Mentiras en nombre del socialismo

Mentiras en nombre del socialismoSe cumplieron 50 años del levantamiento en Hungría aplastado por los tanques de la Unión Soviética. Un acontecimiento que sigue siendo un símbolo de la movilización de la sociedad frente a la prepotencia del poder. Durante la Segunda Guerra Mundial, Hungría fue ocupada por los alemanes en 1944, quienes impusieron una dictadura nazi. A partir de 1948, luego de un breve interregno democrático, se impuso un régimen comunista sostenido por tropas soviéticas, y el dirigente del Partido, Mátyás Rákosi, impuso el estalinismo con mentiras en nombre del "socialismo", un gobierno brutal y una gran declinación del estándar de vida.

Luego de la muerte de Stalin en 1953, el deshielo llevado a cabo por Nikita Jrushchov en la Unión Soviética a partir de marzo de 1956 y el levantamiento popular en la ciudad polaca de Poznan en junio de ese año, preanunciaron los sucesos húngaros, que fueron considerados como la "primera guerra entre países socialistas".

El 23 de octubre de 1956 una manifestación de estudiantes, obreros e intelectuales en las calles de Budapest, que se solidarizó con los polacos en huelga y planteó una serie de reivindicaciones que no comprometían la supervivencia de las instituciones socialistas ni el mantenimiento de la supremacía soviética, se convirtió en la "Revolución Húngara" debido al insultante discurso de un dirigente estalinista, los disparos de los servicios de seguridad y la intervención de tropas soviéticas estacionadas en territorio magyar. Se derribó una gigantesca estatua de Stalin, la gente comenzó a gritar: "Ruskis (rusos), a casa!" y los soldados húngaros se negaron a disparar contra los rebeldes.

Los acontecimientos se precipitaron y el comunista reformista Imre Nagy, que poco antes había sido readmitido en el Partido, fue nombrado Primer Ministro y propuso "una vía húngara correspondiente a nuestras propias características nacionales en la construcción del socialismo". Se conformó un gobierno multipartidario y se prometió la restauración de la democracia y una economía mixta.

Además del débil gobierno de Nagy, no existió una fuerza política organizada sino un amplio movimiento, vago y amorfo, que se extendía desde un núcleo decididamente socialista hasta toda una gran gama de grupos políticos dispares, incluso de la extrema derecha.

Hungría vivió un período de formas democráticas de poder popular y el impulso del levantamiento fue dado por la espontaneidad de la acción de grandes sectores de la población que, al mismo tiempo, hizo bastante difícil la toma de medidas indispensables para establecer un orden siquiera provisional.

La Unión Soviética reconoció la independencia húngara y a fines de octubre comenzó a retirar sus tropas de Budapest, pero estaba atónita y preocupada por las implicancias de la revolución. Nagy selló su destino y el de su país cuando anunció el fin del sistema de partido único y renunció al Pacto de Varsovia, proclamando la neutralidad de Hungría a fin de lograr un estatuto internacional comparable al de Finlandia. La irrupción de la crisis del Canal de Suez, que opuso fuerzas anglo-francesas en contra de Egipto, y la renuencia de Occidente a ayudar a Hungría dio luz verde a la invasión soviética.

El 4 de noviembre, después de 13 días que conmovieron al mundo, la sublevación fue aplastada por la fuerza de miles de tanques soviéticos que restablecieron la paz de los cementerios y la dictadura del Partido. Además de los miles de muertos, heridos y ajusticiados (Nagy entre ellos) más de 200.000 personas (1,5 por ciento de la población) abandonaron Hungría y muchos de ellos se afincaron en nuestro país.

El impacto en el mundo fue significativo: primera plana en los diarios durante semanas enteras; cambio de las relaciones entre la URSS y sus estados satélite; comienzo de la declinación de la influencia política del socialismo de tipo soviético.

Además, Agnes Heller (discípula de Gyorgy Lukács, uno de las más importantes intelectuales marxistas-leninistas del siglo XX y Ministro de Cultura del gobierno de Nagy) considera que "Hungría 1956" requiere de muy pocas explicaciones cuando se menciona en Noruega o en Brasil, y se ha convertido en una especie de mito histórico popular, quedando en la memoria de la gente las escenas indeleblemente grabadas de las masas haciendo añicos alegremente la estatua de Stalin y de tanques soviéticos en las destruidas calles de Budapest.

Lo que se conoció como la "Revolución Húngara de 1956", para Moscú y los comunistas ortodoxos fue una "contrarrevolución". Lo cierto es que el mismo Partido cambió su postura en enero de 1989 y calificó a los sucesos de 1956 como un "levantamiento popular". El 7 de octubre de 1989, en el XIVø Congreso del Partido Obrero Socialista Húngaro, se produce la primera autodisolución de un partido comunista europeo: al día siguiente el diario del POSH anunció que la dictadura del proletariado en Hungría había finalizado exactamente a las 20:24.

El 23 de octubre de 1989 se proclamó la República de Hungría y, un año más tarde, el Parlamento declaró esta fecha como feriado nacional, indicando que el legado de 1956 continúa hasta hoy inspirando a los húngaros, incluso a los que se rebelaron contra las mentiras de su primer ministro el mes pasado.

Tomás Várnagy Profesor de Teoría Política, Facultad de Ciencias Sociales (UBA)
Clarín, Buenos Aires
24.10.2006


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