Pasar el invierno en la Casa Polaca

Viene el frío y con él la necesidad de comer platos sustanciosos. Entonces nada mejor que darse una vuelta por la Casa Polaca para recuperar calorías. Esta institución reúne a descendientes de polacos residentes en la Argentina y además de las actividades sociales y culturales ofrece un comedor donde se pueden probar especialidades del país.

Allí fui con un grupo de amigos a despacharnos con los clásicos platos polacos. Hace un año atrás el comedor estaba en un sótano de la casa. Tenía una atmósfera de decadencia tipo Europa del Este, sencillote, con cortinas de raso, todo bien años ‘50. En lo personal, me gustaba mucho más que el correcto salón que acaban de inaugurar en la planta baja. Pero repito que es una cuestión de gustos. No obstante cuando entramos, para no renegar de ese aire nostálgico, el piano nos recibió con “Un hombre y una mujer” de Francis Lai.

Los fuegos están a cargo de Antos’ Yaskowiak, chef simpático y locuaz, hombre versado en este tipo de cocina fruto de las tradiciones locales y de las cocinas eslava y alemana pero con influencias húngaras, francesas y turcas.

De entrada pedimos una tabla de fiambres polacos (polmisek wedlin) y unos deliciosos arenques marinados en crema y cebolla (¡altamente recomendables!). Luego ordenamos Bigos, el clásico guiso a base de chucrut, cortes de cerdo y salchicha; Pierogi a la Reina, una especie de masa con forma de empanadas rellenas de carne vacuna y cebolla, doradas en manteca y panceta a la crema y un filet de salmón (la receta original era con carpa) acompañado de una salsa al caramelo con almendras (ryba w sosie polskim, o algo así).

De postre probamos el Napoleonky, un pantagruélico panqueque relleno de crema pastelera. Claro, esto con -15ºC se digiere como una tostada. Por suerte, el clima de Buenos Aires sin pecar de extremo ayudó a que esa noche haya podido dormir sin pesadillas.

Después de tres botellas de Finca El Portillo Merlot, Antos’ invitó unas rondas de un licor de la casa a base de frutos del bosque. Nos acompañó en la sobremesa contando jugosas anécdotas acontecidas en la casa, como la del hombre que escupió la dentadura debajo del mostrador después de haberse quemado con un panqueque caliente, o la del polaco que rodó por las escaleras después de haberle dado al harchesky (vodka con cola). Al rato el piano cesó, al igual que las rondas de licor. Era la hora de partir así que nos fuimos con el propósito de volver antes de que termine el invierno.

http://blogs.clarin.com/alamesa/2009/6/22/pasar-invierno-la-casa-polaca

Luis Lahitte
Clarín, Buenos Aires
22.06.2009


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