para prestar ayuda a aquellos emigrantes que deseaban entrar a los Estados Unidos.
La gran divisoria de aguas en el reestablecimiento de los regímenes de pasaportes entre los países más importantes de Europa y Norteamérica fue, sin embargo, la Primer Guerra Mundial bajo la declaración de "emergencia nacional". En el entorno político y económico nacionalista que en 1918 siguió a la guerra, los controles de pasaporte se convirtieron en una característica institucionalizada de los viajes internacionales, con los gobiernos reafirmando el derecho a controlar la entrada y salida de los territorios nacionales bajo su control.
A medida que el Estado creció en poder y autoridad sobre la vida económica y social en el siglo 20, concluye Torpey, los gobiernos han usado los documentos nacionales, incluyendo los pasaportes, como un instrumento legal para "abrazar" a los individuos bajo su control y excluir a otros. Los pasaportes se han convertido en una técnica crucial para "nacionalizar" a sus ciudadanos. Hasta que los hombres, en sus vidas económica y social, sean desnacionalizados nuevamente, los controles de pasaportes seguirán siendo el modo del gobierno para controlar los movimientos y actividades de la gente alrededor del mundo. Traducción de Brian Schmidt.

Richard M. Ebeling es Vicepresidente de Asuntos Académicos en The Future of Freedom Foundation.

Este comentario fue originalmente publicado en Freedom Daily. Permiso para traducir y publicar otorgado por The Future of Freedom Foundation (http://www.fff.org/) a la Fundación Atlas para una Sociedad Libre.© Fundación Atlas para una sociedad libre | Av. Roque Sáenz Peña 628 Piso 8º Oficina T 1

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