Especial Milan Kundera - Exilio, fama y discreción

El autor, lejos de la pompa del mundillo literario, combina en su obra sus preocupaciones políticas y filosóficas.

Hombre político, escritor y filósofo. Pocas personas logran que esos tres atributos confluyan en su obra. Milan Kundera es uno de esos pocos elegidos y ha logrado cristalizar las diversas facetas de su vida pública en una literatura profunda. A los 80 años, el escritor se ha convertido en una celebridad literaria y política que prefiere el anonimato de las calles de París, rara vez concede una entrevista periodística y disfruta en silencio de una fama que se supo ganar con el sufrimiento de una vida llena de exilios y desempleos, y en el desamparo de su República Checa natal.

A pesar de que desde 1975 vive exiliado en Francia, por sus diferencias políticas con las autoridades soviéticas que habían tomado el poder en su país, y pese a que renegó de sus orígenes al punto de escribir sólo en francés, sus obras vuelven una y otra vez a Praga y a los embates políticos y amorosos que deben sortear allí sus personajes. Pero sus novelas y cuentos no se limitan a narrar historias de amor o de odio. Hay en ellos un profundo y permanente cuestionamiento filosófico, una pregunta por la esencia de la vida. Quizás sea por ese entramado de filosofía, política y amor en el que discurren sus personajes, presentados con una escritura simple y directa, que Kundera se ha ganado la simpatía de sus lectores. Como apuntó el escritor mexicano Carlos Fuentes: Los personajes de Kundera giran en torno a este dilema: ¿ser o no ser en el sistema de idilio total, el idilio para todos, sin excepciones ni fisuras, idilio precisamente porque ya no admite nada ni nadie que ponga en duda el derecho de todos a la felicidad en una Arcadia ubicua, paraíso del origen y paraíso del futuro?

Kundera nació en Brno, República Checa (ex Checoslovaquia), el 1° de abril de 1929. Hijo de un reconocido músico, se afilió desde joven al Partido Comunista, del que fue expulsado en 1948 por sus actividades “antipartidarias”. Paradójicamente, la experiencia del totalitarismo alemán que había sufrido con la ocupación del nazismo en su país fue lo que lo había llevado al marxismo. Tras la expulsión del Partido Comunista, tuvo que ganarse la vida con diversas ocupaciones pasajeras: desde pianista de jazz hasta simple empleado o escritor part time de astrología. Kundera estudió literatura y estética en la Universidad Carolina de Praga, pero poco tiempo después de haber empezado su carrera emigró a la Facultad de Cine de la Academia de Praga, donde finalizó sus estudios en 1952. En 1956 se reintegró al Partido Comunista, del que fue expulsado definitivamente en 1970.

La vida en la República Checa ocupada por los soviéticos y bajo la permanente persecución política y las delaciones lo inspiró para escribir su primera novela, La broma (1965), que fue traducida a doce idiomas y obtuvo en 1968 el Premio de la Unión de Escritores Checoslovacos. No obstante, a raíz de la publicación de esa obra, Kundera fue prohibido en su país y comenzó un calvario que lo llevó a exiliarse en 1975 en Francia, donde enseñó literatura comparada en la Universidad de Rennes y más tarde, en la École des Hautes Études de París.

A partir de La broma, la pluma de Kundera despunta en una fuerte crítica al totalitarismo soviético, contrapuesta al “socialismo de rostro humano” que éste pregonaba. Posteriormente, escribió El libro de los amores ridículos (1970) y La vida está en otra parte (1973), que también atacan con ironía el régimen comunista. Entonces su vida ingresó en una extraña contradicción. Mientras que Kundera pasó a ser un autor prohibido en su país, La vida está en otra parte obtuvo el Premio Médicis a la mejor novela extranjera publicada en Francia y su siguiente novela, La despedida (1975), el Premio Mondello al mejor libro editado en Italia.

En 1981, el conjunto de la obra de Kundera mereció en los Estados Unidos el Commonwealth Award, premio otorgado simultáneamente a la obra de Tennessee Williams. Ese mismo año, la publicación de El libro de la risa y el olvido le valió la revocación de su ciudadanía checa, hecho político que marcó la ruptura casi definitiva de Kundera con su país. La relación sólo se recompuso en 2006 cuando, luego de 22 años, se publicó por primera vez en la República Checa el best seller La insoportable levedad del ser (1984) y su autor recibió el premio Nacional Checo de Literatura.

Si una obra marcó la consagración de Kundera en la literatura, fue precisamente La insoportable levedad del ser , novela que no sólo denuncia el totalitarismo sino que va más allá: aquel relato de la unión de Teresa y Tomás, cruzado por los desvaríos de la política y las infidelidades del amor, resulta casi un ensayo filosófico sobre la naturaleza humana. Pero está claro que esa obra sólo podría haber sido escrita como una novela para lograr la fuerza que tuvo. Así lo explica Kundera: “Nunca dejaré de repetir que la única razón de ser de la novela es decir aquello que sólo la novela puede decir”.

No sólo recibió por esa obra el Premio Europa-Literatura sino que también se vio lanzado a la fama por la popularidad que cobró la versión cinematográfica de La insoportable levedad del ser , dirigida por Philip Kaufman y con la actuación de Daniel Day-Lewis, Juliette Binoche y Lena Olin. Quizás sea esa novela uno de los trabajos en los que Kundera revela con mayor transparencia su propia vida. La intolerancia a la dictadura, el abandono, los amoríos y la pregunta permanente por el sentido de la existencia son sus temas principales. Precisamente, en un ensayo sobre la obra de Kundera, el escritor británico Ian McEwan dijo que La insoportable levedad del ser “puede sentarse cómodamente junto al arco iris de verdad poética y el triunfo de una investigación sobre la metafísica de la naturaleza del destino y dos historias de amor”.

Si bien la novela es el género en que parece moverse con mayor comodidad, Kundera incursionó también en la poesía ( El hombre es mi jardín, 1953 y Monólogos, 1957), el teatro ( Jacques y su amo , 1981) y el ensayo. En todos sus escritos, revela un interés particular por relatar los aspectos humanos de la Historia. Es decir, las historias de vida inmersas en un determinado momento histórico de la humanidad: ya sea la Primavera de Praga, la invasión soviética, el régimen totalitario, la caída del presidente Alexander Dubcek... “Los acontecimientos históricos de que hablan mis novelas a menudo han sido olvidados por la historiografía”, señaló Kundera. “La lucha del ser humano contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido.”

Por todo esto causó un gran revuelo internacional la revelación que hizo el semanario Respekt de Praga, el 13 de octubre de 2008, acerca de que Kundera habría delatado ante la policía comunista a un compatriota que pasó catorce años en la cárcel por haber atentado contra el régimen soviético. El hecho supuestamente habría ocurrido en 1950 y estaría registrado en un informe policial rescatado por el Instituto Checo de Estudios de Regímenes Totalitarios. El escritor checo salió entonces de su anonimato parisiense y rompió el silencio para negar las acusaciones y exigir una rectificación a la publicación. Recibió el apoyo de un nutrido grupo de intelectuales de todo el mundo. El escándalo parecía una broma de mal gusto, extraída precisamente de La broma .

El tiempo y los hechos juzgarán a Kundera. El propio autor parece haber anticipado una conclusión en La insoportable levedad del ser : “Decimos que sobre la persona cae el peso de los acontecimientos. La persona soporta esa carga o no la soporta, cae bajo su peso, gana o pierde”.

Por Martín Dinatale
La Nación, Buenos Aires
30.05.2009

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