José Czerepak obró por los pobres y fue preso, torturado y exiliado

El religioso arriesgó su vida en la lucha por los carenciados y No calló ante la injusticia de los poderosos. El sacerdote de la congregación diocesana secular fue arrestado el primer día de la última dictadura militar por apoyar al Movimiento Agrario. Sufrió 20 años de exilio y hoy cuenta toda su historia en exclusivo a El Territorio. Colonia Alberdi. Czerepak dice de la última dictadura, que era el sistema imperante -sin ápice de rencor- y que sus opresores “fueron víctimas de ese sistema, porque se prestaron a ello”, opinó. 

Párroco en la Catedral. El padre bautizando a Marilin Franzen Como sacerdote del Tercer Mundo o de la Teología de la Renovación de la Iglesia Católica , en su compromiso con los que sufren y por su accionar vehemente en favor de los marginados, es bastamente conocido dentro del ámbito provincial. También luchó a brazo partido a la par de los agricultores.Allá por 1960, cuando recién se había ordenado, cumplió su pastoral en la Catedral y en la parroquia Sagrada Familia, de Posadas, en Montecarlo, Tarumá y otras capillas del interior.  Siendo un curita nuevo y combativo, no gustaba a los que mandan.

Se unió como asesor a los obreros del Movimiento Agrario de Misiones (Mam), y cooperó en su formación, juntamente con el padre Alberto Marquievich. Como colaborador activo y por defender los intereses del labrador, fue detenido y torturado tanto física como espiritualmente. Sus lugares de castigo fueron la cárcel de Loreto y la de Resistencia, Chaco, en un período que se prolongó por unos dos años.  El otrora joven inquieto, acorde con su fuerte temperamento y cuando irradiaba plena juventud y entusiasmo, ya se preocupaba por los hombres y mujeres de la chacra, los agricultores.

La lucha por ideales
Czerepak sabía que las familia agricultoras madrugaban realizando faenas pesadas, con elementos precarios y rústicos, con la consabida pérdida de lo que cosechaban en días de sequía o de exceso de lluvias y que además buscaban la comercialización de sus productos, fruto de sus trabajos de sol a sol.  Para colmo, eran mal pagados por los que tenían más, y esto le preocupaba.

Valiente a carta cabal, salía al paso de los causantes de las injusticias, las marginaciones, la maldad hacia el labrador. El obrero de monte adentro o quienes vivían situaciones extremas.

Movido por esa sed de justicia decidió integrar el Movimiento Rural Cristiano, apoyado por el obispado de entonces, monseñor Kemerer. Participaba en el  Mam y la Liga Agraria cuando fue detenido el 24 de marzo de 1976.

Después de 20 años de destierro en Alemania volvió a la Argentina y dio su primera misa en la capilla  Virgen de  Lourdes, de Colonia Alberdi, construída con el apoyo de  la comunidad.  Allí se reunió con sus familiares. A su madre la vio por última vez, ya enferma, en Foz de Iguazú, en 1972, antes de Navidad, según contó a este diario Czerepak, cabisbajo y con emotividad.

El padre José recordó que en 1970, estando en Roma, Italia, visitó un lugar histórico: la cárcel de Mamertina, donde estuvieron presos los primeros apóstoles San Pedro y San Pablo. Dijo que allí, en un momento de emoción y estando en oración, prometió que él soportaría los  sufrimientos como aceptaron los santos en defensa de una causa cristiana.

Haciendo memoria surgió este relato: “Cuando estuve encarcelado escuché la voz de Dios que me decía: ‘José, si voz pediste esto. ¿te acordás en la cárcel de Mamertina, cuando decías que estarías preso por una noble causa?’. Estas palabras me alentaban dándome fuerzas para aceptar la penosa situación. No solamente mía, a mi lado fueron vejados compañeros como os sacerdotes padres Silvio Liuzzi, de Ituzaingó, y Testa, del Chaco, universitarios, obreros, etcétera. ...”.

La libertad, la ayuda y el exilio
“Curiosamente fue el día de San Pedro y San Pablo, el 19 de junio de 1978, cuando salí del país hacia Alemania. Allí estuve casi 20 años. En Francfurt me esperaba el obispo Jorge Kemerer. A él le debo todo el empeño y dedicación, junto a otros obispos para liberar a los prisioneros. Cuando monseñor Kemerer iba a Alemania, dormía en mi casa parroquial, éramos amigos. Recuerdo que junto al matrimonio Beba Torres y Juan Szichowski facilitaron el dinero y para tramitar mi libertad y salida del país. Estando en el extranjero, me designaron en parroquias latinas y fui vicario en Gott, San Godofredo, en la localidad de Ahalen. Fui capellán en un colegio de monjas y asesor espiritual de la colectividad española”, citó el  prelado.

Comentó que trajo la imagen de San José, para la localidad homónima. Y que en la cárcel siempre Dios estaba con él,  lo acompañaba y daba  paz en cada momento de  sus torturas.

“Lo sentía, siempre a mi  lado, era un consuelo”, confesó. De lo contrario, sin esa fuerza poderosa, no hubiera soportado tanta humillación.“Algunos desaparecieron para siempre de este mundo”, recordó, con melancolía y paz. 

Los 40 años de sacerdocio
Era un día en que la comunidad toda de Colonia Alberdi, habitada por agricultores de té y yerba, se reunió para cumplimentarlo. Es que José, como lo llama la población, es un hermano del alma para el pueblo.

Al cumplir  40 años de haber recibido los votos de su ministerio, con alegría recibió el agasajo. Fue anfitrión y protagonista del acontecimiento, hizo de mozo, ofició misa. Acarició a los niños, que son su motivación; lo admitió con ternura y emoción. Charló con los ancianos, reliquias de la comunidad. El cura José, ex músico de la orquesta de seminaristas  y amante de la música clásica y regional, bailó un chamamé con su cuñada Nelli Kornowsky de Czerepak. Se deleitó con las ejecuciones en bandoneón de su hermano Helio y la guitarra del acompañante.  

Actualmente atiende la vicaria Virgen de Lourdes y cinco capillas, incluyendo la de Alvear. A  la nueva parroquia, Czerepak  mandó construir con el ingeniero Collman.

Significativas vivencias
José nació en Corpus. Es hijo de Andrés Czerepak, oriundo de Kamieñ, Polonia, y Anastasia Marceñuk, de Kolomeia, Ucrania.  Su padre llegó a la Argentina en 1920, a los 17 años. Realizó tareas de agricultor en varias provincias y llegó a Misiones para trabajar en la chacra de Anastasia, quien sería su esposa. Cosechaban yerba, té y tung. Ella era viuda de Chachorosky y tenía cinco hijos. Del matrimonio con Andrés nacieron tres hijos más. Eran fervientes católicos y soñaban tener un hijo cura. En su casa se oficiaba misa y José Mariano desde niño quería ser sacerdote.

El padre Guillermo Beyer, le preguntó si quería ir al seminario. José, mientras jugaba a la bolita, contestó que  sí. El sacerdote  aludió: “Bueno, prepará tu valija”.  Así de simple. Estudió en el Seminario Menor de Corrientes y en el Mayor y Superior en La Plata. Conoció al cardenal Francisco Raúl Primatesta, entre otros. Recordó el  decir de un viejo sacerdote: “Prepárense para trabajar con el dinero de los pobres y las promesas de los ricos. Porque la comunidad pobre, es la que más ayuda a su prójimo”.

Cuando su madre enfermó quiso quedarse en la chacra, cuando venía de  vacaciones. Ella  le  dijo que no lo haga. Pues ella fue la inspiración de su vocación. No obstante objetó, que siendo consagrado, pese a los contratiempos, su vocación y compromiso con la iglesia pudo más. Ministerio del cual nunca se arrepintió ni se le ocurrió dejar.

José es ministro de la ciudad, colonias y chacras. Enérgico, inquieto, puede ser a la vez agradable y humilde. El cura José es el mismo que un día espetó en una reunión, que en ese lugar estaba Satanás en el medio. Lo que fue criticado rudamente por sus contrarios. El mismo que fue capaz de afrontar a las autoridades en defensa de la justicia y no calló nunca. Tiene mucho que contar de su trayectoria.

Su niñez fue  tranquila en la chacra. Memoró que una siesta, con sus hermanos y vecinos, quisieron hacer un tajamar.  Atajar el arroyo y si era posible, !parar el Paraná! (al recordarlo rió). Armaron un planchón y el agua arrasó con todo. Inundó chacras, hasta una vaca del vecino casi muere en el desastre. En su casa “ligaron  todos, hasta los vecinos”.

Uno de sus amigos y colaborador de la capilla, Juan Carlos Berent, quien estuvo preso igual que él, cuando integraba el movimiento obrero católico, expresó que “José se mantiene por sus propios medios. Vende los productos de la chacra de Puerto Gisela. Una  de las propiedades de sus progenitores, que pudo rescatar cuando lo quitaron los bienes de éstos”.

Dijo que lo recaudado en la Iglesia lo destina para la ayuda de los enfermos, compra remedios y asiste a los que menos tienen. Aseguró que Czerepak está comprometido con los obreros, marginados, enfermos, los que sufren.  Y que él tiene un corazón tierno. Se ganó el respeto de la comunidad, amigos. Y era amigo de sus pares: padres Fabiano,  Alberto Marquievich, Francisco Cichanowski, Bruno Ostropolski, entre otros.

El padre José acotó que si no fuera por los consejos de su madre, dedicación y ternura, no llegaba a ser sacerdote. Era una mujer piadosa y comprometida con Dios y la Iglesia. José Czerepak describió al lugar donde vive como de paz, un  pueblo no tocado enteramente por las manos del hombre, un lugar privilegiado, donde antes de llegar a la colonia se atraviesa el monte, donde los árboles se abrazan, donde  el viajero sueña como en noches de plenilunio y revolotean miles de mariposas de un amarillo intenso.

 Allí vive quien hizo historia en tiempos difíciles y enfrentó a las autoridades de turno.  El religioso goza del placer de la naturaleza, se preocupa por la ecología, cuando queman los árboles para los aserraderos y no tiran las cenizas en el monte.  A este padre meritorio, la gente  sincera de su pueblo, lo quiere bien.

Mercedes Villalba
El Territorio, Posadas, 05.10.2006


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