Especial 20º aniversario caída Muro de Berlín

Entrevista a Lech Walesa: “Me hace feliz haber podido convencer a Gorbachov”

Casi no hay movimiento en el restaurante de Villa Corona, un complejo de departamentos sobre el Mar Báltico. Lo único que distrae el silencio es el ir y venir de una moza alta de cabello rubio, que termina de acomodar una gran bandeja de frutas y un servicio completo de té en una mesa. Son los últimos días del verano europeo y llovizna sobre la arena tibia cuando un escuadrón de ciclistas da por terminado su ejercicio junto a un muro blanco que separa las construcciones de la playa junto al mar. Un hombre de pelo blanco y kilos de más abandona su bicicleta y se acerca sonriente. Luce calzas negras y campera blanca deportiva, de marca. Luego del saludo, el ex presidente polaco y Nobel de la Paz Lech Walesa pide a uno de sus colaboradores que nos saque una foto con su iPhone. Sentado a la mesa, y luego de servirse el té, muestra orgulloso cómo, apenas con un juego de teclas, esa foto ya está subida a su página de Internet.

Fragmento del Muro expuesta en la Biblioteca y Museo Ronald Reagan en  California. Izq. Ronald Reagan con Gorbachev; der. con Lech Walesa

Si no hubiera existido Solidaridad y la lucha en los astilleros aquí, en Gdansk, ¿cree que el comunismo iba a terminar igualmente?
Sí, pero hubiera durado 50 años más y el final habría sido sangriento. Nosotros lo hicimos más rápido y sin sangre.

Hay una imagen famosa que lo muestra saltando el muro del astillero, luego de haber sido expulsado de su lugar de trabajo. ¿Qué sintió en ese momento?
 Yo sabía que me buscaban. La gente que estaba alrededor mío, mis compañeros me alertaban y cada paso que daba lo hacía no con miedo, pero sí muy atento. Tuve mucha suerte. Y Dios me ayudó mucho.

¿Cómo era ser católico durante el comunismo?
La gente más poderosa no tenía problemas. Los más débiles, y que no integraban
ninguna estructura comunista, tenían que ocultarse. Algunos sacramentos había que hacerlos en la casa de una abuela, por ejemplo.

¿Influyó en el resultado final el conocimiento internacional de lo que ocurría? Pienso en Juan Pablo II o en el mismo Premio Nobel.
Se necesitaron años para destruir el comunismo. La sociedad polaca nunca lo aceptó y desde el fin de la II Guerra siempre hubo luchas. Primero combatimos con armas y perdimos. Después con huelgas, en la calle y también perdimos. Pero a través de estos errores nos dimos cuenta de que teníamos que reunir las fuerzas. Pero los comunistas también lo sabían y no nos dejaban juntarnos. Y entonces un polaco se convirtió en Papa. Y un año después volvió a Polonia y nos unió. Ellos aún tenían la fuerza, pero nosotros teníamos el apoyo de la gente. Y entonces hice un pequeño show: organicé a los trabajadores y en el sindicato junté a todos, a los médicos, a los profesores. Invité a los periodistas y cámaras del mundo y dije: “Estas son todas las profesiones. Son millones de personas. Y les estamos hablando a ustedes, el resto del mundo: no queremos el comunismo, nunca lo quisimos”. Entonces ahí empezamos a hacer propaganda y ya no podían evitar hablar de nosotros. Si nos hubieran matado, habría quedado registrado en todo el mundo.

Eso fue en 1980...
Sí, cuando los obligamos a reconocer, por primera vez en su historia, una organización legal que no dependía del comunismo: Solidaridad. Después decretaron el estado de sitio y disolvieron las organizaciones. Pero entonces le “destruimos los dientes al oso comunista”. El oso seguía existiendo pero ya no podía morder...

¿Qué hacía cuando cayó el Muro?
Había una delegación alemana, de alto nivel en Varsovia. El día anterior me encontré con ellos y dije: “Creo que el Muro de Berlín en un rato revienta. ¿Qué van a hacer?”. Y uno de ellos me dijo: “Señor, van a crecer palmeras y cactus en Alemania antes de que eso suceda”. Y al día siguiente el Muro se cayó y tuvieron que interrumpir la visita y volver a Alemania. No fueron tan inteligentes.

¿Qué piensa de Gorbachov?
Nos conocemos hace mucho, es un buen tipo. Cuando se dio cuenta de que las naciones se estaban levantando y de que el comunismo se terminaba, trató de rescatarlo con la glasnost y la perestroika. Y todo le salió mal: perdió el comunismo, perdió la URSS, perdió el Pacto de Varsovia. Pero justamente su derrota fue un éxito: inclusive le dieron el Nobel porque todo el mundo estaba contento con su fracaso. Si él hubiera ganado, el comunismo seguiría.

Y en el tiempo que va de la caída del comunismo en Polonia al colapso de la URSS ¿se vieron seguido?
Nos encontramos varias veces y una de esas veces le hice algunas preguntas. La primera fue: “¿Tomamos un poco de vino?” (risas) Y después le pregunté: “¿Realmente creés que el comunismo se puede reformar?” Entonces se enojó y terminó la conversación. Me gusta Gorbachov, lo quiero aunque me parece un poco naif, pero estoy contento de haberlo convencido.

¿Cree que fue usted quien lo convenció?
El quería reformar el comunismo y yo dije “no vas a poder hacerlo”. Mi consejo fue bueno, yo estoy del lado del éxito y él, de la derrota, pero una derrota en buena dirección. Por eso, si fracasás, no te preocupes: igual te pueden dar el Nobel.

Por: Hinde Pomeraniec, Gdansk, enviada especial
Clarín, Buenos Aires
02.11.2009


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