Arte y cultura de Polonia en la Argentina

Museo Nacional de Arte Decorativo
17 de mayo / 30 de junio, 2005.
Buenos Aires

Casco de húsar, “kapalin husarski”, hierro colado. Siglo XVII.

Organizadores:

Proyecto
Sres. Embajadores de la República de Polonia, Slawomir Ratajski y Zofia Jablonowska-Ratajska

Guión museológico
Lic. Zofia Jablonowska-Ratajska y Ana Okecki de Saráchaga (investigación y selección)
Tec.Sup. Silvia Saint Selve (documentación y coordinación)
Sra. Liliana Zengel (escenografía y folklore)

Prólogos:

Carta del Embajador

“Llevados por un incomprensible y muy a menudo triste destino llegasteis a este extenso país, para levantar vuestras carpas en medio de esta noble nación cristiana, penetrar en ella y juntos afrontar el desafío de hacer la historia de este pueblo, y una vida más digna del hombre, para junto con él asumir la responsabilidad ante Dios y ante los hombres por la forma que irá tomando esa vida.

Dios ha permitido a vuestros padres y a vosotros edificar la casa y crear un hogar en otro lugar de nuestro planeta, porque suya es toda la tierra:"Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe de la tierra y cuantos la habitan" (Sal.24/23/1) y Él disemina a sus hijos por toda la tierra, para que puedan ser realizados los espléndidos planes concebidos en el Amor: para que la tierra se pueble de habitantes, para que el hombre, continuador de la obra creadora de Dios, pueda someterla a sí mismo y a Dios. También aquí en Argentina vosotros transmitís el amor y la sabiduría, aquello que sois, lo más hermoso y lo más valioso que poseéis.”

Estas significativas palabras fueron pronunciadas por el Papa Juan Pablo II,  durante su encuentro con la comunidad Polaca en la Argentina el día 10 de abril de 1987.

¿La cultura y el arte: no son acaso, las dos cosas más dignas que un pueblo puede transmitir a otro?
Aquellos que en busca de pan y  libertad abandonaron la casa paterna y aquí encontraron una segunda patria, trajeron  consigo sus tradiciones, sus costumbres y su cultura. Su cultura original, cuya característica especial es que conviven en ella, desde hace siglos, e inspirándose la una en la otra, el arte de la caballería o hidalguía, y la del arte popular. Por un lado, las residencias de los nobles que tomaban el papel de centros culturales, y al mismo tiempo, utilizaban ejemplos del arte popular. Un ejemplo significativo de esta convivencia simultánea es la música de Fryderyk Chopin, pero también la podemos ver en la pintura,  en las artesanías y en los trajes.

Queremos mostrar a la comunidad argentina algunos ejemplos de esta cultura,  para que conozca y entienda quizás mejor a aquellos que, plenamente, ya forman parte de su nueva patria.

Pero esta muestra no sería posible sin el apoyo, entusiasmo, amistad y paciencia del Director del Museo, Arquitecto Alberto Bellucci, como así también de todos sus excelentes colaboradores. Gracias a ellos, y gracias a nuestra querida comunidad polaca.

¡Ojalá que los lazos fortalecidos por la cultura permanezcan para siempre!

Dr. Slawomir Ratajski
S. E. Embajador de la República de Polonia


Presentación del Director del Museo

Polonia en Argentina

Resulta difícil -en realidad imposible- referirse al arte y la cultura de Polonia sin tomar en cuenta su condición de nación milenaria de fronteras cambiantes, intermitentemente acosada por sus vecinos del este y del oeste, muchas veces sojuzgada en lo físico y en lo político pero nunca en el espíritu libre y altivo de sus habitantes.

Este destino de historia dura y límites ambiguos produjo, de hecho, un arte de expresiones ricas y diversas, quizás heterogéneo en sus formas pero inconfundible en su adaptación nacional. Charnela inevitable entre el oriente eslavo y el occidente latino, el arte polaco supo integrar el brillante decorativismo asiático, llegado a través de Turquía y de Rusia, con los sucesivos estilos góticos, renacentistas, barrocos y románticos venidos del oeste europeo. Por ejemplo, en el caso de la pintura vale la pena recordar la influencia alemana de fines del siglo XV y comienzos del XVI con Hans Durero, hermano de Alberto, trabajando en Cracovia, la subsiguiente penetración italiana seguida luego por la holandesa y flamenca con Rubens como retratista de Segismundo III y Ladislao IV, y Rembrandt en sus serie de “retratos polacos”, hasta la adopción de los modelos franceses del siglo XIX y de las vanguardias del XX. 

Esto no debe verse como un demérito o un capitis diminutio sino como un rasgo identificatorio que engloba una gran variedad tipológica junto con un alto nivel de factura artística. Desde esta óptica podemos considerar al arte polaco más bien mestizo que paradigmático, inclusivista antes que exclusivista, enrraizado en la región y en la memoria antes que en el universo abstracto de la razón; en todo caso, y sin ninguna duda, un arte creado con amor. 

Pero hay ciertos terrenos estéticos, géneros decorativos y personalidades individuales que son originales y propios de Polonia, que se destacan como creaciones intransferibles del arte y la cultura de esa nación. Así la vestimenta brillante y multicolor, tanto aldeana como oficial, las anchas fajas ornamentales de la nobleza, los floridos tocados con cintas de las mujeres, los festivos pesebres cracovianos, el ánimo heroico de las mazurkas y polonesas (danzas populares que luego, en las partituras del exiliado Chopin, resultaron según dichos de Debussy “cañonazos bajo ramos de flores”), las pinturas históricas de Jan Mateyko, las poesías románticas de Mickiewicz, los filmes de Andrzej Wajda y la notable calidad e imaginación del diseño gráfico y el afiche político, son algunos de los muchos productos culturales que junto con magníficos ejemplos de vida como los del inquieto Copérnico, la silenciosa Marie Curie o el resonante Juan Pablo II, han enriquecido no sólo la vida polaca sino el patrimonio del mundo.

Nuestro país está muy lejos de la geografía, el clima y las formas artísticas de Polonia, pero muy cerca en el afecto por su gente noble, austera y heroica. También compartimos un similar carácter de arte mestizo, fruto de las distintas culturas e historias que nos han ido conformando a lo largo del tiempo y que se han ido integrando en sucesivas capas de rico contenido. Es bueno conocer la existencia de esos aportes y apreciar sus valores intrínsecos y su trascendencia específica.

Existen en nuestro país distintos testimonios del arte y la historia de Polonia que hemos decidido exhibir en nuestro Museo, como lo hemos hecho con otras naciones en oportunidades anteriores. Las sucesivas oleadas inmigratorias de polacos que se dieron entre 1880 y 1950, trajeron consigo objetos artísticos y utilitarios que los vinculaban con sus raíces y su historia personal: pinturas, miniaturas e imágenes religiosas, documentos históricos y familiares, trajes, condecoraciones y uniformes, mobiliario portátil, vajilla, jarrones, joyas, tejidos, etc. Un universo de recuerdos familiares y colectivos que los museos actuales llaman ”memorabilia” y que cada vez más, en este mundo globalizado, nos revelan las calidades del quehacer artístico y decorativo en sus diversas formas y géneros, al par que fortalecen la idea de raíz y la posibilidad de memoria activa que nos enriquece a todos.

Esta exposición de arte y cultura de Polonia en la Argentina tiende a mostrar esas calidades y esa riqueza, a través de la exhibición de más de un centenar de objetos en los salones de nuestro Museo. Es el resultado de una tarea esforzada, llevada a cabo con el auspicio de la Embajada de Polonia en Argentina, la iniciativa y el apoyo del embajador, Slavomir Ratajski -él mismo un pintor de amplia y reconocida trayectoria- y de su esposa Zofia, licenciada en Historia del Arte que, junto a la pintora Liliana Zengel y Ana Okecki de Saráchaga, tomaron a su cargo la investigación y preparación general de esta muestra. Agradezco al Area de Museología del MNAD la organización y disposición museográfica que dan merecido realce a la presente exposición.

Arq. Alberto G. Bellucci
Director del Museo Nacional de Arte Decorativo


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