Arte y cultura de Polonia en la Argentina

Museo Nacional de Arte Decorativo
17 de mayo / 30 de junio, 2005.
Buenos Aires

La pintura polaca en las colecciones argentinas

Muchos de los maestros de la pintura polaca pertenecen a la tradición de la escuela romántica. Una tradición que está impregnada de ideas como la misión del artista, la fe en la belleza que eleva el alma y arrebata hacia la acción. Y en estas ideas se inscribe también, la temática de las obras. Reinan en ella los héroes nacionales, siguiendo algunos de ellos modelos de la Antigüedad ; la familia idealizada, enaltecida, y los sentimientos con ella vinculados; y en medio de ésto, también el culto por el paisaje familiar.

Jósef Brandt; óleo sobre tela, fin del siglo XIX

La especificidad del arte polaco se manifestó ya en el romanticismo en la presencia de los temas históricos nacionales. Este rasgo nacional respondía a las necesidades de los emigrantes y se visualizó en sus colecciones; que, lejanas del país, podían recordarles la Patria. Algunos lograron llevarse una parte de sus recuerdos familiares, los retratos de los antepasados, los paisajes de sus lugares de infancia. De esta miscelánea surge una colección heterogénea, valiosa, y que constituye una curiosa lección de arte polaco.

Podemos comenzar estas lecciones con Piotr Michalowski (1800-1855), uno de los primeros románticos, un maestro de la pincelada elemental, apresurada, próxima al bosquejo de la línea. Michalowski pintaba de la naturaleza, transmutando con frecuencia de un modo original, motivos ya conocidos en el arte europeo. Pintaba escenas genéricas; profundizados estudios de retratos, escenas de batallas; sobre todo de las guerras napoleónicas, como la batalla de Somosierra, que plasmó en un dinámico caos de caballos y hombres.

Relacionada con la situación en la que se encontraba Polonia en el siglo XIX, en la necesidad de cultivar la tradición y los valores nacionales referidos a los ininte-rrumpidos movimientos revolucionarios tendientes a recuperar la independencia, la pintura -tal y como el resto de las manifestaciones de la cultura nacional- desempeñaba un rol y un compromiso singulares. Por esta causa se desarrolló en ese entonces una pintura historicista vinculada a la épica, con un máximo representante, Jan Matejko.

Retrato de Adam Czartoryski, óleo sobre tela. Principio del siglo XIX.Pero muchos artistas, como por ejemplo, Józef Chelmonski (1849-1914) o Aleksander Gierymski (1850-1901) pudieron conciliar el deber patriótico con los valores puramente pictóricos. El realismo, incluso el realismo de Chelmonski, se expresó con plenitud en cuadros que pintaban la aldea polaca, los campos, bosques y ríos, la vida de la gente simple en sus ocupaciones cotidianas, pintados direc-tamente del natural, sin especulaciones teóricas previas. Juliusz Kossak (1899-1924), el maestro de los no tan queridos y valorados caballos en Polonia, continuó la tradición de la pintura historicista, al igual que Józef Brandt (1841-1915), que logró la admiración de sus contemporáneos por la perfección de su técnica realista y una habilidad poco común para captar el movimiento.

Se desarrolló el arte del retrato con hombres como Henryk Rodakowski (1823-1894), Maurycy Gotlieb y Teodor Axentowicz, quienes estructuraron la verdad psicológica de sus retratados.

Eugeniusz Zak. Óleo sobre telaEn 1918 Polonia recuperó su independencia y el arte pudo salir del círculo cerrado de los temas de siempre, dirigiéndose a buscar nuevas formas. Los pintores, de muy variadas maneras, aprovecharon esa libertad en el arte. Hubo mucha novedad en tendencias y búsquedas, que con frecuencia desarrollaron con creatividad algunas de las escuelas tradicionales. Así sucedió con la escuela polaca del colorismo, que evolucionó a partir  de la admiración por la belleza, y que expresó las emociones a través del color; un excelente ejemplo de esta escuela es la obra de Józef Czapski . Así sucedió con el grupo varsoviano Rytm (Ritmo), con ecos del neoclasicismo, uno de cuyos máximos representantes, Eugeniusz Zak, evidenciaba en sus trabajos la disonancia entre la armonía del paisaje y la tristeza ante la fugacidad de la vida.

El alma de una rosa. Stanislaw Ignacy WitkiewiczEntre los importantes movimientos de vanguardia, retomados después de la Segunda Guerra Mundial, hubo manifestaciones independientes, originales, como la obra de Ignacy Witkiewicz, llamado Witkacy, un artista, escritor y dramaturgo, creador de la unidad de la forma, conocido también por la actividad inusual de su “empresa del retrato”. La ola emigratoria se interrumpió en los años de posguerra, pero el público argentino tuvo la posibilidad de conocer la creatividad de los artistas contemporáneos polacos, a través, por ejemplo, de las visitas y puestas en escena de Tadeusz Kantor, o el “teatro pobre” de Jerzy Grotowski. En tanto que en la literatura polaca quedó la huella indeleble de la Argentina a través de Witold Gombrowicz, quien no sólo vivió aquí veinticinco años, sino que también aquí creó una buena parte de su obra.

Jósef Czapski, Modo Rasputín



The International Raoul Wallenberg Foundation
Godzina Polska - La Hora de Polonia

El Águila Blanca es parte del proyecto “Las huellas polacas en la República Argentina”


Museo Roca, Ministerio de Cultura, Presidencia de la Nación. © 2003 - 2016
El Águila Blanca Museo Roca - Insitituto de Investigaciones Históricas Condecoración otorgada a Claudia Stefanetti Kojrowicz