Llega a Huesca la visión de los artistas polacos sobre el cine

La Escuela Polaca del Cartel muestra sus obras actuales más destacadasHuesca - Los artistas de cartelería cinematográfica de Polonia vuelven a mostrar sus obras en la capital altoaragonesa hasta el próximo 30 de marzo. La exposición que se inauguró ayer es continuación de la que ya se mostró en 1996. En aquella ocasión se volvió la mirada a los carteles realizados entre los años 1975 y 1990; ahora es el turno para las obras hechas desde ese año, clave para la historia polaca al caer el Muro de Berlín y el comunismo, lo que permitió la entrada de cine americano y de Europa occidental, hasta la actualidad. “Carteles polacos de cine II: 1990-2010” consta de 44 obras diferentes, en los que el grafismo, el expresionismo y la contundencia de trazos de la Escuela Polaca del Cartel, surgida a mediados del siglo pasado, todavía se observa en las obras anunciadoras de películas tan conocidas como “La mala educación” de Pedro Almodóvar, “La rosa púrpura de El Cairo” de Woody Allen o “Mulholland drive” de David Lynch, por señalar los carteles más conocidos de la exposición.

La muestra revela la evolución en la Escuela Polaca del Cartel, reconocida en décadas anteriores por “su grafismo, sus trazos duros y fuertes”, su estilo “muy expresionista” y, sobre todo, “por la contundencia de sus trazos”, según señaló a este periódico Domingo Malo, presidente de la Fundación del Festival Internacional de Cine de Huesca, coorganizador de la exposición junto al Instituto Polaco de Cultura en España.

El director adjunto de esta institución, Cezary Kruk, también acudió a la inauguración, resaltando el peso fundamental de la individualidad del autor en cada cartel actual: “No se puede hablar de un estilo común, porque cada obra es muy individual y cada artista tiene su propio camino, tanto que su identidad se hace reconocible al ver a primera vista un cartel”.
La irrupción del cine norteamericano y de Europa occidental en Polonia tras la recuperación de la democracia supuso además que “muchas películas lleguen ya con un cartel propio”, ante el que las artistas autóctonos “sólo pueden introducir retoques”.

Kruk explicó que contra este fenómeno, la cartelería cinematográfica polaca se ha refugiado en las galerías de arte, convirtiéndose en un “objeto de culto”. Polonia, a pesar del proceso de homogeneización cultural que se vive en todo el mundo occidental, ha evitado la desaparición de estas obras autóctonas, cuyos autores “siguen produciendo, pero no tanto para la calle, sino para galerías”, gracias en buena parte a “la larga tradición” de la cartelería en este país, tanto para el teatro como para la política, los conciertos o, en el caso que nos ocupa, el cine, cuya Escuela Polaca del Cartel es “conocida en todo el mundo” y tuvo su momento culmen en las décadas de los 50 y 70.

También Domingo Malo reparó en estos aspectos, citando como los más importantes “la introducción del cine de Hollywood y de Europa Occidental” o la llegada de los “patrocinadores” incluso a los carteles. Los artistas y diseñadores polacos, no obstante, consiguieron superar estos obstáculos y seguir ofreciendo un cartel único y artístico gracias “a la imaginación, los trazos fuertes, el particular uso de los colores y el expresionismo”, así como el carácter artesanal, que todavía hoy hacen reconocible un cartel polaco.

O. Isarre
Diario del Alto Aragón
16/03/2010


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