El Chaltén y la Ruta de los Polacos

En la Cordillera Patagónica existen numerosas montañas bellas e imponentes.El Chaltén es una de las más impresionantes arquitecturas graníticas de la tierra y una de las más bellas cimas en sentido absoluto. Su pirámide rocosa, tan perfecta, es visible ya muchos kilómetros antes de alcanzar sus laderas: su esbeltez armoniosa, que parte de los blancos glaciares extendidos a sus pies; su juego de esconderse entre las nubes, ya espesas y grises, ya vaporosas y etéreas, han logrado que, por sobre todas, pueda representar para muchos escaladores "la montaña" ideal.

El Chaltén es la montaña patagónica más rica en historia y ciertamente también una de las cimas más escaladas por los andinistas que actúan en aquella región. La montaña está situada en el margen oriental de la Cordillera y, con muchas otras cumbres menores, forma un grupo diferenciado que se encuentra comprendido entre los 49º 15' y los 49º 20' de latitud sur.

Las rocas volcánicas que forman estas montañas, como por otra parte también las del grupo vecino del Cerro Torre, son dioritas claras y tonalitas. Constituyen el resultado de enormes procesos de intrusión que se han producido alrededor de doce millones de años atrás.

Las rocas intrusivas estaban inicialmente cubiertas por una especie de revestimiento de rocas más blandas que ha sido sucesivamente quebrado y erosionado en el curso del mioceno tardío, proceso que ha continuado en las eras sucesivas. A sus espaldas se extiende el misterioso mundo del Hielo Continental Sur, uno de los más grandes glaciares del globo. Dada su posición de avanzada, es probable que nuestra cumbre fuera ya conocida muchos años antes que fuese oficialmente "descubierta" por el mundo occidental.

Seguramente los indios tehuelches, en sus migraciones, habían observado aquella imponente aguja rocosa muchos años antes de la llegada del hombre blanco, sin que nos sea dado saber cuántos, pero, por cierto, mucho, mucho antes. Al atravesar la pampa, deteniéndose en los alrededores de las orillas del gran Lago Argentino, los indígenas habían visto aquellas montañas a menudo envueltas en densas masas de nubes y también, en los días más serenos, habían observado cómo los blancos vapores se desflecaban en la cima bajo la acción de los fuertes vientos.

Confundiendo las nubes con humo, los tehuelches habían pensado que allá arriba existía un gran volcán o, tal vez, más de uno. Por este motivo llamaron a aquella montaña El Chalten, el volcán.
No obstante, como a menudo ocurre con muchos topónimos, hubo quien pensó que este nombre resultaba demasiado poco importante e indigno de figurar en un mapa y así también el pobre Chaltén vio su nombre cambiado por el de Fitz Roy. Al respecto, se podría destacar que, probablemente, esa fue una de las primeras montañas del mundo que hubo de sufrir una suerte tan poco digna.

El primer hombre blanco que vio sus laderas fue Antonio Viedma alrededor de 1782 y el segundo hombre blanco que vio la montaña fue Robert Fitz Roy, capitán de la expedición de estudio promovida por el Almirantazgo Británico para la observación y relevamiento de las tierras magallánicas.
Fue el perito argentino Francisco P. Moreno quien rindió este obligado homenaje a uno de los mayores exploradores de las tierras magallánicas. Enviado por el gobierno de nuestro país para determinar los limites entre Chile y la Argentina, el perito Moreno descubrió el gran lago San Martín y, volviendo hacia el lago Viedma, recorrió el valle del Río de las Vueltas, dominado en su trecho inferior por la gran mole del Chalten, que en aquella ocasión cambió su nombre por el de Cerro Fitz Roy.

La primera exploración montañista de las laderas del Chaltén es obra del célebre misionero padre Alberto María De Agostini y gracias a la gran cantidad de material escrito y fotográfico recogido por él en diversos volúmenes sobre los Andes Patagónicos, los montañistas comenzaron a interesarse seriamente por escalar aquel pico excepcional.

La “leyenda del Fitz Roy”: el Chaltén es la montaña elegida por Dios para indicar un limite más allá del cual toda capacidad humana se debe someter: "Sí, es verdad: lo liso de las paredes, la impetuosidad de los vientos, los desmoronamientos de piedras, todo esto puede ser superado, pero, ¿cómo vencer el encantamiento de la montaña? Hay una en el mundo que Dios se ha reservado para decirle al hombre: Quiero destruir tu orgullo; de aquí no pasaras".

En el verano austral de 1984 entran en acción los fuertes alpinistas del este europeo, que en los años '80 constituyeron el núcleo de arrastre de todo el alpinismo internacional gracias a una infinita serie de excepcionales hazañas sobre las montañas del todo el mundo.

Era el turno de los polacos, quienes, tal vez por primera vez, se ponen a prueba en el Chaltén, habiendo preferido en general las grandes ascensiones en el Himalaya. La meta elegida es la oscura pared norte, en el punto en el cual muestra un señalado e inmenso diedro-chimenea formado por el pilastro Casarotto a la izquierda y por la cresta noroeste e la derecha. La ascensión de los polacos es una de las que podemos definir como afortunadas. Después de haber instalado el campamento base en la Piedra del Fraile, establecen un campamento avanzado al pie de la pared. En sólo doce días logran liquidar el problema. De esos días, los últimos ocho han sido dedicados a la tentativa final, coronada con el éxito. El 24 de diciembre, P. Lutynski, W. Burzybski, M. Falco Sasal, M. Kochanczak y J. Kozaczkiewicz alcanzan la cima y, dos días después, están de retorno en el campamento base. La ruta de los polacos se conecta con la de Casarotto a la altura de la concavidad del pilastro norte. El inusitado buen tiempo que en los años 1983, 1984 y 1985 prevaleció en la región favoreció esta hermosa conquista.

El Chaltén. Vista desde el Noroeste

Fitz Roy
Fitz Roy
Fitz Roy


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