Filatelia: colectividades I

Descripción de los sellos:

Estampillas Estampilla

Los cuatro sellos llevan las banderas de Francia, Suiza, España e Italia. Hotel de Inmigrantes “provisorio” (1888-1911). Dos Inmigrantes. Instructivo para inmigrantes en francés. (Dpto. de Inmigración Argentino). Afiche en francés promoviendo la inmigración a Pigüé (Buenos Aires).
Retrato de una familia de inmigrantes. Laboreo rural (circa 1890). Extracto del texto de un pasaporte italiano.
Hotel de Inmigrantes (1911-1953), hoy sede el Programa Complejo Museo de la Inmigración. Madre e hijo inmigrantes. Sello de un consulado argentino. Pasaporte visado.
Buque de transporte de pasajeros (1919). Changarines inmigrantes. Extracto del texto de un pasaporte.

Valores: cuatro sellos de 75 centavos.
Tirada: 124.000 ejemplares de cada viñeta.
Diseño: Leandro Dopacio, para el Dpto. de Comunicación Visual.
Formato: 34 x 44 mm
Pliegos: dos de 20 ejemplares (10 sellos se-tenant)
Perforado: 14
Color: cuatro colores y tinta metalizada
Papel: sin filigrana, sin fosforescencia
Procedimiento: offset
Impresos en: Letra Visa S.A., Buenos Aires.
Sobres “Día de Emisión”: 3000 ejemplares.
Día de emisión: 19 de octubre de 2002

Textos de presentación:

Los primeros años de la inmigración:

Desde el nacimiento de la República Argentina en 1810- y aun antes-, aquellos primeros intelectuales fundadores de la nación supieron que la cuestión del desarrollo económico del flamante país estaba estrechamente vinculada con la inmigración (por la escasa cantidad de pobladores nativos en el territorio). En los tiempos aún tempestuosos de la Revolución, el 4 de septiembre de 1812 (en la actualidad Día del Inmigrante), el Triunvirato dicta un decreto donde se explicita la cuestión del poblamiento del país “con individuos de todas las naciones y (...) sus familias” como una cuestión de Estado. Sin embargo, aunque esta y otras leyes de la época atrajeron a algunos contingentes, la llamada “inmigración espontánea” resultaba insuficiente. Durante aquella década de 1820, Bernardino Rivadavia se dedicó a estimular la inmigración más activamente mediante la contratación directa o por medio de convenios con empresarios; lo que redundó en el arribo de contingentes de ingleses, suizos, escoceses, irlandeses, suecos y alemanes. En 1824 se suma a esto la creación de la primera Comisión de Inmigración y la primera “casa” para inmigrantes en parte del antiguo convento de la recoleta (actual barrio de la Recoleta), que junto con la Chacarita de los colegiales, funcionaron unos 10 años como asilos.

Durante el rosismo, la política estatal de fomento de la inmigración se interrumpió, lo que no impidió que continuara por iniciativa privada, captando alrededor de 80 mil inmigrantes de diversos orígenes (con predominio de franceses e ingleses).

Nacen las colonias

La primera colonia agrícola, de inmigrantes franceses, se estableció en 1822, en una chacra del partido de Morón (provincia de Buenos Aires), por iniciativa del señor Belmar. Décadas más tarde, una segunda colonia francesa se estableció por iniciativa del señor Brougnez en la localidad de Santa Ana, en la provincia de Corrientes, en 1854, pero sus integrantes la abandonaron, diseminándose.

Los suizos fundaron en 1856 la Colonia Esperanza (en la provincia de Santa Fe), que dio origen al actual departamento de Las Colonias y es el primer establecimiento que perduró en el tiempo. En ese mismo año se fundó la colonia suiza de Baradero, que impulsó la zona costera de San Pedro y aledaños (en la provincia de Buenos Aires); y al año siguiente, la de San José, en Entre Ríos.

Se consolida el “crisol de razas”

Si bien la Confederación y Buenos Aires habían tenido políticas inmigratorias diferenciadas, hacia la década de 1860 se inició el estímulo más intenso y prolongado a la inmigración. Ya en q852, Juan B. Alberdi escribe la célebre idea de “Gobernar es poblar” que influyó a sus seguidores durante el resto del siglo XIX. Los sucesivos gobiernos adoptaron medidas que, en líneas generales, consistían en la apertura de agencias de propaganda de la Argentina en Europa, donde se ofrecía financiamiento del pasaje, alojamiento y alimentación al arribar al puerto, y traslado al lugar definitivo de residencia. Entre la legislación de este período relacionada con el tema, la Ley de Inmigración y Colonización promulgada en 1876 (bajo la presidencia de Nicolás avellaneda) fue la que dio forma a esta estructura de fomento y difusión, regulando todos los aspectos que tuvieran que ver desde la captación de inmigrantes hasta su definitiva radicación. Si bien en un principio los esfuerzos más importantes estuvieron concentrados en captar interesados en el norte europeo, las transformaciones económicas que afectaron a la población rural italiana y española provocaron que los mayores contingentes proviniesen de esos países. Para dar una idea del crecimiento exponencial de las familias de europeos que arribaban a nuestro país, basta con saber que entre 1857 y 1880 ingresaron alrededor de 280 mil italianos y 99 mil españoles. Gran cantidad de las ciudades que se fundaron en aquellos años y en las décadas siguientes en todo el país fueron resultado de los permanentes arribos de quienes llegaban a estas costas tentados por la ilusión de convertirse en propietarios de una parcela de tierra o, la menos, de conseguir un empleo bien remunerado, y se asentaban en el campo. A su vez algunos de los recién llegados permanecieron en las zonas urbanas, especialmente en las ciudades de Buenos Aires y Rosario.

La Argentina que vino en barco

Entre 1870 y 1929 llegaron a la Argentina unos 6 millones de inmigrantes europeos (de los cuales algo más de 3 millones permanecieron en el país), registrándose un pico máximo durante el período 1901-1910. Entre quienes regresaban a su patria había algunos, principalmente italianos, que sólo venían transitoriamente para las cosechas; por otra parte, en particular, italianos, franceses y británicos retornaron a sus países par enrolarse durante la Primera Guerra Mundial.

El único hotel definitivo de inmigrantes –hasta entonces, los anteriores habían sido transitorios- fue inaugurado en 1911 para atender la creciente demanda de alojamiento temporario. Era un verdadero complejo destinado a satisfacer las primeras necesidades que se le podían presentar a un recién llegado: entre otras dependencias, incluía la atención sanitaria, alimentaria y de vivienda; oficinas administrativas y hasta una sucursal del Banco de la Nación.

Inicialmente, la gran mayoría de los inmigrantes que se afincaron en las ciudades lo hicieron en condiciones de gran pobreza y hacinamiento en los llamados conventillos. Se empleaban en las tareas de modernización que se estaban llevando a cabo (construcción de edificios y redes cloacales, tendido de vías férreas, instalación de alumbrado público, etcétera) o bien se dedicaban al pequeño comercio o ponían talleres de oficios (zapateros, sastres, relojeros, etcétera). Lentamente, el incremento de salarios conjugado con las sucesivas políticas de ventas de terrenos y/o propiedades en cuotas a largo plazo permitieron que se creasen los barrios y mejorasen las condiciones de vida de los inmigrantes, y sus hijos y nietos nacidos en la Argentina.

La incorporación económica, social y política al país de las sucesivas oleadas de migrantes fue el resultado de un rico y complejo proceso de intercambio cultural, que modeló tanto a quienes llegaban como a quienes habían nacido aquí y los recibían. En este sentido, el surgimiento y la consolidación de lo que conocemos como la Argentina moderno son indisociables de aquellos que, por una u otra razón, decidieron abandonar sus países de origen buscando un nuevo destino aquí.

Fuente: volante filatélico Nº 932
Correo Argentino
Correo Oficial de la República Argentina


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