El 24 de marzo del 76 también hubo fútbol para todos

El mismo día en que los militares asaltaron el poder a sangre y fuego, la Selección que se preparaba para el Mundial 78 jugó un amistoso con Polonia, en Chorzow. La tele dejó de emitir comunicados para pasar el encuentro. En ese lapso, todo parecía normal.

Imagen de Videla adentro de una pelotaAfuera nevaba, hacía un frío de varios grados bajo cero. En cambio, en el restaurante del hotel no se podía estar mejor. Era 24 de marzo de 1976, y mientras en la Argentina el general Videla y compañía ya habían derrocado a Isabel Martínez de Perón, en la ciudad polaca de Chorzow los jugadores de la Selección terminaban de cenar, felices porque le acababan de ganar 2-1 a Polonia. No tenían idea sobre lo que estaba pasando en el país y celebraban que por primera vez un combinado nacional conseguía dos victorias consecutivas en Europa. Cuatro días antes habían vencido 1-0 a Rusia, con una gran actuación de Hugo Gatti. “Habíamos logrado algo histórico. Para nosotros era un día de fiesta y estábamos todos contentos –recuerda Leopoldo Luque–, pero de repente se paró José María Muñoz, el periodista que acompañaba a la delegación, y dijo: ‘Bueno muchachos, estamos felices, pero nosotros estamos comunicados con nuestro país, donde ha sucedido algo. Ha habido un golpe militar y han derrocado a nuestra presidente’. Después de eso se hizo un silencio. Y nos pusimos mal, porque creíamos que había sido algo con violencia. Pero enseguida nos calmaron diciéndonos que no había sido así, y que estaba todo tranquilo”.

Para nada calmo, Mario Kempes se levantó de su silla y se fue llorando a su habitación. “Detrás de él nos fuimos varios y nos encerramos. Estábamos angustiados. Nos sentíamos mal por estar tan lejos de nuestro país y que estuviera pasando eso. Saltaron varias cosas en esa habitación. ‘La puta madre, qué tenemos que hacer acá’, gritábamos cosas así de los nervios. Y otros estaban recontracallados pero con una cara de tristeza terrible. El que estaba más amargado era Marito”, relata Luque.

“Otro que se preocupó mucho fue Gallego: quería saber si su familia estaba bien. Pero Muñoz le dijo que en Morteros, de donde era el Tolo, no pasaba nada, que había sido en Buenos Aires, pero que estaba todo tranquilo, todo controlado. Como mi familia es de Zárate y dijeron que no había quilombo, yo me quedé tranquilo también”, explica Ricardo Bochini, que ese día había sido suplente.

En cambio, las lágrimas de quien dos años después sería el goleador del Mundial iban más allá de la preocupación por su familia. “Mis padres y mis amigos estaban en Bell Ville, pero yo no me sentía mal por ellos, sino con relación al país”, dice hoy un Kempes que cuatro días antes había anotado el gol de la victoria ante Rusia, en Kiev, y que en aquella madrugada polaca estaba desconsolado: quería volver a la Argentina. Algo que no sería posible, porque los militares ya habían dado la orden de que la gira debía seguir. Incluso ese mismo 24 de marzo la cadena nacional, que durante todo el día repetía los comunicados de la Junta Militar, sólo se interrumpió dos horas, para que se transmitiera en directo el partido entre la Argentina y Polonia. Es que el fútbol, ya mucho antes del Mundial 78, era un atajo para que la dictadura intentara hacer creer que “todo estaba tranquilo”, como les repetía Muñoz a los jugadores en la fría noche de Chorzow. Y como al día siguiente publicó Clarín en esa tapa inolvidable, cuya volanta era “Total normalidad” y cuyo título principal que informaba que “Las fuerzas armadas ejercen el gobierno”. Hasta hubo un lugar al pie para una noticia de importancia nacional: “La Argentina derrotó a Polonia”.

La gira europea
El partido del 24 de marzo del 76 contra Polonia seguía a otro en Kiev (1-0 sobre la Unión Soviética). Terminaron en Budapest (0-2 con Hungría).

Maxi Goldschmidt
Crítica, Buenos Aires
24.03.2010


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