Schröder estrecha las relaciones alemanas con Rusia al firmar un pacto energético

Putin visita en plena campaña electoral al canciller y a su posible sucesora, Angela Merkel

El encuentro entre el canciller Gerhard Schröder y el presidente ruso, Vladimir Putin, ayer en Berlín, puso de relieve uno de los objetivos de la política exterior del Gobierno rojiverde: la aproximación a Rusia, conla vista puesta en los intereseseconómicos, aunconel riesgo de inquietar a países vecinos como Polonia.

Angela Merkel y Vladimir Putin, durante su distendido encuentro, en ruso y en alemán, en BerlínEra la última cita internacional para el canciller alemán, el socialdemócrata Gerhard Schröder, antes de las elecciones de 18 de septiembre. Y contó con uno de los únicos mandatarios con los que tiene una relación de amistad: el presidente ruso Vladimir Putin. Putin adelantó su viaje previsto a Berlín para firmar con Schröder un acuerdo para construir un gasoducto de 1.200 kilómetros en el mar Báltico que exigirá inversiones de más de 4.000 millones de euros y debe empezar a funcionar en el 2010. El acuerdo ha irritado a Polonia y Lituania, antiguas colonias soviéticas, que ven una demostración de fuerza por parte de Moscú, una suerte de pacto germano-ruso a espaldas de los países vecinos. Aunque Putin no dio ningún motivo para adelantar el viaje, la prensa alemana apuntaba que Schröder tiene casi perdidas las elecciones legislativas, y el presidente ruso quería compartir con el canciller un acto que culmina un periodo en el que las relaciones germano-rusas son, en palabras del canciller, "más estrechas que nunca".

¿Un apoyo electoral para el canciller? Para disipar esta impresión, el presidente ruso se reunió también con la candidata democristiana, Angela Merkel, favorita para suceder a Schröder, según todos los sondeos. Ante la prensa, Merkel, quien habla ruso con fluidez, se felicitó por el acuerdo energético, y subrayó que "desde los tiempos del gobierno de Helmut Kohl", democristiano como ella, existe una tradición de buenas relaciones entre Alemania y Rusia, y que éstas no tienen por qué empeorar si hay nuevo gobierno.

Pero no hay duda de que, en parte, la visita puede interpretarse en clave electoral. Putin, que en los ochenta vivió en la Alemania oriental como agente del KGB, habla alemán con Schröder. Ambos se tutean. Cuando en el 2004 Schröder cumplió 60 años, el único mandatario extrajero que acudió a su fiesta privada fue el presidente ruso, y lo hizo con un regalo especial: un coro de cosacos. El canciller, que en público casi siempre elude criticar a Rusia en cuestiones de derechos humanos, ha sido en los últimos años uno de los principales abogados en el mundo de Putin, a quien considera "un demócrata puro". Su idea es que una Rusia estable y fuerte conviene a Europa y Alemania.

Cuando en sus mítines en el este de Alemania, donde mucha gente recela de Estados Unidos, Schröder defiende la alianza con Rusia, suele recoger sonoros aplausos. Los democristianos de Merkel, muy críticos hasta ahora con la política rusa del canciller, defienden en su programa la necesidad de mantener las buenas relaciones con Moscú, "pero no a espaldas de nuestros vecinos", precisa el texto. Ayer la candidata apareció más conciliadora.

"Nuestra colaboración no va contra nadie, sino que quiere servir a los intereses alemanes y rusos", dijo Schröder, en una rueda de prensa. En los últimos días, incluso el presi-dente polaco, Aleksander Kwasniewski, ha cuestionado este pacto energético que, afirma, "elude la Europa central" y se ha decidido sin tener en cuenta a los vecinos.

El gasoducto permitirá a la empresa monopolística rusa Gazprom suministrar gas a Alemania y Europa occidental sin tener que pasar por Polonia. "Alemania se asegura una gran parte de su aprovisionamiento energético en las próxima décadas", dijo Schröder. Para el canciller alemán, el acuerdo es algo más: rubrica la relación privilegiada que se ha establecido bajo su mandato. Una relación, añadió en alusión al posible cambio de gobierno, que "debe existir independientemente de las personas".

Marc Bassets - Corresponsal Berlín
La Vanguardia, Barcelona
09.09.2005


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