Los redentoristas polacos cumplen 75 años de presencia en Charata

Logo conmemorativo de los 75 años de presencia Redentorista en CharataEl 15 de marzo próximo se cumplirán 75 años de la llegada del misionero redentorista, P. Alfredo Müller, a la localidad chaqueña de Charata, que lleva el nombre de un ave semejante a las gallináceas que abunda en las selvas y sabanas chaqueñas. Pocos meses después llegaron y se unieron al padre Müller siete redentoristas polacos: los padres Tadeo Mitera, Estanislao Misiaszek, Estanislao Ciurey, Eduardo Hryniewicki, Luis Stańdo, Ricardo Vetter y el Hermano Luis Firlejczyk. En la Polonia invadida por las tropas nazis, acontecimiento que desencadenó la segunda guerra mundial, quedó Emilio Szopinski, con un año de vida. Emilio Szopinski, hoy sacerdote redentorista en Charata, es quien cuenta a AICA la gesta heroica de los redentoristas polacos durante 75 años predicando la palabra de Dios y contribuyendo al progreso cultural y material de esta parte de la Argentina profunda.

“No sé cómo expresar mi admiración y ojalá pudiera seguir las huellas de estos misioneros”, expresa emocionado el padre Emilio, al comienzo de su relato.

Las actuales provincias del Chaco y de Formosa eran tan sólo Territorio Nacional, es decir que no tenían el carácter de Provincias y eclesiásticamente pertenecían a la diócesis de Santa Fe. Creada la diócesis de Resistencia, monseñor Nicolás de Carlo fue su primer obispo. Lo que hoy son doce departamentos, y a la vez doce parroquias, en aquel entonces se llamaba la parroquia Charata-General Pinedo, con unos cuarenta mil kilómetros cuadrados, casi la mitad del actual territorio de la provincia del Chaco.

Muy pronto monseñor de Carlo creó la parroquia de Villa Ángela; su sucesor monseñor Agustín Marozzi erigió la parroquia de la Asunción en Resistencia, con la atención del departamento Primero de Mayo (Margarita Belén y Colonia Benítez).

En la década del sesenta, creada la diócesis de Presidencia Roque Sáenz Peña, hoy San Roque, monseñor Ítalo Severino Di Stéfano fue creando las restantes parroquias, desmembrando las de Charata y de Villa Ángela.

La Regla de la Congregación del Santísimo Redentor era cosa sagrada y los redentoristas la observaban celosamente, descuidando la salud física y dando la prioridad a lo espiritual. Hacían tres meditaciones diarias, la lectura espiritual (de media hora de duración cada una) y todo lo demás, llevando el hábito negro.

Las vacaciones eran para ellos los diez días de retiro espiritual. Todo el año, sistemáticamente, se atendía la vasta zona del Campo del Cielo, a lo que se sumó la zona desde Estanislao del Campo hasta Coronel Juárez, en lo que hoy es la diócesis de Formosa.

Sin tener en cuenta el calor o el frío, la lluvia o el sol, se valían del vapor, del tren de carga, del camión de carga. Ellos no iban para hacer tal o cual celebración religiosa, sino que se instalaban en el lugar por al menos diez días y en sulky, a caballo y muchísimos kilómetros a pie, aquellos intrépidos misioneros redentoristas llegaban a todos los parajes, visitando las familias más apartadas. Normalmente, una gira de estas duraba dos meses.

Lo que personalmente me impacta, es que se dedicaban de lleno a la predicación del Evangelio, pero a la vez hicieron mucho por lo cultural, la educación y formación de la persona humana, como también por las necesidades económicas de la población criolla y nativa, incluidas algunas canchitas para el deporte de los niños.

En la introducción al libro de la historia de la parroquia, Luis Tejedor dice: “Hablar de la historia de la presencia de los Misioneros Redentoristas en la provincia del Chaco, es hablar de un trabajo con aristas de heroísmo, donde solo una profunda convicción hizo que fuera posible que se llevara a cabo”.

Es difícil imaginar la vida en el entonces Territorio Nacional del Chaco, con una geografía agreste, una incipiente inmigración europea, y con todo por hacer.

Los misioneros que llegaban a este lugar, sólo esgrimían como carta de presentación una fe inquebrantable que los animaba a seguir en su odisea.

Costumbres, idioma y clima diferentes, eran vicisitudes que desanimarían a cualquiera, pero ellos creían en la importante misión del sembrador de la evangelización y la sostenían con ruegos casi desesperados.

Es verdad, Dios hizo lo suyo, pero el encomiable esfuerzo, no exento de sufrimientos, dio buenos frutos, pues no sólo enseñaron la existencia de un Dios sino que también fueron educadores, consejeros y maestros de la cultura, del trabajo, que mejoraron ostensiblemente la calidad de vida de quienes los recibieron.

Por todo lo antes dicho, los redentoristas ocupan un lugar más que importante en la evangelización de gran parte de la geografía chaqueña, habida cuenta de la obra por ellos realizada en estos 50 años de vida de la diócesis de San Roque de Presidencia Roque Sáenz Peña.

Setenta y cinco años de fecunda labor evangelizadora, en la que Charata ocupa un sitial de privilegio en este difícil rodaje, por ser una de las precursoras de la creación de la diócesis de San Roque.

Padre Emilio Szopinski CSSR
Aica, Buenos Aires
04.02.2013


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