En 1900 Carolina Padanowski, más conocida como
"El ángel de los caminos", fue el alma máter
de las colonias, como don Julián Szychowski

Una polaca de temple y enfermera valerosa
Las historias, cuando tienen valor, no pierden vigencia. Sigue latente el accionar y el alma de estos pioneros visionarios. De profesión enfermera, caritativa por excelencia, trajo al mundo un sinnúmero de hijos de colonos misioneros. Posadas. Su nieto Juan Alfredo “Pancho” conserva nítidamente el historial de la familia Padanowski-Szychowski, aquellos abuelos agricultores, laboriosos incansables, que sin pensarlo, dejaron su ejemplo y legado valioso a sus descendientes. Son huellas de un pasado rudimentario, pero Carolina y Julián se amañaron con tenacidad para alcanzar un porvenir mejor. Era en la época en que Polonia, sometida a la dinastía austríaca, aplicaba el sistema feudal. Familia Szychowski
También la de la ocupación rusa y alemana, situación que hacía insufrible la convivencia para los oriundos de Borszczów, provincia de Galitzia, Polonia. Más aún para el molinero don Julián Szychowski, casado con Carolina Padanowski. Pero él tenía un propósito, embarcarse hacia Canadá o bien Estados Unidos con sus hijos, entre ellos Juan de once años, Teófilo de catorce y Elena de nueve. Era el año 1900. Ya en alta mar, por desperfectos en las maquinarias del vapor, cambiaron de rumbo hasta llegar al puerto brasileño. Optaron por radicarse en dicho país, entusiasmados por la vegetación, el agua, los frutos, lejos de la fría nieve y la dominación extranjera. Pero surgió un inconveniente, el puerto se había cerrado por una epidemia en la capital carioca. El segundo destino fue el puerto de Buenos Aires. Así que se radicaron en la Argentina. En el mismo contingente venían Uladislao Kruchowski, su esposa Clementina Cichanowski e hijos. Una de las hijas era Bronislada "Broña", futura esposa de Juan, padres de Pancho.

La personalidad de Carolina
Merece un párrafo destacado "el ángel de los caminos". Allá en su nevado pueblo europeo, Borszczów, Carolina, de carácter fuerte y decidida, se adelantó a los tiempos. Casada con Gregorio, que era alcohólico y violento, se "atrevió" a abandonarlo, cansada de sobrellevar los sufrimientos. Era un tiempo en que las mujeres católicas eran mal miradas por familiares y la sociedad si abandonaban a sus maridos. Al salir con su valija de la casa  se sentó en una plaza del pueblo para pensar. ¡Cómo le diría a su madre!
El padre de Carolina era metalúrgico y cultivaba en la huerta, verduras, pepino y cebolla. ¿Entonces qué hizo Carolina Padanowski? De inmediato, en casa de sus padres, crió gallinas y conejos, que vendía en el mercado o feria. Además de las verduras de su casa.
A todo esto, su ex marido murió en una lucha en defensa de la frontera contra los cosacos y mongoles, quienes saqueaban la población. Entonces "el ángel de los caminos", como la conocían en Misiones, al morir Gregorio, su marido, fue como voluntaria para atender a los heridos. Colaboraba en el hospital lavando ropas de camas o vendas. A la vez, estudió y se recibió de enfermera y partera.
Ya en Misiones, Carolina, “El ángel de la ruta”, recorría día y noche los caminos intransitables en sulky y en un caballo blanco para asistir a las parturientas. Miles de criaturas nacieron con ella. Era requerida por las pobladores de  Apóstoles, Colonia Azara, Concepción de la Sierra, Santo Tomé. Fue una mujer  valiente, no tenía miedo  en  viajar por las noches por esos caminos, donde una vez fue abordada por unos bandidos, quienes al reconocerla, hasta llegaron a cambiarle el caballo cansado por otro.
Su nieto Pancho comentó, que unos de los tantos niños que trajo al mundo fueron Mario y Plácido Capitán Noziglia, después médicos de la familia Szychowski.

La unión de Carolina y Julián
En Borszczów, su pueblo polaco, Julián Szychowski fue molinero de un conde. Molían maíz y centeno, accionando hidráulicamente. El encuentro con su futura esposa Catalina Padanowski fue casual y ella ni se percató de las miradas de Julián. Fue un día en que estaba en el molino para comprar maíz para sus gallinas. Mientras se extasiaba mirando los patos que nadaban en un lago, Julián la observaba.
El flechazo de Julián fue inmediato. Entonces para captar su atención, no tuvo mejor idea que desde lo alto, tirar un puñado de maíz en el lago. Ella se molestó, no le gustó para nada ese geste del galán, porque la sacó de su concentración. Allí floreció el interés de Julián, quien en vez de asistir a la capilla de su barrio, iba a la Catedral, a donde su futura esposa concurría con sus padres.
Una vez Carolina y una amiga llamada Sofía fueron al bosque en busca de truchas (hongos bajo tierra), pero antes fueron a pedir prestado a una familia amiga de Sofía, un cerdo que con el olfato encontraba las truchas. La ama de casa resultó ser la madre de Julián, quien ya tenía referencias de Carolina y le habló de su hijo. Entonces ambos jóvenes  terminaron conociéndose.
Ya estaban enamorados cuando él habló con los padres de ella. Hicieron consultas entre sus progenitores, para saber si éste era hombre de bien. Se casaron por iglesia, previa consulta de Carolina si podía casarse, por ser viuda. En ese entonces había mucho respeto entre los católicos de su patria.
Cuando se casaron, vivieron cerca del molino donde trabajaba Julián. Catalina trabajaba como partera y enfermera. Una noche, exaltada porque había soñado con la liberación que era América, ella vio  la solución, como veían al nuevo mundo los que querían emigrar, y convenció a su marido para largarse a “la América”.
Cuando desembarcaron en el  puerto de Posadas se dirigieron al interior de Misiones en carretas. El trayecto les llevó una semana, por las crecidas de los arroyos, el barro rojizo y resbaladizo y las piedras moras que abundaban por los caminos desnivelados. Las caravanas de inmigrantes, con sus carretas, iban serpenteando y desviando caminos por los senderos montaraces.
Los inmigrantes polacos y ucranianos se dirigían a la colonia de Apóstoles, con la oportunidad de elegir las hectáreas necesarias. Pagaban poco a poco, con la venta de sus productos agrícolas. En un principio se les entregaba una bolsa de maíz, unos bueyes y una vaca lechera, para el sustento diario o de producción . Don Julián, comentó  Pancho, como buen romántico, soñaba con su molino, quimera alentado por Carolina, que le decía: "Aquí tendrás tu molino". Él supo elegir el lugar, como buen visionario. Era un descampado, al borde de un arroyo, con mucha piedra, rodeado de monte virgen, precisamente el lote 280, ensanche sur de la colonia Apóstoles, sobre el arroyo Chimiray  (nombre de un cacique guaraní) que divide las provincias de Misiones y Corrientes.
Junto a su activa esposa e hijos, labraron la tierra y se dedicaron al cultivo de maíz  en el lugar denominado La Cachuera, degradación del portugués, "pequeña cáscara". Con el tiempo, Julián comenzó a cultivar arroz, y para ello construyó él solo, con su esfuerzo personal, un molino arrocero semejante al que tenía en Polonia.
Entonces oficiaba de administrador para los inmigrantes un noble polaco, José Francisco Bialostocki, quien había servido al emperador Pedro Segundo, en Brasil, enseñando francés a sus hijos.
Julián siempre recordó a un brasileño que vivía a orillas del arroyo y que le enseñó a realizar los "benditos" (con forma de manos unidas) de paja colorada y tacuara. Primero los esposos  construyeron una parte de su casa cuyo cimiento era de un metro de adobe, techo de tacuara, madera y paja. Más tarde edificaron el comedor, la cocina y el horno.

Destrozo del molino
Cruzando el arroyo Chimiray, los colonos comercializaban sus productos hasta Santo Tomé. Julián, acompañado de su hijo Juan, con otros agricultores, en caravanas de carretas, llegaban a Posadas para vender frutas y hortalizas.
En 1914,  el mismo año que falleció Carolina, una gran lluvia arrasó con el molino de arroz de don Julián. Todo el esfuerzo fue inútil. Abatido, viajó  con su hijo a Buenos Aires. Julián Szychowski, sabía trabajar en herrería y su objetivo era juntar dinero para volver a Polonia con su familia. Pero con el estallido de la Primera Guerra Mundial el regreso a Polonia quedó trunco.
En otra ocasión ampliaremos sobre la vida de Carolina Padadowski de Szychowski.

Mercedes “Mecha”Villalba

TerritorioDigital, Posadas (Misiones)
29.05.2005


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