Jazz, clásica y Polonia on my mind

El pianista Adam Makowicz traza un puente entre las músicas de Chopin, Ellington y Gershwin

En la vida del pianista Adam Makowicz hay muchos viajes y mucha música que pasa por sus manos. De origen polaco, nació en los convulsionados años de la Segunda Guerra Mundial, en Gnojník, ciudad que hoy pertenece a la República Checa. Durante su juventud comenzó a ganar reconocimiento como intérprete en Europa hasta que en la segunda mitad de la década del setenta cruzó el Atlántico y se instaló en América; primero en Estados Unidos y luego en Canadá, donde reside actualmente. Su música también hizo varios viajes; probablemente el más importante haya sido el que fue desde la música clásica (lenguaje de su primera formación como pianista) hacia el jazz. Por eso no debe sorprender que en sus discos y en sus conciertos figuren obras de Chopin, Bach, Porter, Gershwin y Ellington. "En general voy ajustando mi repertorio luego de escuchar cómo responden el piano y la acústica del teatro", dice antes de subir al avión que lo traerá a Buenos Aires, por primera vez. Por lo que adelanta por mail, a través de algunos de esos autores transcurrirá el concierto que hoy dará en el Teatro 25 de Mayo.

Makowicz nunca estuvo en la Argentina pero conoce a músicos de nuestro país. Marta Argerich, Daniel Barenboim, Piazzolla, Gardel, Mercedes Sosa, Ginastera. "Con todos ellos empecé a aprender más sobre la música argentina y, obviamente, también conozco a Jorge Navarro, a quien invité a tocar conmigo porque es un pianista maravilloso y estoy muy contento de que toquemos juntos".

En usted conviven el pianista clásico con el de jazz. ¿Cómo hace para hacer conciliar ambos mundos? ¿Qué le aporta esta convivencia?
Es bastante fácil para mí absorber melodías o algunos tonos de la música clásica. En general extraigo de la composición clásica una parte de melodía para usar estos elementos como base para la improvisación. No sé cuál es la contribución específica, pero mi objetivo principal es comunicarme con el público, porque en mis conciertos algunos oyentes de música clásica vienen a oír lo que suena cuando estoy improvisando a Bach, Liszt, Chopin u otros compositores clásicos.

¿Qué valor tiene para un compositor original como usted volver a los standards de jazz?
Como compositor diría que cuando toco una canción escrita por otro compositor debo respetar su idea, su melodía, su ritmo. Le puedo tal vez cambiar algunas cosas, la armonía, el ritmo, depende de los arreglos que le quiera dar a alguna canción en particular. Pero existen diferencias básicas cuando toco mis propias obras y las de Gershwin, por ejemplo.

¿Cómo califica el momento actual del jazz? ¿Qué características distintivas le encuentra?
Los músicos de hoy, muchos de ellos jóvenes, tocan música de los 50 o los 60; han redescubierto a Charlie Parker, a Dizzy Gillespie. Pero diría que hoy se toca un poco de todo. Es difícil clasificar estilos, quizá la próxima generación pueda categorizar y poner nombres.

¿Encuentra diferencias entre el jazz europeo y el norteamericano?
Sí. El americano tiene distintos sonidos y está influenciado más por el estilo afro, el de Cuba, el de América latina. El europeo tiene una influencia de su propia música folk. Por ejemplo, en la zona montañosa de Polonia se improvisa de una manera diferente de como lo hacen en el Norte o en el Báltico.

¿Cómo era ser un músico de jazz durante el régimen comunista en su país natal? ¿Tuvo problemas? ¿Era considerado un género demasiado norteamericano?
Yo empecé a tocar en Polonia en 1959. En esa época el jazz era considerado malo, estaba asociado al estilo de vida norteamericano, lo cual era incompatible para un país comunista. Polonia pasaba por la llamada "Cortina de Hierro". No teníamos mucha comunicación con los músicos de los demás países de Europa. Entonces se suponía que debíamos aprender escuchando la radio. Se necesitaba mucho dinero para comprar unas máquinas -que creo que estaban hechas en Rusia- que eran especies de radios grandes, muy primitivas. Había muchas limitaciones para aprender jazz, ése era el principal problema. Yo no tenía problemas con el gobierno porque no estaba en política pero antes de los 50 podías ir preso si se tocaba en público e incluso en las casas -si alguien lo denunciaba a la policía secreta-. Después del 65 empecé a viajar a Inglaterra y países del Oeste donde no había problemas. En 1978 llegué a Estados Unidos, donde nacía lo que se denominaba Solidaridad. Diez años después Polonia ganaba la libertad y en ese momento yo sí estaba involucrado. Ahí sí ya no pude volver por muchos años (alrededor de 11). Sin embargo, después de los 90 fue fantástico, era un país más abierto al que, felizmente, pude volver, ya con la situación de la Unión Europea.

Si tuviera que explicarle a un joven por qué debería escuchar jazz, ¿qué le diría? ¿Y qué le aconsejaría escuchar primero?
Si lo tuviese que aconsejar le diría que si realmente se entusiasma con lo que escucha que continúe escuchándolo porque siempre se puede aprender algo de eso. Que improvise, aprenda y luego desarrolle su propio estilo y su propio idioma. Así podrá madurar.

La Nación, Buenos Aires
09.07.2011


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