Cuando Varsovia y Berlín dejaron la guerra atrás

El 17 de junio de 1991, Alemania y Polonia firmaron un acuerdo de amistad y cooperación que representaba una página limpia en el libro de su cruenta historia común. Hoy ambos países hicieron un balance.

Bronislaw Komorowski, presidente polaco, y Christian Wulff, presidente alemán, en Berlín - DWDe “fundamento de la nueva Europa” calificó el presidente polaco Bronislaw Komorowski el acuerdo que hace exactamente 20 años selló la promesa de amistad entre Alemania y Polonia, cuya historia común estaba llena de páginas terribles.  En la  sesión solemne en la Universidad Humboldt de Berlín representantes de ambos países subrayaron la importancia de que Berlín y Varsovia lograran el acuerdo que determinó claramente la frontera entre ambos -la línea de los ríos Oder-Neisse- y puso la piedra angular de la nueva relación germano-polaca. 

Temor y esperanza de la mano
Cuando poco más de 20 años comenzó la transformación de Europa, la esperanza y el temor iban de la mano. La caída del Muro de Berlín en 1989 significó para Polonia -que atravesaba por una gran transformación- tener nuevamente a Alemania Federal como vecino. Con la todavía Unión Soviética en su frontera este, la incomodidad de Varsovia era evidente.

 “El tratado entre dos países que habían estado enemistados por tanto tiempo estabilizó la situación política en Europa”, dice el historiador polaco Tytus Jaskulowsky, coautor de un recién aparecido libro de entrevistas con los negociadores de ese tratado. “En realidad, el acuerdo sienta un precedente”, dice el especialista. 

Toma y dame
Alemania y Polonia tenían bastante por aclarar; claro estaba que a ambos les importaba mucho tener una buena relación con su vecino. Polonia quería mayor seguridad y la Alemania reunificada necesitaba probar su fiabilidad. Varsovia necesitaba apoyo en su camino hacia nuevas alianzas occidentales, como la OTAN y la UE. Bonn quería más derechos para los alemanes que vivían en Polonia.  Dos años duraron las negociaciones.

Con un fardo histórico grave sobre las espaldas - cinco millones de polacos murieron en la Segunda Guerra Mundial- ambos países tuvieron que esforzarse por confiar en el otro. Había varios temas en los que no podían ponerse de acuerdo. Alemania se negaba a aceptar a los polacos como minoría en Alemania y espinosa también era la cuestión de las indemnizaciones para los desplazados alemanes. “La clave estuvo en aceptar que ambos temas paralizaban todo el resto. O se los dejaba fuera o no había acuerdo”, explica Jaskulowski. 

Un logro histórico
El 17 de junio de 1991, el canciller Helmut Kohl y el primer ministro Krzysztof Bielecki firmaron el acuerdo de “buena vecindad y cooperación amistosa”, que en sus 38 artículos define muchos aspectos de seguridad, política, economía, medio ambiente y cooperación.

Alemanes y polacos recibieron estatus de “minoría” y se les concedió así el derecho a cuidar de su idioma y su cultura. Polonia recibió a cambio la promesa de apoyo en su camino a integrarse a la UE, cosa que efectivamente sucedió en 2004. En general, el tratado representó para la gente de los dos países nuevas oportunidades a ambos lados de la frontera. “Aunque hoy parece totalmente normal que exista este Tratado, tuvimos que recorrer un largo camino hasta lograrlo”, decía Tadeusz Mazowiecki, el primer no comunista en ser elegido primer ministro de de Polonia en 1989.

Veinte años después de firmado, el balance es bueno. “Fue concebido con una visión a futuro y con responsabilidad histórica”, afirma hoy el entonces ministro alemán de Exteriores, Hans-Dietrich Genscher. Efectivamente, “hoy vivimos una vecindad que ha logrado una calidad histórica única”, afirmó por su parte el actual ministro de Exteriores, Guido Westerwelle, puntualizando que no obstante, “Europa sólo estará completa cuando las fronteras del pasado hallan desaparecido de las mentes“.

Autora: Rosalia Romaniec/Mirra Banchón
Editor: Enrique López
Deutsche Welle, Berlín
17.06.2011


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