Polacos

Imagen de Vladislao CapLos memoriosos del fútbol tal vez recuerden a Vladislao Cap, que integró una famosa línea media de River en la década del sesenta: Sainz, Cap y Varacka, entre la cual no pasaba ni el viento, y que además eran capaces de salir jugando con elegancia. El polaco Cap pasó por otros clubes -Quilmes, Racing, Huracán- y también integró la selección argentina en el Mundial de Chile, en 1962. Fue más tarde un regular entrenador, en una época en que estos no eran personajes públicos.Toda expresión xenófoba recuerda el irracionalismo racista, religioso, chauvinista y de definitivo tinte fascista del peor nacionalismo argentino. En la Octava Olimpiada de Ajedrez, celebrada en Buenos Aires en 1939, participaba un joven ajedrecista, nacido en Varsovia veintinueve años atrás. Miguel Najdorf llegaba precedido de un sólido prestigio, por haber obtenido su título de Maestro a los catorce años y haber dado su nombre a variantes teóricas del juego. Mientras se disputaba el torneo se produjo la invasión alemana a Polonia, en la que muere gran parte de su familia, y desaparecen su esposa y su hija. Tras un tiempo de angustiosa búsqueda Najdorf llega a saber que ambas fueron confinadas en el ghetto de Varsovia, muriendo un año más tarde en Auschwitz. Para ese entonces el jugador había decidido permanecer en Buenos Aires, refugiándose en el ajedrez para huir de la locura. Fue su manera de nacer de nuevo.

Era un ajedrecista genial, dejó para la historia su célebre "inmortal polaca", la partida que libró contra Glucksberg en Varsovia, en 1935, en la que ofreció una impresionante cadena de sacrificios para dar mate ¡con el peón de la torre!, en sólo veintidós jugadas.

Durante años seguí sus comentarios, de estilo despojado y brillante, en los diarios de Buenos Aires, y varias veces lo vi frente al tablero, en el subsuelo de la Richmond, en la calle Florida, el saco colgado en el respaldo de la silla, impecable camisa blanca, entreverado con rivales inescrupulosos. Ya era Gran Maestro Internacional y considerado uno de los ajedrecistas más famosos del mundo, y sin embargo aceptaba impávido los desafíos de esa canalla, no por dinero, que ya no necesitaba, como antes, para averiguar el paradero de sus seres queridos, sino por entregarse a su profunda y desolada pasión.

Destinos unidos
Una misma fecha, un mismo drama y una misma ciudad unieron los destinos de Miguel Najdorf y Witold Gombrowicz. En los mismos días en que el jugador participaba en la olimpíada, el escritor llegaba en el transatlántico Chrobry, en un contingente de figuras destacadas, invitado por la diplomacia polaca en la Argentina. Durante el viaje estalla la Segunda Guerra, y Gombrowicz queda, literalmente, anclado en Buenos Aires, donde permanece hasta 1964, viviendo durante años en la pobreza y aislado del mundillo literario.

Gombrowicz es hoy, junto con Antonio Di Benedetto, el escritor más intensamente redescubierto por la crítica argentina, y aún la internacional, que equipara la importancia de su obra a las de Joyce y Kafka. Su estética recogía lo mejor de las vanguardias sumado a una independencia de ideas absolutamente fascinante. En la Argentina escribió tres de sus cinco novelas, dos de sus obras teatrales, y su extenso "Diario", en el que construye una identidad tan atractiva, enigmática y ficticia como sus propios textos. "Al introduciros en los bastidores de mi ser -escribía- me obligo a esconderme aún más profundamente".

Entre su fantástica producción quiero citar ahora su obra teatral, "Ivonne, princesa de Borgoña", una fresca y hermosa fábula en la que el Príncipe elige casarse con una joven insignificante y muda, despreciando a las beldades de la corte y desatando en estas sus egoísmos y ruindad. Una parodia sutil contra la discriminación y los mandatos convencionales. En Buenos Aires se publicó en 1970 la traducción española, con prólogo e indicaciones escénicas de Jorge Lavelli, que la había dirigido en el Odeón de París en 1965.

En la memoria
Tal vez porque al escribir esta nota puse a sonar el Nocturno número 2 de Federico Chopin, la memoria vuela lejos, hacia mis compañeros de colegio. Entre ellos distingo al polaco Wilejto, adusto, reconcentrado, de pocas palabras pero nunca descortés. Vivía con su padre, más callado y taciturno que él, en los fondos de un oscuro tallercito metalúrgico. Recuerdo también a un rubiecito, Bilinsky, sonriente y hábil gambeteador, de origen húngaro o tal vez austriaco. En ocasiones venía a buscarlo una mujer alta, elegante, de belleza distante. Años más tarde, cuando leí Demian, pude encarnar la misteriosa Eva de la novela de Hesse en esa mujer, la mamá de Bilinsky. Y estaba Bezmalinovich, hijo de yugoeslavos, cuyo apellido fuimos recortando en curiosas metátesis, para llamarlo al principio "Bezma", luego "Benya" y por último lisa y llanamente "Penca".

Esos chicos, argentinos de segunda generación, eran iguales a todos los demás. Juntos formábamos la cálida argamasa de guardapolvo y tiza, de horas de ocio y sueños infantiles. Como sus padres, y probablemente sus hijos, granos de arena de una Argentina que se construye entre todos, no importa qué carnet tengamos, qué pensemos o qué lugar de la tribuna ocupemos. Una Argentina que, salga como salga, la vamos haciendo todos, obviedad que sin embargo los intolerantes no pueden aceptar. A ellos hay que recordarles que la xenofobia ha servido siempre para la defensa de los valores e intereses más conservadores y antipopulares, y que, hoy en día, toda expresión xenófoba recuerda el irracionalismo racista, religioso, chauvinista y de definitivo tinte fascista del peor nacionalismo argentino.

A Wilejto, Bilinsky y Bezmalinovich nunca los vi envueltos en una burla o una provocación a causa de sus apellidos o su origen, nunca fueron apartados ni excluidos. Es más, vistos hoy a la distancia, me parece que gozaban de un respeto adicional, porque en ellos se adivinaba el trasfondo sombrío y doloroso de una Europa en guerra. Pero esto es tal vez una suposición. De lo que sí estoy seguro, es que jamás los hubiéramos llamado polacos patas sucias.

Por Alejandro Fontenla
Escritor. Profesor en Letras (UNLP)
El Día, La Plata
20.04.2012


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