Los países del Este europeo temen que un nuevo 'telón de acero' económico les aleje de la UE

Los dirigentes de los Estados poscomunistas quieren que Bruselas les tenga más en cuenta para evitar la 'eurofobia'.

La UE y el temor a las ideas eurófobasLos nueve países del extinto bloque soviético que ingresaron en la UE en 2004 y 2007 han alertado a sus socios europeos del peligro de que vuelva a separarlos un nuevo 'telón de acero' económico como el que después de 1945 dividió durante más de 40 años de Guerra Fría al Viejo Continente. Dirigentes polacos, checos, húngaros o rumanos creen que la Europa comunitaria sigue dividida entre un Oeste próspero y políticamente activo y un Este más pobre y marginal. Por ello, reclaman voz propia en Bruselas, única manera de superar la brecha entre las dos Europas y evitar el triunfo de las ideas populistas y 'eurófobas'.

Asuntos como la crisis del gas del pasado mes de enero pusieron al descubierto la fragilidad de la UE, y la profunda crisis internacional que lleva a la bancarrota a Estados como Letonia, Hungría y Rumanía, parece haber consagrado las diferencias económicas entre las dos partes del selecto club europeo. La cumbre comunitaria sobre la crisis económica celebrada el pasado domingo en Bruselas puso de manifiesto que la UE no piensa socorrer a los países de Europa central y oriental. Bruselas sólo aportará ayudas concretas y, a través del Banco Europeo de Inversiones (BEI) y del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD), se compromete a destinar entre 2009 y 2010 unos 24.500 millones de euros para refinanciar bancos de Europa central y oriental en crisis. Hungría solicita 180.000 millones de euros y Austria, cuyas entidades financieras sufren la crisis del Este, plantea que la región debe recibir un apoyo superior a los 200.000 millones de euros.

La lectura que hacen muchos dirigentes de los países poscomunistas es negativa. El primer ministro húngaro, el socialista Ferenc Gyurcsány, lo dijo en la cumbre de Bruselas.

Otros como 'premieres' polaco y checo, Donald Tusk y Mirek Topolanek, piensan lo mismo, pero confían en que la UE cambie de estrategia y dé más protagonismo a su flanco oriental.

El Este es pesimista sobre su futuro en la UE y los dirigentes más 'eurófobos' como el checo Václav Klaus o el polaco Lech Kaczynski aún no han dicho su última palabra. Para el analista polaco Mariusz Borkowski, “la crisis pone al descubierto las grandes diferencias de desarrollo y capacidad de respuesta política entre el Oeste y el Este, y los países poscomunistas se sienten abandonados por sus socios de la UE”.

Andrzej Szeptycki, investigador en el Instituto Polaco de Asuntos Internacionales, considera que “la sensación de que se está creando de manera irreversible una Europa de dos y hasta de tres velocidades se abre camino”. El experto no oculta su “preocupación” por el futuro de la UE, porque “asuntos tan graves como el conflicto de Georgia, la crisis del gas y la crisis económica demuestran que no tenemos una estrategia común ni una política exterior unificada”.

La preocupación es compartida. “Hungría en quiebra. Budapest suplica la ayuda de Bruselas”, titula el diario polaco 'Dziennik', que asegura que si Bruselas no ayuda al país centroeuropeo “crecerá la emigración y las tensiones políticas, lo que afectaría a toda la UE”.

En una carta dirigida al presidente de la CE, José Manuel Durão Barroso, el 'premier' húngaro, Ferenc Gyurcsany, pide al Banco Central Europeo (BCE) que “acepte que los gobiernos que no forman parte de la zona euro puedan tomar medidas de seguridad para garantizar la estabilidad de sus mercados financieros”. El primer ministro búlgaro, Sergei Stanishev, se entrevistará con Durão Barroso este jueves en Bruselas para plantearle cuestiones muy parecidas.

Deterioro social
La crisis política y económica que vive la UE se traslada al tejido social de los países de Europa central y Oriental, donde el desconcierto y el pesimismo ante un futuro incierto ganan terreno a la euforia europeísta que se apoderó de la región en una primera etapa.

La presidencia semestral de la UE por parte de Chequia, que carece de peso político y liderazgo en Bruselas, complica aún más el panorama. En Eslovaquia, donde el socialista Robert Fico gobierna con la extrema derecha, en Hungría, en Rumanía o en Bulgaria los populistas, con ropaje de derecha o izquierda, se abren camino.

El 77% de los búlgaros apoya la integración de su país en la UE, según un sondeo del Centro Nacional de Estudios de la Opinión Pública, y las encuestas apuntan en la misma dirección en Polonia y Rumanía. Pero hasta cuándo, se preguntan muchos analistas. “La mayoría de los checos, sobre todo los jóvenes, está a favor de la UE, porque saben que es beneficiosa para la economía del país, pero en tiempos inciertos de crisis esta mayoría también se da cuenta que Europa no es solidaria con el Este”, apunta el profesor universitario Ivo Buzek.

La escritora checa Monika Zgustova cree que sus compatriotas tienen la sensación de que Bruselas les trata como “europeos de segunda”. En un artículo de prensa, la autora de 'La mujer silenciosa' se pregunta; “¿Cuenta lo mismo un húngaro que un italiano, un polaco que un francés, un checo que un holandés, para no hablar de letones o búlgaros?”.

Heraldo de Aragón
05.03.2009


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