De Varsovia al Tigre

Voy a fundar un festival de ópera polaco-argentino en una isla del Tigre, ¿sueña? el régisseur polaco Michal Znaniecki, quien tendrá a su cargo la puesta de Eugene Onegin con la que el Argentino de La Plata inaugurará su temporada lírica 2011. “Apenas deje mi puesto en la ópera Nacional de Varsovia me instalaré en Buenos Aires. En Argentina encontré valores que Europa ha perdido”.

Michal Znaniecki

Znaniecki sorprende ya desde su cálido saludo telefónico, con un castellano de perfecta dicción al que él critica por “italianizado” y uno elogia por “perfecto porteño”. Es cierto, el español que aprendió en sus intensas colaboraciones con las óperas de Bilbao y Valencia recuerda su paso por Italia, donde se formó como director teatral, y a la que vuelve siempre a impactar con sus producciones y a dictar cursos. Pero Znaniecki sorprende aún más cuando cuenta la cantidad de veces que visitó el país, sus recorridos por Salta, Iguazú, Mendoza, el Perito Moreno y Tierra del Fuego, en viajes que él define como “intentos por encontrar el sentido de la vida”.

Usted recorre los teatros del mundo. ¿Piensa en puestas diferentes para cada público? Me interesa mucho ser comprendido por el público de cada lugar. Por eso, para el caso de Onegin , una coproducción que hacemos con Bilbao y Polonia, que ya estrenamos en Cracovia e Irlanda, he elegido una puesta metafórica, con vestuarios de época, pero muy abstracta que me parece que sigue el espíritu de Chaicovski, que no la concibió como una ópera clásica.

¿Cuál es la metáfora? La del hielo como corazón del protagonista. El frío personaje del principio que, según pasan los actos, va volviéndose más sensible mientras el hielo a su alrededor se derrite, se convierte en agua. Los objetos del primer acto son de hielo y conforme transcurre el drama se van derritiendo, como su corazón, por el tiempo y la experiencia. Es una metáfora universal. Es muy impresionante el ballet sobre el agua. Yo concibo esa polonesa como una danza agresiva. Representa el viaje de Onegin, cargado de emociones y por eso necesito que sea moderna y no ligera como en la danza clásica.

Perdón, ¿está hablando de hielo y agua reales? Sí, sí. Para mí el teatro es algo vivo. He hecho cosas con hielo artificial pero no me gustaba, necesitaba la interacción de los actores con el material real. No busco naturalismo, sino esa interacción viva.

¿Cómo convenció al elenco para estar vestidos dentro del agua? A los cantantes les encanta trabajar conmigo. Dos semanas de trabajo y se convencen de la necesidad de hacer algo.

¿Encontró finalmente ese sentido de la vida? Sí, entre esos paisajes y la calidez de la gente de aquí. He hecho buenos amigos. El año pasado compré una casa en San Telmo y voy a comprar la isla en el Tigre para hacer el festival. Está decidido: quiero morir aquí.

Clarín, Buenos Aires
17.03.2011


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