Encumbrar la inmigración

La historia de Danuta María Kugler de Bernaciak, una mujer luchadora y personaje de la ciudad. Su padre, un afamado pintor polaco, sobrevivió a los campos de concentración del nazismo.

Danuta María Kugler de Bernaciak y su esposo, Casimiro, supieron sobreponerse a los horrores de la guerra. Juntos con su hijo mayor arribaron en 1948 a la capital neuquina dejando atrás las persecuciones, los campos de prisioneros de guerra, el hambre y la miseria. Llenos de esperanza levantaron aquí su hogar y se establecieron para nunca más partir, dejando su imborrable impronta

Imagen de Danuta María Kugler de Bernaciak

Danuta es hija de un afamado pintor polaco, Wlodzimierz Kugler, nacido a fines del siglo XIX. Eran los tiempos de la Escuela de Pintura Realista de Mateyko. Wlodzimierz demostró talento artístico desde muy pequeño. Criado en el campo, cerca de la naturaleza, realizaba bocetos de animales domésticos y salvajes.

En 1904, el joven Wlodzimierz comenzó sus estudios en la Academia de Arte de Cracovia. Viajó por Europa exponiendo sus pinturas. Doce años después, ya entregado totalmente a su arte, conoció a quien sería su futura esposa, María Winczakiewicz, hija de un juez de Kielce que se desempeñaba como profesora en la estancia de la familia Kugler y, al mismo tiempo, estudiaba Filología polaca en la Universidad Jagielon de Cracovia.

En 1917 se casaron y se trasladaron a Brzezie, donde la familia Kugler poseía una estancia. Las principales ocupaciones del matrimonio eran la administración del campo y la cría de caballos árabes. Allí nacieron sus dos hijos, Andrzej y Babcia Danusia. En nuestro país, como suele suceder, sus nombres fueron cambiados: Andrzej pasó a ser Andrés y Babcia Danusia, Danuta.

Pero la pasión por la pintura que Wlodzmierz sentía nunca se extinguió. Vuelve a emerger, al tiempo que la pareja se estabilizaba, con más bríos que nunca. Pero todo se verá interrumpido con el estallido de la Segunda Guerra Mundial. La mayoría de sus pinturas son decomisadas por los nazis y llevadas fuera del país. Kugler es echado de la estancia con toda su familia, permitiéndoles llevar sólo lo puesto, una carreta y dos caballos.

Poco después, Kugler es arrestado por la Gestapo por haber estado involucrado en los movimientos clandestinos de resistencia. Es enviado al campo de concentración de Pomiechówek, el primero que conocería de esos sitios infernales. En 1944, antes del levantamiento de Varsovia, gravemente enfermo por las torturas sufridas en los campos de concentración, es enviado de urgencia al hospital de Varsovia. Una vez allí, agentes de la Armia Krajowa -el Ejército de Resistencia Polaco- logra rescatarlo y ponerlo a salvo proporcionándole documentos falsos. Todo ello fue posible gracias a la inserción de Danuta, quien heroicamente estaba vinculada con la resistencia. De ese modo, los Kugler pudieron escapar de Varsovia.

Sencillo, modesto, Wlodzimierz Kugler retrató la vida campestre polaca como pocos, inmortalizándola con amor juvenil. Como pintor de estirpe eligió su estilo lo mismo que a sus profesores, lo que le dio creatividad a su carrera. Una de sus obras más famosas es “Relámpagos”, en la que pueden verse cuatro caballos espantados corriendo desbocados por los relámpagos, todo orquestado por su técnica de contrastar luz y sombra y la oposición de elementos estáticos y dinámicos. En suma, siempre recibió de sus críticos valoración por el riesgo de innovar, que poseía y desarrollaba con mucha audacia.
 
Historia de Danuta
Entre los testimonios de la vida de Danuta se halla el siguiente relato, escrito por ella, que sus hijos gentilmente nos proporcionaron: “Nací en Polonia el 4 de abril de 1921, en la estancia Brzezie. Mi papá, aparte de ocuparse de la agricultura, era de profesión un talentoso pintor y creo que su alma de artista le permitió mostrar a sus hijos -a Andrzej y a mí- la belleza de todo lo que nos rodeaba. Hice la escuela primaria en casa con mi mamá. Ella era profesora de literatura, una persona muy inteligente y culta, hizo un gran esfuerzo para educarnos en casa. En 1929 nos mudamos a Mstyczow, estancia de mis abuelos, y un año después cuando cumplí los nueve tuve que irme a la ciudad de Sosnowiec para estudiar en la escuela secundaria: seis años básicos y dos de Liceo Especial. La partida de mi hogar fue para mí una tragedia: lloraba todos los días, contándolos para volver a mi casa.

En junio de 1939 rendí los últimos exámenes, y recibí mi diploma. En agosto, me fui a Varsovia y me anoté en la universidad, en Química.

Pero el 1 de septiembre estalló la Segunda Guerra Mundial. Una de las primeras bombas que cayó en Varsovia arruinó la casa donde yo vivía. Llegó la orden de que todos los jóvenes que no estaban en el Ejército tenían que salir hacia el Este.

Con mis primas y amigos, salimos en dos coches pero 120 kilómetros después nos capturaron los alemanes, sacaron los coches y nos metieron en la cárcel.

Pasé allí tres días en la suciedad, con hambre y mucho miedo porque no se sabía qué nos iba a pasar. Por suerte apareció un oficial y, gracias a mi conocimiento del idioma alemán (que era obligatorio estudiarlo en la escuela) conseguí que nos dejaran libres solamente a las mujeres.

A pie, con mi prima, empezamos la gran aventura de volver a casa. Dormimos en establos, en el bosque, en casas medio quemadas, estábamos desesperadas por saber qué pasó con mi casa.

Por suerte, Osiek, donde nos mudamos en 1936, estaba lejos de las rutas y quedó intacto. La alegría de encontrar a mis padres sanos no tenía límite.”"(…) Al fin en la primavera, mi papá consiguió trabajo de contador en otras estancias, yo también en una estancia diferente y mi hermano como encargado de otro lugar. Así vivimos hasta 1943. En ese año me fui a Varsovia y me enrolé en el Ejército Clandestino Polaco. El día 13 de octubre del mismo año la Gestapo arrestó a mi papá, las intenciones eran trasladarlo a un campo de concentración en Alemania. Pero para ello tenían que pasar por Varsovia. Como lo habían torturado terriblemente, mi papá necesitaba atención médica. Es por ello que en Varsovia, gracias a la Resistencia Polaca, lo pudimos pasar a un hospital carcelero y liberarlo. A papá y mamá los mandamos con documentos falsos a casa de unos amigos fuera de Varsovia. Nosotros con mi hermano nos quedamos y formamos parte en el levantamiento de Varsovia. Tuvimos que rendirnos. Yo, por mi actuación en la resistencia y en el levantamiento, recibí el grado de Subteniente y las cruces de bronce y plata al mérito. Nos llevaron a Alemania. Pasé por siete campos de prisioneros de guerra, viajando siempre con otras 40 ó 50 mujeres en vagones de ganado. Me enfermé de pleuritis y me internaron en un hospital.

(…) Cuando llegó la orden de evacuación me escapé del hospital y salí con todos, caminamos varios días durmiendo en bosques y parvas. (…) Entonces vinieron oficiales polacos que estaban bajo mando inglés, en el Cuerpo del General Anders. Nos llevaron a Italia y nos incorporaron a esta Unidad. Para conservar  mi grado de Subteniente recibido en el campo de batalla, los ingleses nos exigieron que termináramos la Escuela de Oficiales Militares.

Recién cuando recibí el diploma me reconocieron el grado y trabajé como tesorera en la organización de beneficios del soldado, en Ancona, Italia”.

Un poco antes, un amigo me presentó a Casimiro Bernaciak. Posteriormente nos casamos en Loretto, en la famosa Catedral donde varias naciones tienen su capilla. Hicimos un hermoso viaje a Milano y Venecia. Luego, a Casimiro lo enviaron a Inglaterra y empezamos la vida juntos”.

Emotivos pasajes del relato que Danuta escribiera, reconstruyendo aquellos cruentos años.
La historia quiso que en Inglaterra, destino posterior a la guerra, les ofrecieran pagarles  el pasaje para ir al lugar que quisieran. La pareja eligió la Argentina. Danuta y Casimiro llegaron a Buenos Aires en 1948. En la capital, un argentino les proyectó un panorama fantástico en Neuquén: dijo tener una estancia para emparejar y necesitaba una persona que regenteara a los empleados. Les prometió casa y sueldo, una propuesta ideal. Pero al llegar no había nada de lo prometido. Era en el actual Rincón de Emilio, lugar que se emparejó veinte años después.

Armando Vidal era el Administrador de la Compañía Nueva España, que se dedicaba a la venta de las tierras neuquinas. Vidal tuvo la deferencia de alojar a los recién llegados en su casa de la chacra en Confluencia. Allí, Casimiro vendía verduras en bicicleta. Poco después, aprenderían tapicería y abrirían un local en la calle Alcorta.
Danuta relató que siempre su benefactor fue Vidal, quien, además, les dio un terreno donde pudieron construir su casa, en la calle Félix San Martín al 500.
 
La docencia imprevista de Casimiro
En cierta oportunidad, Danuta debió concurrir al consultorio de un médico. Al oír el acento peculiar de la polaca, el médico le preguntó de dónde provenía. De Londres, respondió. El facultativo, ni lerdo ni perezoso, le propuso que dictara clases de inglés, debido a que por aquellos tiempos no abundaban los docentes en lenguas. Pero sería Casimiro quien accedería a impartir las clases. Y con toda buena fortuna: al poco tiempo le ofrecieron cátedras en distintos establecimientos educativos, así que cerraron la tapicería.

Durante treinta años, Casimiro se dedicó a la docencia pasando por cinco establecimientos distintos.

Al jubilarse Casimiro, la pareja consideró alguna actividad complementaria para ganarse la vida. Por aquel entonces en Neuquén no había muchos hoteles, así que decidieron incursionar, no sin sacrificio, por el negocio de la hotelería.

Consiguieron un galponcito con un solo baño y pusieron camas y colchones, prestados por amigos, en tres habitaciones. Alquilaban por noche. Con el tiempo, pudieron abrir el “Residencial Inglés”, que contaba con diez habitaciones hechas por ellos. El nombre del residencial alude al Teacher, como apodaron a Casimiro cariñosamente sus alumnos. Felizmente, el negocio familiar les otorgó solvencia para poder darle estudio a sus tres hijos: Jorge, Eva y Margarita, quienes, a su vez, les dieron 6 nietos y una bisnieta.

Con sus 91 años y dueña de una mente ejemplar, Danuta nos brinda perlas de sus recuerdos, que ilustran su vida y el Neuquén de ayer: "Como mi esposo era muy inteligente y tenía gran facilidad para aprender idiomas, en Inglaterra aprendió el castellano. Una vez establecidos en estas lejanas tierras, comenzamos vendiendo miel, actividad que Casimiro hacía en la calle. Bueno, a veces se olvidaba de hablar en castellano y lo hacía en inglés".

Es que la vida los hizo políglotas: “Nosotros hablábamos en casa polaco, afuera castellano y en la escuela inglés”, nos cuenta Danuta, que agrega: “Mi hijo Jorge, que sabía inglés, cuando se recibió de médico, trabajó en el Hospital Británico”.“Afortunadamente pude volver a mi tierra, a Varsovia, Cracovia. Mi familia estaba muy unida afectivamente, mis padres fueron un ejemplo de esto”. Continuando con el relato, “como mi marido fue por cinco años prisionero de guerra, no quiso volver a Polonia… Siempre les dije a mis hijos que es muy feo emigrar porque perdés amigos, hay que empezar de nuevo”.

Hoy Danuta continúa su vida en el mismo lugar que, junto con su esposo, eligieran como hogar y medio de trabajo.

Las historias paridas por la cruenta Segunda Guerra Mundial han hallado, por fortuna, eco y encarnadura.

Esta es la historia de una valiente pareja que, luego de sobrevivir al horror de los campos de concentración, se animó a poblar las lejanas tierras patagónicas.

Fue tan grande el espíritu de sacrificio que Danuta y Casimiro suman su huella a la gran impronta de aquellos inmigrantes que vinieron, pletóricos de voluntad y de esperanza, a sembrar estas tierras.

La Mañana, Neuquén.
09.09.2012


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