Chávez ayuda a mantener la dictadura en Bielorrusia, según líder oposición

Hugo Chávez te está mirandoEl líder de la oposición democrática de Bielorrusia, Aleksander Milinkevich, lamenta que el apoyo económico de Hugo Chávez al régimen bielorruso está ayudando a mantener el régimen que desde hace más de una década controla la ex república soviética, considerada como "la última dictadura de Europa". En una entrevista con EFE en Varsovia, Milinkevich comenta que el acercamiento entre el presidente venezolano Chávez y el bielorruso Aleksander Lukashenko se ha hecho evidente en los últimos años, transformándose en una auténtica alianza que hoy es un apoyo importante para que éste último siga en el poder.

"Gracias a Chávez, Lukashenko puede mostrar a Vladimir Putin que hay alternativas a Rusia" (país del que depende la práctica totalidad de la economía bielorrusa y del que recibe el petróleo y gas), señala Milinkevich, que recuerda que "Bielorrusia ya está extrayendo petróleo de Venezuela".

Hasta ahora el presidente bielorruso ha disfrutado de unas relaciones comerciales privilegiadas con Moscú, que durante años ha vendido el combustible a un precio subsidiado, lo que permitía a la débil economía bielorrusa mantenerse en pie y servía de parapeto al régimen autoritario.

Pero ese trato preferente está a punto de finalizar, y "en el año 2010 Bielorrusia pasará a recibir todo a precios normales", explica Milinkievich a EFE. Esta situación supondrá un antes y un después y será un duro golpe contra Lukashenko, que ya se ve obligado a buscar nuevas alianzas y a reforzar las antiguas, como la que mantiene con Chávez, con el que, en su opinión, protagoniza un auténtico idilio.

Lo cierto es que en la última visita del líder bolivariano a Bielorrusia, el pasado septiembre, Chávez llegó a proponer a su homólogo bielorruso la creación de "una unión de repúblicas libres", toda una muestra de apoyo para Lukashenko que, a nivel internacional, está prácticamente aislado.

El futuro cambio del precio energético también ha causado un giro de Minsk hacia la Unión Europea, con la que en los últimos meses ha comenzado unos contactos antes casi inexistentes."Bruselas quiere tener estados estables en sus fronteras y Lukashenko necesita apoyo económico de Europa", porque la economía bielorrusa no está reformada, aún se encuentra a medio camino entre el comunismo y el capitalismo, y es muy vulnerable a la crisis, agrega.

Pero Milinkevich insiste en que si la UE se decide a ayudar a Bielorrusia deberá de exigir a cambio "gestos políticos" y una apertura del régimen. "No puede ser un apoyo gratuito", exige. "Estas circunstancias económicas hacen que el destino de la democracia en Bielorrusia viva ahora su etapa decisiva", señala, y, "en este punto, mucho dependerá de la UE y también de España (que el próximo año asumirá la presidencia comunitaria)".

"Por un lado España está lejos, pero al mismo tiempo los españoles pueden entender lo que significa vivir en una dictadura", puntualiza Milinkievich, que espera que la "sensibilidad" española ayude a que la UE coordine una política común hacia Bielorrusia."Hay muchas voces discordantes en Europa y eso no ayudará a que se produzcan cambios políticos en mi país", afirma.

Un ejemplo de esa discordancia lo protagonizó recientemente el presidente italiano, Sivio Berlusconi, quien en una visita a Minsk le dijo a Lukashenko: "El pueblo le quiere, lo demuestran las elecciones".

Las elecciones a las que se refería el primer ministro italiano son las mismas que, desde 1994, gana siempre Lukashenko, que en los pasados comicios recibió el 80 por ciento de los votos. A pesar de las palabras de apoyo de Berlusconi, la UE no reconoce esas elecciones, "en las que no existe escrutinio" y "la oposición no tiene acceso a los medios", advierte el líder opositor.

"En Bielorrusia no hay democracia", lamenta Milinkevich, profesor de física en la universidad hasta que un día decidió cuestionar el régimen que gobierna su país y recibió "la invitación de abandonar la enseñanza". "Ya no hay represión como la estalinista, ahora la forma de reprimir al pueblo es la amenaza de que, si hablan, perderán su trabajo", explica.

"Es un método muy efectivo y gracias a él se ha logrado que la gente calle ante el miedo a perder sus empleo", añade Milinkevich, quien no tuvo ese miedo y perdió su trabajo tras más de veinte años de docencia.

"Somos europeos y queremos ser un país democrático", dice el líder de la oposición de un país que, hasta ahora, "es un teatro con un solo actor", considerado por el gobierno de George Bush como "el último dictador de Europa".

Nacho Temiño
EFE, 09.12.09


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